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Alienación parental
Los hijos, utilizados como arma de venganza contra la ex pareja

Si tu padre quisiera, estaría aquí con nosotros No le importamos, por eso se fue

Ángeles Cruz Martínez
 
Periódico La Jornada
Lunes 28 de julio de 2014, p. 2

Te he extrañado mucho.

–Yo también, papá. Cuando tenía cinco años le dije a mi mamá que te quería ver.

Ahora la niña tiene siete años y este es el diálogo que Omar tiene grabado en la mente, el recuerdo del encuentro que apenas en enero pasado tuvo con su hija después de cuatro años de no verla.

La mamá de la pequeña impide que conviva con su papá, su ex esposo. Para ello ha utilizado todos los recursos a su alcance, desde excusas o pretextos cualquiera, el incumplimiento de los convenios de convivencia firmados ante un juez de lo familiar, e incluso la acusación de abuso sexual cometido, supuestamente, por Omar en contra de la niña.

Así, de un pleito en el juzgado de lo familiar pasaron a uno penal en el que, sin embargo, Omar fue absuelto. No hubo evidencia alguna del supuesto abuso y de todas maneras no puede ver y estar con la pequeña.

Como Omar, hay miles de hombres a los que se impide la convivencia con sus hijos. Él mismo refiere el caso de otro papá que permaneció en la cárcel un año hasta que demostró su inocencia. No violó a su hija, como afirmó la mamá. Ahora está libre, pero no sabe de la niña. Se la llevaron a vivir a otra ciudad.

Algunos papás y mamás que se han empeñado en mantener el vínculo con sus hijos y están en medio de complejos procesos judiciales también han optado por alzar la voz, mediante asociaciones desde las que pugnan por cambios legales y el reconocimiento de sus derechos como progenitores.

Así lo han hecho Omar, fundador de Invictus, y Alejandro Heredia, presidente de la Asociación Mexicana de Padres de Familia Separados (AMPFS). Ambos con una problemática similar en la que, afirman, los más afectados son los niños y las niñas.

En México no existen estadísticas oficiales sobre la cantidad de hombres y mujeres que padecen de alienación parental, término que desde hace poco más de una década es recurrente en los juicios de lo familiar para dirimir un divorcio y, en específico, lo relativo a la convivencia de padres e hijos.

La alienación parental ocurre cuando uno de los padres, generalmente la madre –aunque también hay casos de varones–, pone a sus hijos en contra de su padre, a veces sin darse cuenta y en otras de manera intencionada. El resultado es que los niños rechacen a su papá y digan que no quieren estar con él.

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Foto Archivo La Jornada

Las señoras buscan convencer a sus hijos de que su padre es malo, los lastima, no lo deben ver porque él no los quiere ni se interesa por ellos. Los argumentos son incontables y muchos casi de uso común, como Si tu padre quisiera, estaría aquí con nosotros, No le importamos, por eso se fue o Mira, no nos da dinero, creerá que comes aire.

Los activistas aseguran que este es un problema real, aunque también dan la razón a quienes rechazan el concepto, porque se llega a utilizar la alienación parental para impedir investigaciones sobre casos reales de violencia y abusos sexuales contra menores de edad.

Así, este se convierte en un tema espinoso, el cual es rechazado por los grupos de mujeres que durante años han luchado por la defensa de sus derechos, en particular contra la violencia de género. Y es que en ocasiones los hombres las acusan de alienadoras para evitar o evadir su propia responsabilidad en la violencia que han ejercido en el hogar.

Entre abogados, el tema también es motivo de polémica. Unos lo esgrimen como un síndrome, una enfermedad mental, a pesar de que el concepto no forma parte del Catálogo Internacional de Enfermedades ni cuenta con el reconocimiento por parte de organizaciones internacionales de siquiatría y tampoco está reconocido en la ley.

Sin embargo, se recurre a la alienación parental con frecuencia y hay el riesgo de que con esa evidencia los jueces establezcan convivencias de padres e hijos, acotadas a unas cuantas horas, a veces supervisadas y en centros especiales para ello.

Pero tampoco se cumplen. Cuando a las señoras no les da la gana, simplemente no respetan la decisión de los jueces. Así ha pasado con Omar, quien luego de cuatro años sigue peleando en los juzgados de lo familiar. Él y su ex esposa han firmado en este tiempo dos convenios, que ella no respetó, y ahora él pide que se le otorgue la custodia de la menor.

Omar reconoce la dificultad de lograr su objetivo, porque siempre se da preferencia a las mamás. De todas maneras lo intenta, y mientras preserva el recuerdo de la última audiencia a la que acudió la niña. Cuando lo vio y reconoció en el juzgado, se sorprendió, tenía los ojos muy abiertos y su manita alzada para saludarlo a través del cristal.

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