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Bajo la Lupa

México del siglo XXI: ¿fracturado en tres o cinco repúblicas?

Alfredo Jalife-Rahme
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El Parque Fundidora y el Cerro de la Silla, dos símbolos de MonterreyFoto Alfredo Valadez
L

lama la atención que los esquemas de balcanización de México de cinco a tres repúblicas provengan exclusivamente de think tanks civiles y militares de Estados Unidos.

La balcanización de Stratfor, mediante los cárteles, es la más decadentemente vulgar y sustenta cinco “ narco-repúblicas”: 1) los Zetas; 2) la Federación de Sinaloa; 3) el cártel del Golfo; 4_ el cártel de Jalisco Nueva Generación; y 5) los Caballeros templarios .

Por demás interesantes son los traslapes, que delatan asociaciones cronológicas y de ideas entre el centro israelí-estadunidense Stratfor y Charles Truxillo, profesor de estudios chicanos de la Universidad de Nuevo México, quienes vaticinan la balcanización, con asombrosa exactitud, para 2080 (sic).

Luis Casagrande –autor del libro Enfoque de México: vida moderna en una tierra antigua y anterior director ejecutivo del Museo del Niño de Boston– sustenta que las dinámicas regionales han colocado al vecino sureño de Estados Unidos en un camino de colisión consigo mismo.

Casagrande rememora que mediante la guerra en 1846/1847 el triunfo de Estados Unidos llevó a la adquisición de casi la mitad del territorio mexicano, al que hoy fractura en cinco países debido a las diversas y crecientes geografías cultural, política y económica.

A su juicio, el México actual no representa una cultura monolítica, sino una federación (¡supersic!) de cinco países distintos, cada uno con sus propios límites y principales ciudades, cada uno con sus objetivos y prioridades.

Si supiera Casagrande que el “México neoliberal itamita” se encuentra más centralizado que nunca debido al desmedido megapoder hacendario que controla a las entidades federativas mediante el persuasivo presupuesto.

Sus cinco países:

1) Metromex, la metrópoli de la ciudad de México (con el estado de México, noroeste de Querétaro, noreste de Pachuca, este de Puebla y el sur de Cuernavaca), ”el país más poderoso de la federación, que concentra la mitad de la industria”;

2) Mexamérica: el país progresista (sic) norteño, que se traslapa con la transfrontera de Estados Unidos (en el este de Los Ángeles, pasando por el valle de San Joaquín, el sur y este de Santa Fe, atravesando las ciudades de Austin y Houston en Texas), cuya frontera sur correría de la costa del Pacífico, atravesaría el sur de Mazatlán, y el este de las ciudades de San Luis Potosí y Tampico, y englobaría las ciudades industriales de El Paso, Ciudad Juárez, San Antonio, Chihuahua y Monterrey; “históricamente esta región ha estado fuera del control de Metromex, el idioma que predomina es una combinación de inglés y español, comen más hamburguesas y hotdogs, donde predomina el partido conservador PAN, con su economía relativamente estable y grandes maquiladoras e industrias”;

3) México sur: el país predominantemente indio (¡supersic!), resistente al cambio, correría desde el este del Pacífico, norte de Acapulco hacia el Golfo de México, pasando por el sur de Cuernavaca y Puebla, incorporando porciones de Guatemala y Belice; esta región habla diferentes lenguas como náhuatl, zapoteco, mixteco y maya y es la más pobre, con algunas ciudades medianas como Oaxaca, Tuxtla Gutiérrez, Villahermosa y Mérida; su economía es la agricultura en pequeña escala y de autoconsumo, políticamente sigue siendo controlada por el viejo sistema del PRI;

4) La Nueva España (sic): corazón colonial de la federación, densamente poblado, engloba la región del Bajío; tiene una agricultura productiva para autoconsumo y exportación, con una cultura arraigada, pero carece de capitales para desarrollar su industria; y

5) Club Mex: una constelación de resorts en las dos costas (Acapulco, Mazatlán, Manzanillo, Puerto Vallarta, Zihuatanejo, Puerto Escondido, Cozumel, Ixtapa y Cancún): con sus dólares turísticos, es un mercado vital (¡supersic!) para los productos del resto de la federación.

Su quinta entidad suena más bien a una procaz frivolidad.

Llama también la atención la insistencia del esquema de Mexamérica por los tres balcanizadores: Joel Garreau, Charles Truxillo y Casagrande.

En sus nueve países de Norteamérica, Joel Garreau deja indefinido el restante de México después de haber sido balcanizado en el norte por Mexámerica que se parece mucho tanto a la República del Norte/Hogar Hispano de Charles Truxillo como a la cartografía étnico-cultural de Casagrande. Ninguno de los tres aborda si la balcanización sería al sedoso estilo checoslovaco o mediante el violento estilo cartelero de Stratfor.

Los diversos proyectos de balcanización de México han evolucionado desde hace 33 años con Joel Garreau, y hoy se epitomizan en tres países con absorciones transfronterizas tanto al norte –con la incorporación de grandes partes del sur de Estados Unidos– como al sur, con la incrustación de Guatemala y Belice a la República Maya, que no existía en los previos diseños de fractura.

Nadie aborda la balcanización electoral de facto de México, que comporta varios defectos estructurales distributivos y hacendarios que han dañado su economía, expuesto su seudodemocracia en pañales y vulnerado el pacto federal.

Más allá de los consabidos cuan dispares tres PIB (producto interno bruto) del norte, centro y sur (este último, el más bajo y el que concentra la mayor riqueza petrolera del país, además de su mayor biosfera y su superestratégico istmo de Tehuantepec), la estructura electoral es aberrante, al no existir una segunda vuelta en la elección presidencial, lo cual azuza la balcanización avant la lettre.

Independientemente de las filias y fobias electoreras, el PAN y el PRI en las dos recientes elecciones no hubieran obtenido la Presidencia de haber existido una segunda vuelta, que aminoraría las contradicciones geográficas y económicas tripartitas.

Hoy la tercera parte del país sojuzga a las restantes dos terceras partes en forma nada democrática.

A la coalición PRI y PAN –con los llamados chuchos (que sirven en forma conspicua los intereses del gobierno en turno)– no le conviene la segunda vuelta, lo cual erosiona la federación y la cohesión geográfica, al reflejar un aberrante poder omnímodo de sólo un tercio nacional.

Conclusión: es mi hipótesis que el segmento racista fundamentalista teológico WASP (blanco-anglosajón-protestante), al que perteneció el mexicanófobo Samuel Huntington, con el fin de preservar el poder democrático-demográfico en Estados Unidos –o lo que quede después de su implosión–, busca balcanizar y vulcanizar a la migración, ante todo mexicana, que sería fracturada en la diáspora estadunidense como consecuencia de la balcanización de México en tres o cinco repúblicas.

Se balcanizaría así a México para fracturar a los descendientes de la migración, que quedarían sin cordones umbilicales, con una referencia geográfica notablemente reducida y desperdigada a merced de la nueva mayoría anglosajona, que se impondría mediante la reducción demográfica ajena bajo el apotegma paleo-imperialista de divide y vencerás, más que por su incremento biológico propio.

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