Política
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Nosotros ya no somos los mismos

El caso de Mamá Rosa

Ortiz Tejeda
Foto
Albergue La Gran Familia, ubicado en Zamora, MichoacánFoto Ignacio Juárez
E

ra de esperarse: mediáticamente, el asunto de Mamá Rosa se desinfló. Ojalá no suceda igual con los propósitos de reglamentar y tomar en serio las políticas públicas que el Estado tiene la ineludible obligación de diseñar, implementar y llevar puntualmente a cabo para atender el gravísimo problema que aqueja a millares de debutantes y noveles soldaditos mexicanos, de esos que “el cielo –a la patria– en cada hijo le dio”.

Yo había iniciado un simple ejercicio de imaginación sobre cómo suele darse el surgimiento de una expresión colectiva de rechazo o apoyo a cualquiera de los múltiples tópicos de la vida cotidiana, léase: ¿cómo se gesta un desplegado público?, pero siento que estoy a destiempo, por eso sólo unos renglones al respecto.

En la deliciosa recámara de un modernísimo y minimalista loft de la colonia Anzures (hijos de Polanco, ya verán donde, en un año, se acrecentará la plusvalía), el teléfono reclama ser contestado (el sonido no es el vulgar timbre que ustedes tienen en sus casas, sino un suave murmullo, un ronroneo). Una mano, cuyos dedos conservan aún las huellas de los anillos que horas antes los circundaban, emerge de las sábanas de finísimo algodón egipcio (o de Torreón), es decir, tienen en su trama y urdimbre no menos de 600 hilos, y oprime algunos botones del comando instalado en la cabecera de la cama, diseñada no para acostarse, sino para flotar. Es el nicho de un asiduo abajofirmante. Al no reconocer el número del que es llamado, con fingida voz, el dueño de la mano, apenas susurra: ¡Hola! No se necesita más. El imprudente emisor de inmediato dice: Perdona la hora, pero no quería que te me fueras a salir. Luego eres imposible. ¿Ya sabes del nuevo michoacanazo? –¿Qué Felipe se lanza para gobernador? –No, todavía no. Pero sábete que el día de ayer un fuerte operativo policiaco militar…. –¡Aprehendió a la Tuta! –interrumpió el recién despertado. –Por supuesto que no, contestó el imprudente despertador, ya empezando a desesperarse (aún le faltaban 20 llamadas por hacer). Te hablo de facts, no de sciece fiction. Aseguraron a Mamá Rosa, una anciana de 80 años que, durante 60, ha llevado a cabo las obligaciones de 10 gobernadores, 20 alcaldes de Zamora y cientos de funcionarios municipales, estatales y federales de diferentes dependencias: Educación, Salud, DIF y Sedesol. Por su albergue, La Gran Familia, han pasado más de 7 mil pupilos de los que estas autoridades se desentendieron. –Bueno, está bien, pero, ¿a quién responsabilizas concretamente, ante quién protestas? –No, en particular a nadie, decimos: las autoridades, y ahí caben todas o ninguna. No es lo mismo condenar enérgicamente a los asesinos de Hamas o al muy verde presidente Maduro que al mal encarado del ex gobernador de Hidalgo, quien tiene fama de que no se deja manosear ni por manos libres ni tampoco medio atadas. Además, tampoco exigimos nada, tan sólo hacemos un llamado a las autoridades para que respeten la obra y la persona de doña Rosa Verduzco. Ahora que si el llamado no se escucha, nosotros ya cumplimos con nuestra conciencia y responsabilidad. Además, un ratito de reflectores reconforta tanto como una mañana en la Cápsula Vichy del Club 51, en la Torre Mayor. Al terminar la conversa, el renovado abajofirmante no se quiso quedar con un entripado que tenía desde hacía tiempo, por eso aclaró cuando su partner le dijo: “Te debo una. –Me debes dos. Acuérdate que te pedí la firma para un manifiesto que querían sacar mis alumnos en defensa de Snowden y tú jamás te reportaste. –La verdad tienes razón, pero en esos días estaba renovando mi visa porque me iban a realizar una colonoscopía en la Clínica Mayo de Scottsdale, Arizona, y no me quise arriesgar. Te dejo mi firma abierta para cualquier manifiesto, con la única salvedad, tú lo entiendes, de que no rasguñes a los míos. Tan tan. La cosecha de firmas nunca se acaba.

El manifiesto fue flor de un día y quedó sepultado por las evidencias, los testimonios, la realidad. Nadie estuvo de acuerdo con la rudeza innecesaria, que dirían a coro los hermanitos Jim y John Harbaugh (A ver fans, ¿quiénes son?) Hay información suficiente para explicarla, pero yo no soy asesor del procurador. Lo cierto es que había delitos y flagrancia a pasto y, sobre todo, una incuria, una lenidad de sexenios, que los exaltadores de Mamá Rosa jamás afocaron con sus personalísimos y poco precisos telescopios, tampoco con sus prismáticos, gemelos o catalejos, durante los muchos años que fueron amigos cercanísimos y mecenas (lo dudo) de la autora de esta obra magnificente y pía. Se quedan en mi archivo un sinnúmero de datos duros que confirman la actividad delictuosa en la que la señora Verduzco incurrió durante muchísimos años, en los que no sólo gozaba de cabal salud, sino del apoyo y reconocimiento de autoridades y particulares. Por eso no estoy de acuerdo con la decisión de no ejercicio de la acción penal sustentada en un elemental y rudimentario peritaje realizado en la clínica del hermano de la señora Martha Sahagún, colega de Mamá Rosa (ya ve usted cómo quiere a sus hijitos). La entrevista, realizada por el periodista León krauze, echa por tierra en cada respuesta el diagnóstico de que las facultades cognitivas intelectuales de Rosa Verduzco están disminuidas o que se observa que presenta un grave deterioro físico, orgánico y cerebral. En su entrevista involucra a todas las dependencias federales y locales que la auxiliaron durante años, argumenta –desde su lógica, su impreparación y su anacrónica mentalidad– y defiende todos sus actos. Difícilmente, pero con astucia reconoce, hace mención de lugares y artículos de la actualidad (Sanborns o los restaurantes muy famosos y las bolsas Cartier. Es más lúcida y articulada que todas las concursantes de Miss México y Mexican top model juntas, para acabar pronto. Por eso insisto: debió haber sido consignada ante un juez. Porque los delitos que se le imputan los cometió a lo largo de muchos años y no el mes pasado. Además, muchos son de los que no prescriben y por encima de todo está la flagrancia, que pudo ser registrada no sólo por aparatos fotográficos y audiovisuales, sino por infinidad de personas, funcionarios y representantes de los medios de comunicación. Después de un debido proceso y una justa sentencia, entonces sí: brindarle los beneficios que la ley le otorga, no únicamente por su edad y condiciones de salud, sino en reconocimiento a todas las nobles acciones que de manera poco ortodoxa, por decir lo menos, realizó en un país en el que las leyes se guardan, celosamente, pero en las inexpugnables gavetas de los escritorios públicos. Si yo hubiera sido el juzgador (función que en la realidad me aterra), la hubiera condenado (otra horrible palabra) por muchas incuestionables razones. De inmediato habría proveído lo necesario para que fuera internada en un nosocomio especializado y luego, tan pronto como su salud lo permitiera, le habría asignado su propia casa como territorio para purgar la sentencia merecida. (Señora Beatriz González Jamenson, estoy contestando su justo reclamo de definición personal).

Si en automático, por presiones de los con voz (más megáfono, bocina o altoparlante incluidos), indiscriminadamente extendemos los beneficios de ley a todos los adultos mayores que delinquen, estamos auspiciando el surgimiento de un inusitado tipo de violencia: el senilibulling: agüelito, eso que estás haciendo es un delito. –No te importe mi hijo, si me descubren me ponen la casa por cárcel, así me libro de que tu abuela me saque a fuerzas a visitar a su familia que siempre he detestado…. El abogado (siempre hay un abogado presente, cargado de amparos en blanco) agrega: además, don Gastón, ¿usted para qué quiere salir al mundo si puede traer lo que del mundo se le antoje a su domicilio fiscal, sito en Tulúm, Xcaret, Los Cabos, con extensión de 10 mansiones de Puri playa?

Aunque quisiera referirme a la cartita bastante repetitiva, confusa y altamente irascible de una distinguida académica, el espacio no me da. Démonos el reposo de una semana para ver si vale la pena el comentario en la próxima columneta.

Por ahora, imposible terminar sin hacer un público reconocimiento a don Vicente Fox por su inmediato y comprometido apoyo a Mamá Rosa. Claro que de su parte era obligación ineludible: ¿Qué no es él quien preside la Asociación Nacional de Inimputables de México AC? Esta columneta así lo consideró desde hace más de un año y no hubo nadie que se opusiera.

Twitter: @ortiztejeda

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