Opinión
Ver día anteriorViernes 15 de agosto de 2014Ver día siguienteEdiciones anteriores
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México SA

Salario miserable

Por decreto, no

Tres tristes tigres

Carlos Fernández-Vega
T

ras la propuesta de implementar acciones concretas e inmediatas para recuperar el poder adquisitivo del ingreso e incrementar sustancialmente el salario mínimo, y con ello acatar el ordenamiento constitucional en la materia, comenzaron a escucharse angustiadas voces que exigen evitar caer en errores del pasado que causaron dolorosas lecciones al país, a los empleadores y a los trabajadores.

A lo largo de cuando menos las últimas tres décadas, gobierno federal, patrones y líderes obreros se han pasado por el arco del triunfo el mandato constitucional; por decreto pulverizan el poder adquisitivo, precarizan los empleos (para ser más competitivos como país), promueven la informalidad y utilizan el salario mínimo como muro de contención inflacionaria, sin importarles la miseria de los trabajadores, pero ahora aseguran que por decreto no se atienden los problemas.

Ahora que el jefe de Gobierno del Distrito Federal puso el dedo en la llaga, los citados tres tristes tigres surgen como paladines de la justicia social y la inteligencia, y reclaman que el asunto del salario mínimo se atienda de forma responsable (es decir, no le muevan, porque nos apestan la fiesta en sus tres pistas: la contención inflacionaria, la utilidades a costillas de la mano de obra cada vez más barata, y la de impunidad y las jugosas mordidas para los líderes).

Entiéndase la poética preocupación de la tercia descrita: los sectores productivos reiteraron su voluntad de unir esfuerzos con el gobierno de la República, el cual continuará implementando políticas públicas a efecto de construir un camino que promueva de manera responsable, sólida y continua la formalidad, la productividad y la competitividad en beneficio de las empresas, sus trabajadores y las familias mexicanas. O como explica el doctor catarrito, Agustín Carstens: el aumento arbitrario al salario genera inflación; abatirlo de forma arbitraria y promover la miseria de los trabajadores, no.

¿Quiénes firman tan exquisito pronunciamiento? Los mismos que a lo largo de tres décadas han pulverizado, por decreto, el bienestar social en el país y, con especial sadismo, el salario mínimo: gobierno federal, patrones y líderes obreros, o lo que es lo mismo, los resurgidos factores de la producción, quienes se aventaron la puntada de “reafirmar nuestro compromiso (…) para mejorar los niveles de ingreso salarial”. Eso sí, por decreto no, aunque por la misma vía han destrozado el poder adquisitivo y el nivel de bienestar de la mayoría.

Entonces, todo de forma responsable, pero, como bien ha documentado el Centro de Análisis Multidisciplinario (CAM) de la UNAM, el deterioro ha sido constante y la carestía también se refleja en el tiempo de trabajo que se requiere para adquirir una canasta alimenticia recomendable (CAR): el 16 de diciembre de 1987 un trabajador tenía que destinar sólo el equivalente a cuatro horas con 57 minutos por día de su salario para poder comprarla completa; 27 años después el mismo trabajador (al 12 de abril del 2014) requirió 22 horas (medido en ingreso) para adquirirla, lo que representa un incremento de 400 por ciento en el periodo.

Además, el déficit de empleo formal en México “asciende a 34 millones de plazas. Tan sólo en el sexenio pasado, el del autodenominado presidente del empleo, 3 millones 411 mil personas engrosaron las filas de la informalidad y otros 2 millones 137 mil fueron a la desocupación abierta. En el actual sexenio ninguna mejora en este rubro se advierte en los primeros meses. El señuelo de la generación de empleos con que políticos y empresarios justificaron la reforma a la Ley Federal del Trabajo resultó una quimera. Lo que sí se confirmó, ahora por ley, fue la reducción de las responsabilidades patronales y del Estado para con los trabajadores. De 2007 a 2013 la población económicamente activa ocupada se incrementó 10 por ciento, mientras la desocupada registró un crecimiento de 48.65 por ciento, de tal suerte que el aumento de la segunda es casi cinco veces superior con respecto a la primera.

El CAM subraya que a lo largo de los seis gobiernos neoliberales el nivel de vida de los trabajadores mexicanos registra una caída libre, y ello se observa en dos niveles: el primero, que tiene que ver con el poder adquisitivo, analizando el comportamiento del salario mínimo nominal diario. Observamos que en 1987 el salario mínimo diario era de 6.47 pesos, 27 años después, en 2014, es de 67.29 pesos (zona geográfica A). En ese periodo el salario registró un crecimiento nominal de 940.03 por ciento (60.82 pesos).

El segundo, explica, es el nivel de consumo de los trabajadores: aunque hoy un trabajador reciba más dinero en efectivo, cada vez podrá comprar menos. Esto se explica por la política impuesta por el gobierno mexicano, al contener y regular el salario con los famosos topes no mayores a 4 por ciento anual (promedio). El aparente incremento de año con año no corresponde con el aumento observado en los precios de los alimentos que una familia mexicana requiere para un desarrollo saludable, pues el crecimiento en los precios de la CAR resulta superior al aumento anual al salario mínimo.

En este contexto, el precio por día de la CAR era de 3.95 pesos en 1987; al 12 de abril de 2014 esa misma canasta registró un precio promedio de 184.96 pesos. Así, mientras el salario mínimo se incrementó 940 por ciento en el periodo, el precio de la Canasta Alimenticia Recomendable lo hizo en 4 mil 582 por ciento. Al cierre de 2013, detalla el CAM, los trabajadores que no lograron comprar los alimentos que integran la CAR por ser insuficiente su ingreso sumaron 10 millones 350 mil, cuyas percepciones no rebasaron los dos salarios mínimos diarios. Aquellos con un ingreso equivalente a tres salarios mínimos pueden comprar la CAR íntegramente, pero sólo les sobrarían 16.91 pesos para atender todo lo demás (salud, vivienda, educación, etcétera).

El CAM puntualiza que si se mantiene la política de contención salarial de los últimos 32 años (y todo indica que así será), con un incremento anual de 4 por ciento, se necesitarían 47 años para que un trabajador de salario mínimo pudiera comprar una CAR completa, suponiendo que los precios de los alimentos nunca aumentaran en el mismo periodo.

Las rebanadas del pastel

Qué tal: esa es la forma responsable en la que seis gobiernos neoliberales han hecho las cosas, y si los resultados no son tan buenos es porque los problemas no se resuelven por decreto.

Twitter: @cafevega