Opinión
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Raúl Álvarez Garín y los jóvenes de Ayotzinapa
R.Aída Hernández 1
E

l 26 de septiembre pasado se nos fue Raúl Álvarez Garín, símbolo de la resistencia estudiantil del movimiento del 68 y cronista del terror estatal de aquella época. Ese mismo día 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa fueron levantados por presuntos sicarios con la complicidad de policías municipales. El vínculo entre estos dos eventos no es sólo la fecha y el hecho de que los estudiantes fueran agredidos cuando intentaban hacerse de vehículos para asistir a la marcha del 2 de octubre, sino que nos habla de la continuidad de una política de terror por parte del Estado y de la vulnerabilidad de nuestros jóvenes ante la violencia gubernamental.

Si bien no soy la única en establecer un vínculo entre estos dos acontecimientos (ver el artículo de Pedro Miguel en La Jornada el 30 de septiembre y el de Elena Poniatowska el 2 de octubre), quisiera señalar no sólo los elementos de continuidad que encontramos en estas estrategias de terror, sino también las nuevas características que tiene el Estado represivo actual. La existencia de un narcoestado, como ha sido caracterizado el Estado mexicano actual por autores como Howard Campbell ( Narco Estado: Drug Violence in Mexico 2012) nos habla de nuevos retos para los luchadores sociales, para los defensores de derechos humanos y para todos nosotros como sociedad civil.

No se trata sólo de que el crimen organizado haya construido un Estado paralelo que controle regiones enteras del país como señalan algunos analistas, sino que las redes del narcotráfico se encuentran dentro del Estado mismo. El hecho de que las madres de los jóvenes desaparecidos señalen al presidente municipal de Iguala con licencia, José Luis Abarca Velázquez, como el autor intelectual del secuestro y de los seis asesinatos cometidos ese mismo día, y que existan pruebas de la complicidad de la policía de ese municipio que detuvo y luego entregó a los jóvenes a los sicarios, nos habla de la manera en que el crimen organizado se ha constituido ya en parte integral del Estado. ¿Cómo vamos a confiar la seguridad de nuestros hijos al mismo Estado que los secuestra y asesina?¿Cómo vamos a creer en investigaciones hechas por los mismos perpetradores de la violencia?

Raúl Álvarez Garín dedicó su vida a luchar por la justicia para los jóvenes del 68 y se esforzó por mantener viva la memoria; si el 2 de octubre no se olvida es en parte gracias a sus esfuerzos y los de su generación. Pero esta lucha por la memoria no era sólo para tener justicia para ellos mismos, sino porque la impunidad crea condiciones para que la violencia se siga reproduciendo y Ayotzinapa es una prueba de ello. Luis Echeverría nunca pagó por sus crímenes como debía, y eso posibilitó la proliferación de los José Luis Abarca, ahora con la complicidad de sicarios como el Chucky, que añaden al terror nuevos elementos. El primer reto para alcanzar justicia es develar las redes de poder que han posibilitado al crimen organizado actuar desde el Estado mismo. Hacer que en cada región del país los secretos a voces sobre los “señores del narco” se vuelvan una denuncia colectiva y le pongamos nombres y apellidos a cada uno de ellos.

Veo el dolor en los rostros de las madres de los jóvenes de Ayotzinapa y no puedo evitar llorar con ellas, pienso en los jovenes, y en lo vulnerable que está mientras permitamos que el narcoestado siga secuestrando las vidas y sueños de generaciones enteras. Uno de esos jovenes, sobrino de Raúl escribía en una carta familiar: El vacío que deja Raúl Álvarez Garín debería inspirarnos a ser nosotros, como nuevos jóvenes de México, los que lo llenemos. En fin, fue no sólo un tío simpático y querido, pero también todo un símbolo de lo que es la lucha y de una visión realista pero esperanzada hacia el mundo en el que vivimos. Por la esperanza que Raúl supo sembrar en ése y muchos otros jóvenes de nuestro país, es que tenemos que hacer algo para detener la violencia del narcoestado que se obstina en robarles el futuro a nuestra juventud. Retomemos la consiga de las Madres de la Plaza de Mayo y exijamos que si vivos se los llevaron, vivos los queremos.

1 Profesora-Investigadora de CIESAS