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México SA

Hambre y minisalario

En 2015, 2 pesos más

Evo, como La cigarra

Carlos Fernández-Vega
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Compradores en tienda departamental. El CAM advierte que “el hecho de que en las principales cadenas de supermercados los alimentos sean más caros en comparación con los mercados públicos o tianguis se traduce en una enorme transferencia de dinero de los bolsillos de las familias hacia las cadenas de tiendas de autoservicio como Walmart, que sintomáticamente presenta su eslogan de ‘precios bajos, siempre’ como la cara publicitaria más alejada de su realidad, como muestran las comparaciones de precios de alimentos básicos”Foto María Meléndrez Parada
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argas y más largas dan el gobierno federal y los patrones que lo acompañan (o al revés) al inaplazable aumento sustancial del salario mínimo, de tal suerte que para 2015, y por esa ruta en el mejor de los casos los trabajadores con ese nivel de ingreso verían incrementada su percepción en poco más de dos pesos por día.

La respuesta del gobierno federal al debate iniciado por el jefe de Gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera, ha sido por demás evasiva, y en lugar de algo concreto se dio a la tarea de crear una comisión consultiva para la recuperación gradual y sostenida de los salarios mínimos generales y profesionales, que decidirá cómo proceder en tal sentido, y entregaría su propuesta por allá de abril del próximo año, de tal suerte que los trabajadores ninguna mejoría sustancial deberán esperar cuando menos a corto plazo.

En 2015, pues, más de lo mismo mientras el poder adquisitivo del salario se mantiene en el suelo y los trabajadores en el hambre. En este contexto, el Centro de Análisis Multidisciplinario (CAM) de la UNAM divulgó la segunda entrega (la primera fue en agosto pasado) de su estudio El salario mínimo en México: de la pobreza a la miseria, en el que advierte que la vulnerabilidad en la población trabajadora está asociada a la implementación de políticas económicas que durante sexenios se han cimentado en la diferenciación económica y social, beneficiando sólo al gran capital, y que ha traído como consecuencia un aumento progresivo en el nivel de pobreza de la población en general.

Por lo anterior, se ha buscado generar estadísticas laborales que permitan a los trabajadores entender su problemática, buscando mejorar su condición económica y laboral. Es en ese sentido que anunciamos que durante un mes, del 17 de octubre al 17 de noviembre, levantaremos el Cuestionario sobre el Salario en México, que tendrá como objetivo analizar las condiciones salariales generales en nuestro país, para lo cual solicitaremos el apoyo de los trabajadores y trabajadoras, difundiendo y contestando dicho cuestionario, en el entendido de que sólo ellos y ellas son quienes pueden realmente describir si los salarios que reciben les alcanza o no para vivir y para satisfacer las necesidades que marca la Constitución.

El CAM detalla que uno de los resultados más notables de los perfiles de pobreza presentado en este trabajo es el marcado incremento en la pérdida del poder adquisitivo del salario y la contracción en el consumo de alimentos en la población. En una serie histórica de 27 años sobre el consumo en alimentos, se observa un descenso dramático en el poder de compra de los trabajadores: hemos perdido 65 por ciento de la capacidad de compra sólo en alimentos. La pobreza de los mexicanos se encuentra anclada a niveles de ingreso paupérrimos, es decir, hoy con un salario mínimo ya sólo se puede comprar el 35 por ciento de la Canasta Alimenticia Recomendable (CAR), cuando en 1987 con un salario mínimo se podían comprar casi dos de esas canastas.

El problema del poder adquisitivo del salario no es solamente su determinación por el gobierno federal, sino la manera en que grandes monopolios comerciales afectan el comportamiento en los precios de los productos básicos que se adquieren con ese salario. Si sólo se contempla el aspecto de la determinación del monto de ese salario mínimo, se deja de lado, por una parte, a quienes reciben ingresos que no están estipulados en función de la cantidad de salarios mínimos, que es la mayoría de la población ocupada, y por otro lado el hecho de que, como ocurre año con año, los empresarios suban arbitrariamente sus precios, con lo que terminan absorbiendo y superando cualquier aumento nominal del salario.

En la medición de precios realizada por el CAM el pasado 18 de agosto, la CAR tuvo un precio promedio de 192.52 pesos diarios. Y los precios medidos de acuerdo con el lugar de compra fueron de 190.28 pesos en los mercados públicos, 179.85 en los tianguis –siendo el lugar más barato– y 209.30 pesos en los supermercados. Los supermercados fueron, además, los lugares donde se presentó de abril a agosto el mayor aumento de precios, ya que en cuatro meses la variación fue de 7.2 por ciento, mientras en los tianguis fue de 4.3 y en los mercados públicos 2.1.

En este sentido, advierte el CAM, “el hecho de que en las principales cadenas de supermercados los alimentos sean más caros en comparación con los mercados públicos o tianguis, se traduce en una enorme transferencia de dinero de los bolsillos de las familias hacia las cadenas de tiendas de autoservicio como Walmart, que sintomáticamente presenta su eslogan de ‘precios bajos, siempre’ como la cara publicitaria más alejada de su realidad, como muestran las anteriores comparaciones de precios de alimentos básicos”.

Por las diferencias de precios señaladas, si un trabajador adquiere la CAR en un supermercado y no en un tianguis paga 883.69 pesos mensuales más. Para alguien con un salario mínimo esa diferencia de más constituye 44 por ciento de su ingreso. Si se considera que 66 por ciento de la población ocupada en México tiene ingresos de tres salarios mínimos hacia abajo, este sobreprecio los afecta en al menos 15 por ciento de sus percepciones. Más allá de los miserables aumentos al mini ingreso, el comportamiento de tendencia monopólica de Walmart, Soriana, Comercial Mexicana y Chedraui tiene una influencia más general e inmediata sobre el poder adquisitivo de la población, influencia que por lo demás no se debate en un marco legal de regulación, y sin embargo se pone en práctica sin consultar cómo afecta al nivel de vida de las familias.

Aparentemente, puntualiza el CAM, el salario aumenta cada año, pero tal incremento es rebasado tan sólo con el crecimiento de los precios de la CAR. El precio del trabajo se rezagó en comparación con el de los alimentos de la canasta, por lo que las familias mexicanas han disminuido su nivel de consumo. Por ello, ahora pueden comprar seis veces menos. Esta disminución es resultado del miniincremento anual al salario, que se traduce en la permanente pérdida del poder adquisitivo del salario. Por ejemplo en el caso de la leche, de enero de 1982 a agosto de 2014, el trabajador ha dejado de consumir 14.20 litros; casi 45 kilogramos de tortilla; más de cuatro litros de aceite; 243 piezas de pan blanco; más de 6 kilogramos de huevo y cerca de 9 kilogramos de frijol.

Las rebanadas del pastel

Todo apunta para un tercer mandato de Evo Morales, con enorme apoyo popular. Y como en La cigarra, el mandatario boliviano puede cantar gracias doy a la desgracia y a la mano con puñal, porque me mató tan mal, y seguí cantando.

Twitter: @cafevega