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Las doncellas de arcilla
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Esculturas de Prune Nourry (París, 1985), que se exhiben en el Museo Diego Rivera-Anahuacalli (calle Museo, 150, San Pablo Tepetlapa, CoyoacánFoto Ángel Vargas
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ebido en buena parte al ánimo que nos acompaña, respecto de los sucesos de Iguala, por asociación anímica recibí un enorme impacto al ver en la gran explanada extendida frente a esa especie de templo híbrido, un ejército de jóvenes guerreras. El Anahuacalli, construcción por lo menos inopinada, es más que como un taller o un museo, un memorial excéntrico diseñado por Diego Rivera.

Hoy las 108 mujercitas de cerámica que lo resguardan provocan un efecto fúnebre, dado que evocan directamente a los famosos guerreros de terracota en el complejo funerario del emperador Quien Shi Huang.

Recuerdo que en su momento el hallazgo provocó conmoción en el mundo y la imagen de los guerreros chinos ha quedado en la mente de muchos. La inspiración de la joven escultora francesa Prune Nourry (París, 1985) es no una copia, pero sí una glosa directa de ese ejército de guerreros enterrados en fosas. Sus análogas femeninas, todas de pie, vestidas con lo que se supone son o fueron sus uniformes escolares no resultan tan disímbolas ni en tipo ni en aditamentos ornamentales, al vestuario de los guerreros. La diferencia principal está en que los originales asumen diferenrtes posturas, aunque la erecta y rígida es la más reiterada. La que les es más característica en la contraparte femenina es igualmente de pie, con las manos visibles sea a los lados que cruzadas detrás de la espalda.

Igual que los guerreros, se yerguen en unos plintos cuadrangulares de unos cuatro centímetros de altura. Se ve auténticamente un ejército esculpido dispuesto en columnas cuyos interespacios corresponderían a los de una persona. Eso hace posible transitar entre ellas para observar de cerca sus características. Las ocho primeras corresponden a las modeladas por la escultora y a partir de éstas se produjo una lógica matemática de 108 combinatorias. Decir que cada una es completamente distinta de la otra es falso, son semejantes, pero hay pequeños, casi imperceptibles rasgos que las personalizan; 100 fueron ensambladas y cocidas a partir de los moldes obtenidos de las ocho originales generaron. Éstas tampoco son completamente distintas entre sí, pero ofrecen mayores particularidades aunque no se trata propiamente hablando de retratos de las ocho niñas que sirvieron de modelos a través de fotografías, se trata mas bien semblanzas correspondientes a las carácterísticas juveniles de la población rural donde las jovencitas se encontraban bajo el cuidado de una NGO que auspiciaba su educación.

Tuve la oportunidad de charlar un rato con la autora, quien se encuentra con su curadora y amiga, la también francesa Tatyana Frank, ambas sencillas y directas. La formación inicial de Prune es de escultora, está adherida actualmente al Invisible Dog Art Center de Brooklyn, un organismo cuyo fundador en 2009 fue Lucien Zayan, quien acogió ese edificio (de finales del siglo XIX) convertido entonces en un hangar que contenía todo tipo de productos en apariencia junk, una especie de mercado de pulgas. Efectuado el restauro se ha convertido en un centro que auspicia proyectos artísticos emparentados con el happening y la instalación. Éste fue antes presentado en Shanghai, Zurich, París y en el chinatown de Nueva York bajo el resguardo o auspicio de la Galería Magda Danytz. No me consta, pero creo que en ninguno de sus sitios de exhibición luce como en el Anahuacalli. En esos terrenos (son 7 mil metros cuadrados) Prune, quien es a la vez cultivadora de la antropología y la bioética, está construyendo un temascal como aportación a su permanencia en San Pablo Tepetlapa.

Es una obra de género, tiene como base la discriminación femenina tanto en India, donde Prune realizó su primer proyecto de esta índole, como en China. Gracias a la amniocentesis se provocaron en China centenares de abortos de fetos femeninos, propiciados por la (ya no vigente) ley que limitó los nacimientos a uno por cada pareja. La enorme generalidad de los matrimonios prefirió procrear un varón, con lo que la paridad normal de sexos llegó a afectarse. Es sabido que en las zonas rurales ocurrieron cosas mucho peores, como deshacerse de las criaturas apenas nacían. Esta socióloga artista remedia por medio de simulacros que parecieran tener alma tales afrentas. El resultado de conjunto es lo que cuenta y lo encuentro notable, no porque se trate de un espectáculo (que también lo es), sino debido a su disposición, su ámbito, sus tiros visuales, y la índole arqueológica que lo acompaña.

Según se sabe y se ha publicitado, excepto las ocho esculturas originales –pesan cada una 125 kilos con todo y empaque– que están ya adjudicadas a los coleccionistas apoyadores del proyecto, todas las demás serán transportadas por barco a China, donde serán sepultadas en un predio ya previsto.

En 2030 se procederá a su desenterramiento con lo que esa historia completará su ciclo. El cocimiento de las piezas en el horno corresponde a tres secciones. Cabeza, tronco y extremidades después ensamblados. El artesano en jefe que lo llevó a cabo y a quien la autora concede todos los créditos es Weng Xienfeng, quien se autodenomina creador, no artista.