Opinión
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El otoño del petróleo
Jorge Eduardo Navarrete
E

ste otoño, el panorama reposado –sin sacudidas bruscas y con un alto nivel de precios, de unos 100 dólares por barril como cota inferior– presente en el mercado mundial de petróleo desde comienzos del decenio se disipó con brusquedad. Hacia mediados de junio, el Brent, que funciona como marcador global, alcanzó el nivel de 115 dólares por barril. La generalización a la baja de las cotizaciones se produjo el 15 de octubre. Ese jueves negro las primeras caídas del Brent se vieron acompañadas y superadas por las del WTI, que rompió la cota de los 80 dólares por barril, situándose en 79.78, el nivel más bajo desde junio de 2012. Por su parte, para finales de mes el Brent se cotizó en 86.5 dólares, con caída del orden de 25 por ciento. Las luces de alarma se encendieron en las sedes de todos los participantes en el mercado y de no pocos gobiernos.

Las lecturas de estas caídas, que tomaron por sorpresa a buen número de agentes del mercado y a algunos líderes políticos, han sido muy variadas. En su discurso ante la conferencia Oil & Money 2014 (Londres, 29 y 30 de octubre), el secretario general de la OPEP lamentó que se hubieran producido algunas reacciones de pánico e hizo notar que, a su juicio, no había razón para ello, pues los datos básicos del mercado no lo explican ni lo justifican. “No se advierten –dijo– cambios importantes en los fundamentales: la demanda y los suministros continúan creciendo”. Ha transcurrido poco tiempo y no se han perfilado tendencias definidas, agregó, por lo que la organización se encuentra examinando la situación, para discutirla en su conferencia ordinaria de fin de año, en noviembre. Tomó el riesgo, sin embargo, de una predicción específica: El precio promedio de la OPEP volverá al rango de los 100 dólares hacia finales de año.

Abdalla El-Badri se abstuvo de adelantar el sentido de cualquier posible decisión de la conferencia en materia de niveles de producción –que en la actualidad equivalen a una cuota de 30 millones de barriles diarios para el conjunto del cártel–, con lo que pareció convalidar las especulaciones de que no se acordaría ningún recorte de oferta y de que la organización parecía dispuesta a enfrentar un periodo de precios más bajos, para defender su participación en el mercado. En general, esta intención se interpreta como el deseo de evitar que se realicen nuevas inversiones importantes y, por tanto, fuertes incrementos adicionales de producción de crudo en, por lo menos, tres regiones: los países avanzados de América del Norte, con aceite proveniente de formaciones de esquistos; Rusia, que probablemente se oriente a reactivar la producción de crudo, para equilibrar su oferta que se ha inclinado demasiado al gas natural, e Irán, que, en el supuesto de un arreglo sobre su programa nuclear y el sucesivo levantamiento de las sanciones, se vería estimulado a reponer rápidamente, al menos su tradicional posición en el mercado.

Hasta ahora han sido escasas las voces que expresen puntos de vista coincidentes. Aun antes del derrumbe de octubre, y sobre todo a partir del mismo, han abundado las percepciones opuestas. En una nota editorial de 25 de octubre, The Economist implica, desde el título mismo de su análisis, que se presencia el inicio de una nueva época de petróleo barato. Al reconocer y subrayar los riesgos de predecir los precios del petróleo, enumera los factores, tanto de coyuntura como más permanentes, que se encuentran detrás de la caída de octubre. Entre los primeros destaca el contraintuitivo aumento de la producción de Libia: 40 por ciento en cinco semanas entre agosto y septiembre; la también sorprendente decisión de Arabia Saudita de elevar su producción para proteger su participación en el mercado, frenar a los productores estadunidenses de petróleo de esquistos e incluso forzar el abandono de nuevos proyectos en el Ártico; la liquidación precipitada de inventarios de petróleo de papel por parte de los hedge-funds, que los mantenían en la falsa expectativa de precios crecientes; la impredecible agudización de tensiones geopolíticas, desde Libia e Irak hasta Nigeria, que no puede descartarse.

Entre los factores de más largo plazo y mayor incidencia potencial, la revista londinense señala: el muy escaso dinamismo de la economía mundial, que no parece próximo a corregirse, a pesar del impulso que provendría de un petróleo más barato, y que continuará frenando la demanda; la escasa elasticidad de las reducciones de demanda originadas en las acciones de conservación de energía asociadas a un patrón de precios elevados del petróleo y a las preocupaciones ambientales; así como el posible abatimiento a largo plazo del uso individual de automóviles, junto con los incrementos de eficiencia ya conseguidos. Este tipo de factores tiene una elasticidad muy limitada ante las variaciones en el precio de los carburantes derivados del petróleo.

Al examinar la inesperada caída de los precios del crudo en el otoño de 2014, la Agencia Internacional de Energía, el organismo multilateral especializado de los países ricos, destaca sobre todo los factores especulativos que imponen giros en mercados distanciados o incluso divorciados del comportamiento de los fundamentales del mismo. En este otoño, los especuladores se tornaron pesimistas: los agentes no comerciales en el mercado de futuros del ICE [Intercontinental Exchange] se movieron por primera vez a posiciones netas cortas en el Brent y, aunque las recientes caídas de precios parecen ser producto de factores ligados al suministro y a la demanda, puede resultar en extremo riesgoso extrapolar a partir del comportamiento reciente del mercado (petrolero internacional).

Quizá el factor más debatido en la actual coyuntura de precios a la baja sea el relacionado con el impacto de un periodo de precios relativamente bajos sobre la oferta petrolera de Estados Unidos, que se ha expandido enormemente en el presente decenio (a una media anual de entre 1.2 y 1.4 millones de barriles diarios desde 2011), pero cuyo elevado costo de producción reclama precios altos en el mercado. “Lo que ahora se está tanteando –declaró a El País (30/10/14) el secretario técnico de Repsol– es el nivel de precios al que Estados Unidos puede mantener, no ya la producción petrolera, que ronda los 8 millones de barriles diarios, sino los aumentos de oferta de los últimos años. Yo creo que ese nivel está más cerca de los 85 o 95 dólares por barril, que de los 70 dólares”.

Como se advierte, quizá el otoño no sea la estación más cruel, pero para el mundo petrolero en este 2014 es la que ha traído mayores sacudidas e incertidumbres.