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La consulta catalana
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Una mujer en Barcelona sostiene un cartel que dice Quiero un nuevo país, en apoyo a la consulta sobre la independencia del gobierno regional de Cataluña que se realizará el domingo 9 de noviembreFoto Ap
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a consulta del gobierno catalán para saber qué futuro político desea su pueblo se intentará llevar a cabo mañana en todo ese país, por más que les incomode a los llamados españolistas mexicanos –quienes se siguen doliendo de no haber nacido en lo que gustan llamar la Madre Patria, misma que sigue siendo muy mentada por todos los demás– y superando un cúmulo de trabas de los más diversos tipos que ha procurado imponer el actual gobierno filofranquista del Estado español.

Es el caso de que éste le tiene pavor a la respuesta, por los síntomas más que evidentes que afloran en la sociedad catalana: el 11 de septiembre casi dos millones de independentistas se manifestaron en Barcelona de modo absolutamente pacífico y respetuoso, en tanto que el 12 de octubre lo hicieron en contra y en tono amenazador unos 10 o 15 mil militantes, en su mayoría forasteros y acarreados… Pero lo más lamentable, ante una desigualdad de tal magnitud, es que la única manera en que se le ha ocurrido al gobierno de Madrid contrarrestarla ha sido mediante la arremetida de una fuerte propaganda soez y barata, llena de amenazas, y mediante las prohibiciones con falsos argumentos legaloides de un Tribunal Constitucional abyecto al servicio de su amo, el presidente del Ejecutivo. La manipulación de las leyes los ha llevado incluso al mayor ridículo internacional, especialmente en los contextos europeo y americano.

Cabe tomar en cuenta, además, que el partido en el gobierno, gracias al pésimo manejo de la crisis económica y la avasalladora corrupción que ha salido a flote, ha caído a un esmirriado tercer lugar en la intención actual de voto. Una nueva agrupación, que se aprovecha del desgarriate, se halla en primer lugar.

Al parecer, el ejemplo inglés de dialogar y ofrecer ventajas a los disidentes, que dio muy buen resultado para evitar la escisión escocesa, no está en el ánimo de quienes, conforme a su espíritu dictatorial, solamente saben ejercer el famoso concepto de ordeno y mando. La misma actitud que le costó a España perder sus colonias americanas en el siglo XIX. Bien se dice que el ancestral soberanismo catalán se ha enriquecido y fortalecido sobremanera con los desplantes y las agresiones de los gobernantes españoles, especialmente en los últimos cuatro años.

Se ha llegado a la aberración, aunque usted no lo crea, de acusar de nazis a quienes promueven el sufragio, de tachar las votaciones de contrarias a la democracia y con vocación totalitaria. Al parecer, el miedo ha hecho que el dicho gobierno pierda hasta el conocimiento de la lengua española… Se habla incluso de que se recurrirá al uso disfrazado de la fuerza pública para evitar la concurrencia a las urnas, con lo cual la imagen totalitaria y neofascista del régimen quedará bien consolidada.

Cierto es que no pueden hacerlo abiertamente, pues su pertenencia a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y a la propia Unión Europea se lo impide, pero no duden ustedes que se produzca un represión oficial disfrazada de exaltación popular de quienes son partidarios de la unidad española a ultranza.

De cualquier manera, la gente se encuentra dispuesta a votar pase lo que pase, con lo cual el ambiente en Barcelona y el resto de Cataluña es tenso y la atmósfera se puede cortar con un cuchillo. Entre tanto, los analistas y encuestadores anuncian una muy clara preferencia por el sí-sí: que ¡sí! se quiere votar por un referéndum y que ¡sí! se quiere tener un Estado propio que sea, por supuesto, miembro de la Unión Europea.