15 de noviembre de 2014     Número 86

Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER

Suplemento Informativo de La Jornada

Exigen productores precios
suficientes para los granos básicos;
en riesgo, la soberanía alimentaria

Lourdes Rudiño

El sacrificio que sufren los productores de granos año con año, al recibir precios castigados por sus cosechas, está llegando al límite. Los precios –determinados por la condición de oferta y demanda global, así como por la especulación en las bolsas internacionales de cereales y en el mercado interno- cayeron este año a niveles de piso, lo que implicará pérdidas económicas severas y descalabros al patrimonio de las familias campesinas, además de crisis de deudas con la banca, proveedores y prestamistas. Y aún más, conduce a una situación de desestímulo productivo, a frenos por tanto a la oferta doméstica, a mayor dependencia alimentaria, y, al parecer contradictoriamente, a encarecimiento para los consumidores.

La situación motivó en octubre y noviembre de este año reuniones masivas, movilizaciones ante la Secretaría de Gobernación e incluso cierres temporales de carreteras en varias entidades. Todo, con una sola bandera: la exigencia de que el gobierno federal establezca una compensación de precios a fin de que los productores reciban lo suficiente para cubrir costos de producción y para tener una ganancia razonable. Algo así como lo que fueron los precios de garantía, que operaron hasta finales de los años 80’s.

De acuerdo con Víctor Suárez, director ejecutivo de la Asociación Nacional de Empresas Comercializadoras de Productores del Campo (ANEC), la petición es que, por medio del programa Ingreso-Objetivo, el gobierno federal garantice ingresos de cuatro mil pesos por tonelada de maíz, de 12 mil en frijol; de tres mil 500 en sorgo y cinco mil por tonelada de trigo. Ello, independientemente de que los productores tengan convenios de agricultura por contrato (que son la minoría) o vendan sus cosechas sin contrato, en el mercado libre.

De que se cumpla esto dependerá que la ingobernabilidad que ya sufre el país no se profundice, pues “estamos hablando de un asunto de seguridad nacional y de seguridad alimentaria. Si no hay un apoyo suficiente a los precios de los granos, el resultado será que los productores (tres millones de familias) no podrán pagar créditos contraídos, no estarán en condición de sembrar los próximos ciclo productivos (dejando ociosa parte de los ocho millones de hectáreas de superficie de siembra) y sobre todo no podrán abastecer los alimentos que demanda la población con consecuencias de desabasto y carestía”, afirmó Suárez.


FOTOS: Enrique Pérez S. / ANEC

La crisis ocurre en las cosechas del ciclo primavera/verano (P/V) 2014, que se realizan entre octubre y diciembre, y también –con base en las expectativas de precios internacionales en el futuro próximo- pegará por lo pronto a las cosechas de otoño/invierno (O/I) 2015, que se obtienen a mediados de año, y a las del PV 2015.

Un aspecto fundamental en este asunto es que los productores han decidido la estrategia de unirse con esa única y urgente demanda de precios razonables –esto es, compensaciones con recursos públicos directas al productor-, dejando en segundo plano el membrete o bandera de sus organizaciones nacionales y locales, y sin incurrir en otro tipo de peticiones, para evitar desviaciones o que algún grupo medre con las movilizaciones campesinas.

Y es que, dice Olga Alcaraz, directora de Agricultores Unidos Región Guayangareo, de Michoacán, “las bases están rebasando a los dirigentes”. La desesperación hoy es mucha. La descoordinación y falta de unidad observada en años pasados echaron por la borda entonces demandas similares; por ello, la unidad es fundamental.

El 22 de octubre unos mil 200 productores de maíz, frijol, trigo y sorgo de diversos estados se concentraron en Ocotlán, Jalisco, para expresar esa demanda, y estimaron que el recurso presupuestario que se requiere para compensar los precios de estos cuatro granos en los ciclo P/V 2014, O/I 2014-15 y P/V 2015 es de unos 22 mil 500 millones de pesos en 2014 y 2015, que tendrían que provenir de ahorros del Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) 2014 (del conjunto de instituciones del gobierno) y de ajustes en el PEF 2015.

Esos productores, de Michoacán, Nayarit, Chiapas, Zacatecas, Tamaulipas, Coahuila, Estado de México y Guanajuato, así como de más de diez municipios de Jalisco, se pusieron de acuerdo para que “por lo menos mil” llegaran a la Ciudad de México en la semana del 27 de octubre para entregar sus demandas a las secretarías de Gobernación y de Hacienda, así como a la Cámara de Diputados. Los mil llegaron a Bucareli, pero fueron atendidos inicialmente por funcionarios de nivel medio tanto de Gobernación como de la Secretaría de Agricultura. Fue el jueves 30 de octubre cuando por fin el subsecretario de Gobernación, Luis Enrique Miranda, acompañado de representantes de Agricultura y de la Secretaría de Hacienda, se reunió con representantes de los productores, pero hasta el cierre de esta edición no había aún una respuesta adecuada a la demanda campesina.

Fuentes del Poder Legislativo comentaron que el Presupuesto Especial Concurrente para el Desarrollo Rural (PEC) 2015, que es básicamente igual que el de 2014, sólo con ajustes por inflación, se aprobaría prácticamente sin cambios respecto de la propuesta hecha por el Ejecutivo. La fecha límite que tienen los legisladores para aprobar todo el presupuesto federal 2015 es este sábado 15 de noviembre.

Por tanto, el escenario no parece favorable para los productores. Pero tampoco es bueno para el país en su conjunto.

Si el pago que recibe el campo no estimula la producción, sino actúa en contrario, y si esos pagos insuficientes se suman a la carencia de políticas que busquen la soberanía alimentaria y de políticas que permitan el desarrollo de prácticas amigables con el medio ambiente –con la recuperación de los suelos y la sanidad y uso razonable de las aguas-, el resultado es simplemente de estancamiento o caída de la producción, con pérdida de soberanía alimentaria nacional, con agudizamiento de la delincuencia, del desempleo, de la migración y de la inseguridad, y algo que tarde o temprano daña el bolsillo de la población en general: la dependencia alimentaria del exterior.

Las estadísticas de tal dependencia son alarmantes. Datos de Sagarpa y de la Secretaría de Economía muestran que en 1990-92 la participación de importaciones en el consumo aparte era de 14.4 por ciento, para 2009-11 la cifra subió a 51.3. En arroz pasó de 53.4 a 89.2, en frijol de 9.7 a 13.5 y en soya de 71.1 a 95.5 por ciento. Mientras tanto, el ritmo de crecimiento de la producción nacional ha sido insignificante, e incluso ha sido negativo en algunos casos. Entre 2000 y 2011, la producción de maíz creció a una tasa anual de sólo 0.3 por ciento, la de trigo y soya de 1.3 por ciento, la de arroz palay fue de menos 3.6 por ciento y la de frijol de menos uno por ciento. Esto, según documenta el estudio elaborado por Margarita Flores, Producción agrícola, seguridad alimentaria y desarrollo rural en México, editad por el Programa Universitario de Estudios del Desarrollo (PUED) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).


Cifras y datos que evidencian la crisis de precios de granos

-En maíz, los precios al productor que rigen hoy día son de dos mil 500 a dos mil 600 pesos por tonelada. En zonas de alto rendimiento, como Jalisco, los costos de producción sumaron alrededor de 24 mil pesos por hectárea. Considerando un rendimiento de siete toneladas por hectárea, los productores apenas recibirán por sus cosechas 18 mil pesos por hectárea. No sólo dejarán de tener ganancia, sino que sufrirán pérdidas.

-Este 2014 los precios han estado en franca picada. En la bolsa de Chicago el maíz amarillo número 2 puesto en el Golfo de México registró en abril pasado un precio de 222.36 dólares por tonelada, para julio el precio era ya de 182.23 y en octubre promedió 163.31. Esto es, una caída de casi 27 por ciento en sólo seis meses.

-Son pocos los productores que comercializan sus cosechas por medio de la “agricultura por contrato” (convenios pactados desde la siembra con los compradores). En Jalisco, por ejemplo, ni siquie ra una tercera parte de los productores entran en estos convenios. Para ellos, el precio que reciben (que cuenta con cobertura en los mercados internacionales) es de tres mil 400 pesos por tonelada. Entonces, con rendimientos de siete toneladas por hectárea, su ingreso por hectárea será de 23 mil 800 pesos. También sufrirán pérdidas, de acuerdo con Antonio Hernández, de ANEC.

-En frijol, la cosecha del PV 2013 fue pagada con un precio de 10 mil pesos por tonelada más dos puestos por Apoyos y Servicios a la Comercialización Agropecuaria (Aserca). Hoy día los precios al productor están alrededor de seis mil a siete mil pesos la tonelada. En sorgo los precios han venido en picada en las semanas recientes: pasaron de dos mil 200 a mil 800 pesos por tonelada. El año pasado los sorgueros recibieron precios de tres mil 50 o tres mil 100 pesos la tonelada, de acuerdo con Víctor Suárez, de ANEC.

-La producción anual de maíz en México sumó 22.7 millones de toneladas en 2013 (suma del ciclo Otoño/Invierno 2012-13 y PV 2013); este año la cifra podría ser mayor. El PV representa más de 75 por ciento de la producción anual, con casi 18 millones de toneladas, y la mayor parte (12 millones) corresponde a tierras que dependen del temporal, de las lluvias, y a productores de pequeña escala (con menos de 20 hectáreas por predio), con capacidad económica limitada y con dependencia de ingreso de fuentes adicionales a la agricultura. Ello, de acuerdo con datos de la Secretaría de Agricultura (Sagarpa).

-La producción anual de frijol en 2013 fue de un millón 294 mil toneladas; de ese total, un millón 41 mil se cosecharon en PV. Este ciclo es el mayoritario y más de 800 mil toneladas son de tierras de temporal y productores de pequeña escala, según Agricultura.

-De acuerdo con las organizaciones Frente Guanajuatense por la Defensa de la Economía Campesina y Productores Unidos de Guanajuato, desde 2008 (en el pico de la apertura de mercados propiciada por el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, TLCAN) hasta la fecha, los insumos se han encarecido así: 60 por ciento la semilla, 88.8 los fertilizantes, 46.8 los agroquímicos, 82.5 el diesel y 135 por ciento la energía eléctrica, y mientras, de 2011 a la fecha el precio del sorgo al productor ha caído en más de 50 por ciento, algo similar a lo ocurrido en el maíz.

-Según las mismas fuentes de Guanajuato, y con base en una encuesta que levantaron en las principales zonas productoras del estado, en el caso del sorgo los costos de producción promedio suman 26 mil 152 pesos por hectárea, con producciones promedio de 8.5 toneladas por hectárea. Eso significa que para producir una tonelada el agricultor gasta en promedio tres mil 76 pesos, muy arriba del precio actual del mercado, de alrededor de dos mil 100; en el caso del maíz el costo por hectárea es de 35 mil 616 pesos, y considerando que el rendimiento promedio es de diez toneladas por hectárea, significa que cada tonelada cuesta a los productores tres mil 561 pesos, en comparación con los alrededor de 3 mil 100 pesos que se ofrecen en el mercado en Guanajuato actualmente.

-La caída de los precios de los granos se debe a una creciente oferta internacional de granos. En el caso de maíz, en Estados Unidos están por llevar a cabo la cosecha más grande de la historia, en China y Ucrania también hubo una producción muy buena, mientras que en México la producción se ha visto favorecida por la temporada de lluvias, sobre todo en el centro y norte del país, por lo que se espera que la cosecha anual llegue a alrededor de 23 millones de toneladas de maíz.

-Adicional a la sobreoferta, está la presión constante de las importaciones, que en el caso del maíz sumaron casi 11 millones de toneladas de maíz en 2013; tales compras ocurren aun cuando haya oferta en el país, e incluso se agudizan en tiempo de cosecha, para presionar a la baja los precios internos en campo.

Testimonios

Francisco Elpidio Ramos, dirigente de la organización Coras, de Nayarit: “Los costos de producción de maíz de temporal que tenemos son de 18 mil a 20 mil pesos por hectárea; esto involucra todo el trabajo de siembra hasta la cosecha, el acarreo y bodega, así como el costo financiero y la renta de la tierra. Tenemos en el estado un rendimiento de ocho toneladas, y si dicen que el maíz vale dos pesos, no vamos a salir. En el estado la agricultura de contrato es muy poca, tan sólo cubre unas mil toneladas, de un total de cien mil que se producen en el estado. En frijol tenemos el problema de que los costos de producción andan en 17 mil o 18 mil pesos por hectárea, con un rendimiento de apenas tonelada y media. Si vale cinco o seis pesos, obviamente no vamos a salir. Necesitamos un precio de 12 mil. Con eso cubriríamos costos y tendríamos un margen de ganancia.”

Olga Alcaraz Andrade, secretaria del Consejo Directivo de la Asociación Nacional de Empresas Comercializadoras de Productores del Campo y directora de Agricultores Unidos Región Guayangareo, en Michoacán. “Estamos muy preocupados por lo que pasa. Se requiere una política de fondo, pues mientras los productores pierden con los precios bajos, la agroindustria y los comercializadores, que son muy pocas empresas (Cargill y Maseca dominantes en el caso del maíz) especulan y obtienen grandes ganancias. Por ello, por estar tan concentrado el mercado en el lado de los compradores, es que en México no ha podido establecerse una bolsa de granos. Los productores hoy traemos un costo de tres mil pesos por tonelada de maíz y el precio anda en dos mil pesos o dos mil 300 en el mercado. Eso significa que vamos a tener una pérdida de casi mil pesos por tonelada. Entonces antes de cosechar ya tenemos una pérdida. En el caso del sorgo, precisamente por la falta de capacidad y sensibilidad de nuestros políticos, entró bastante maíz amarillo (importado, que compite con el sorgo como alimento de ganado). No tenemos mercado para el sorgo, hay un exceso de este grano en Tamaulipas, hay más de tres millones de toneladas de la cosecha O/I 2013-14 que no se pueden vender, y se van a juntar con la cosecha de nosotros, del Bajío. Sólo quienes hicimos agricultura por contrato tenemos el mercado seguro y los que no, van a estar en una situación indefinida. El precio del sorgo que nos están ofreciendo pagar al productor es de mil 800 pesos por tonelada, cuando nuestros costos de producción son de 25 mil pesos por hectárea; es decir que vamos a estar perdiendo mil pesos por tonelada. No estamos sólo pidiendo que se recuperen los costos de cultivo, sino también que le quede al productor un pequeño 30 por ciento de ganancia, para que pueda subsistir y mantenerse todo el año. Entre las dependencias que deben participar para resolver la problemática de los precios está Hacienda, pues los bajos precios no permitirán que paguemos préstamos.”

Roberto Covarrubias, productor de la zona de Ixtlahuacán, Jalisco. “Nuestros costos de producción de maíz de este P/V fueron de 32 mil 246 pesos por hectárea. Aquí algunos tuvimos agricultura por contrato, lo cual resulta en que recibiremos precios de alrededor de 3 mil 500 pesos por tonelada. En la región los rendimientos son de ocho o nueve toneladas por hectárea, entonces el ingreso sería de poco más de 30 mil pesos, que no cubren los costos de producción y menos otros gastos en que incurrimos y no contabilizamos, como es el trabajo del propio productor (más allá del de los trabajadores), la gasolina de nuestros vehículos y más. ¿Además, qué pasa con todos los gastos que tenemos para mandar a nuestros hijos a la escuela, para comer, para vestir? Es muy crítica esta situación. Aquí tenemos tierras de temporal y tierras de riego, pero decir de riego aquí también se nos limita. Todo esto es una zona vedada, no tenemos pozos artesanos. Sí regamos el trigo con aguas del rio Chapala, pero nos sujetan a un porcentaje. El maíz es de temporal.”

Ramón Ochoa, ex presidente de la Integradora estatal de Productores de Zacatecas, y vicepresidente regional de la ANEC. “Ante la caída estrepitosa de los precios, se requiere la intervención del gobierno para que la gente tenga ingresos si no suficientes, por lo menos para que continúe comiendo. ¿Cómo es posible que anduvimos en el histórico de maíz arriba de cinco pesos (en 2007) y ahora estamos a la mitad o menos? Igual pasa en frijol. En una época que tuvimos sequía y muy baja cosecha, el año antepasado, el precio estuvo en 30 pesos en campo. La Agencia de Servicios a la Comercialización Agropecuaria (Aserca), dependiente de la Secretaría de Agricultura, tiene un programa para apoyar no a los productores, sino a las empresas acopiadoras, con un precio que dice es precio base, pero que en los hechos se convierte en precio tope. Además es un precio que no considera los costos. El año pasado el precio fue de ocho pesos, y Aserca dio un apoyo directo al productor de dos pesos, pero hoy día no han terminado de dar la compensación, ni tampoco han terminado de dar los apoyos a los acopiadores. Aquí hay una responsabilidad del gobierno, que no está asumiendo. Deberíamos tener un esquema que genere precios al productor que cubran costos y den una utilidad al productor. En P/V producen Durango, Zacatecas y Chihuahua, estimamos que para compensar los precios al productor (para la cosecha estimada de 200 mil toneladas) debería haber un recurso público de 500 millones de pesos. Para O/I, donde produce Nayarit, ya se requeriría otro presupuesto. No olvidemos que después del maíz está en importancia el frijol, como alimento de los mexicanos, no es el trigo ni el sorgo.”

 
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