Opinión
Ver día anteriorJueves 20 de noviembre de 2014Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Ciudad Perdida

Pendientes federales con la capital

Dudas sobre la detención de los Abarca

Colonos exigen explicación

L

os asuntos pendientes del gobierno federal con el de la ciudad de México observan uno que no tiene respuesta clara. Nos referimos, desde luego, a la detención en una colonia del oriente de la capital de la pareja Abarca-Pineda, acusada de haber ordenado la desaparición de 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa, Guerrero, entre otras cosas.

Y es que en este hecho no está en juego nada más el dicho de la Procuraduría General de la República, sino la intención que tal acción pudiera tener, en caso de que la versión que señala que la pareja fue sembrada en la delegación Iztapalapa fuera cierta, porque pareciera absurdo, por decir lo menos, trasladar al ex presidente municipal de Iguala y a su esposa de Veracruz a esa demarcación del DF, sólo para hacer pública la detención.

La gente del lugar llamado Santa María Aztahuacán, en Iztapalapa, donde supuestamente se efectuó la detención, se pregunta: ¿por qué fue allí donde –según se nos ha dicho, en ningún momento de los días posteriores a la desaparición de los estudiantes del estado de Guerrero se observó ningún movimiento extraño– se escogió para tratar de convertirlo en hoyo de delincuentes?

Varias son las deducciones que se hacen sobre el asunto, pero la más recurrente tiene que ver con las interrogantes ¿por qué allí? y ¿por qué no en alguna otra delegación de la ciudad de México? Claro que la primera explicación resulta de la visión política de los habitantes del lugar, que advierten en el movimiento un fondo electoral, y la idea del priísmo de arrebatar a la izquierda el más importante de sus bastiones.

La posible siembra de los Abarca en Iztapalapa fue expuesta por el jefe delegacional, Jesús Valencia, quien tal vez en aquel momento no se dio cuenta de lo que los pobladores de Santa María Aztahuacán ya observaban en el asunto, y esto porque en las calles de la demarcación se habla, y fuerte, de que René Arce, ex delegado, ex miembro de Nueva Izquierda y ex cacique en aquella delegación habrá de contender en las próximas elecciones con las banderas del PRI, el Panal, el Verde, y si todo va como hasta ahora, en esas manos también estará la bandera de la derecha obvia, es decir, del PAN.

Eso es lo que parece que subyace en aquella acción y que tuvo sus bemoles. Por ejemplo: en las primeras horas de la mañana, Valencia recibió la llamada de alguno de los vecinos de la colonia Tenorios, en Santa María Aztahuacán, quien había ingresado al lugar de la detención, que no estaba custodiado por la policía, y comentó al delegado que por ningún lado de la casa se hallaba el colchón inflable donde supuestamente dormían los Abarca, y que las botellas de agua que abastecían a la pareja estaban todas cerradas, algunas en bolsas que obsequia una tienda de conveniencia que, curiosamente, abre las 24 horas.

Total, la gente no quiere creer en la versión de la Procuraduría General de la República, por lo que en estos días van a invitar al procurador, Jesús Murillo Karam, a que asista a una reunión con los vecinos de las colonias donde se efectuó el operativo, para que les explique cómo fue que dieron con los ahora acusados, cómo se dieron los trabajos de inteligencia, y varios detalles que para ellos siguen siendo incógnita o bien una patraña. Y es que hay un fenómeno cada día más visible en este gobierno: ninguna de sus verdades es creíble.

De pasadita

Nueva Izquierda, viejas mañas. Esta descripción de la dirigencia perredista actual debería haber tenido en cuenta el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas cuando envió a esa dirigencia una carta que, en buen plan, hasta parece ingenua, donde pide la renuncia de los chuchos al liderazgo en el PRD. Es más, la respuesta, que ya se tenía preparada, aunque no fuera para contestar a la demanda de Cárdenas, se había elaborado para que los amarillos lanzaran una estrategia de control de daños con la que pretenden hacer creer a la gente que, por ejemplo, ya son honestos, y no se clavan los dineros del partido, aunque lo que se reclama no es que se hubieran robado la lana de la militancia, sino que la hayan traicionado para seguir viviendo cómodamente de los salarios que les da el partido. En fin, Nueva Izquierda, viejas mañas. Así es.