Opinión
Ver día anteriorMiércoles 17 de diciembre de 2014Ver día siguienteEdiciones anteriores
Servicio Sindicado RSS
Dixio
 
La Luz del Mundo
E

l líder de la Iglesia La Luz del Mundo, Samuel Joaquín Flores, falleció la madrugada del 8 de diciembre, a los 77 años, tras varios meses de luchar contra el cáncer. La congregación se registró en 1993 como asociación religiosa y fue de las 10 primeras en hacerlo; tiene en la colonia Hermosa Provincia de Guadalajara su capital espiritual. Lugar donde se dieron cita cerca de 300 mil seguidores para realizar las ceremonias fúnebres. Con sus luces y sombras, aciertos y desaciertos, la Iglesia es el movimiento religioso mexicano más exitoso, con cerca de 3 mil templos.

Samuel Joaquín condujo casi medio siglo la iglesia fundada por su padre, Aarón Joaquín González, en Jalisco, bajo el contexto de la guerra cristera. Hubo continuidad, pero al mismo tiempo innovación, ya que el pastor hizo crecer exponencialmente esta asociación religiosa en diferentes plazas de México y a escala internacional, particularmente en Estados Unidos, América Latina y Europa, a cuyos países viajaba con regularidad. En la actualidad, según datos de la propia Iglesia, el número de creyentes alcanza 5 millones de personas.

Es importante subrayar que La Luz del Mundo nace en la región católica del Bajío, probablemente la zona más intolerante en términos político-religiosos. Región cultural donde los evangélicos y protestantes han luchado porque han sido excluidos y considerados ciudadanos de segunda. Por ello se explica el carácter beligerante que la Iglesia ha guardado frente a la Iglesia católica mayoritaria.

Como la mayor parte de los movimientos pentecostales, La Luz del Mundo tiene copiosa base popular. En su origen sectores rurales y migrantes en Guadalajara, sin embargo, la composición social ahora es variada, sectores medios urbanos y profesionales han venido emergiendo. La antropóloga Patricia Fortuny, estudiosa de la Iglesia, asegura que el éxito de esta iglesia se debe a la combinación de múltiples factores. Se destaca el factor social que fue determinante al hacer posible la expansión de una Iglesia no católica en el corazón de la región más católica del país. La expansión de la congregación se sustenta en la promesa religiosa de salvación y en la oferta de bienestar social, es decir, la doctrina y la mejora en las condiciones de vida de los creyentes. Muchos censores, como Flaviano Amatulli, sentencian que La Luz del Mundo es una extraña mezcla de evangelismo pentecostal, política pro priísta y anticatolicismo. Otras voces autorizadas, como la investigadora Renné de la Torre, refiere a un pentecostalismo social y nacionalista: La Luz del Mundo se integró a la vida urbana, se fomentó la formación de cuadros de profesionistas, se consolidó la organización interna, se difundió la doctrina en medios de comunicación especializados y se formalizaron nexos con el gobierno, además de la construcción de obras de servicios comunitarios, como escuelas y hospitales.

El peso electoral, especialmente en Jalisco, convierte a la Iglesia en interlocutora obligada; sin embargo, con el advenimiento de la alternacia panista se han venido modificando pactos y compromisos con el PRI. La notoria neoconfesionalización católica del PRI, empezando por el presidente Enrique Peña Nieto, ha supuesto alejamientos y hasta rupturas. Hay regiones y contextos que facilitan cercanías de miembros de la Iglesia con el PRD y Movimiento Ciudadano, lo cual representa una extraordinaria oportunidad de pluralización interna frente a las imágenes monolíticas que de la Iglesia se tienen. En ese sentido es necesario resaltar el activismo que La Luz del Mundo protagonizó para oponerse a la reforma del artículo 24 constitucional sobre la libertad religiosa, impulsada por el PRI en 2012. Mostró músculo social opositor al salir a las calles en diversas plazas del país para presionar a los legisladores locales a no votar la reforma. Tardó cerca de un año en ser avalada por las legislaturas locales, hecho inédito, debido al estrujón social de rechazo que llegó en algún momento a preocupar tanto a la jerarquía católica como al gobierno federal.

La Iglesia Luz del Mundo ha tenido a lo largo de su historia disidencias y escisiones. Probablemente el momento más crítico fue experimentado en una coyuntura mediática en 1997, en que se acusó a la Iglesia de ser una secta potencialmente destructiva, a su líder Joaquín Samuel por abuso sexual y pederastia, así como de ser protegida del gobierno. Periodistas como Javier Alatorre y Ricardo Rocha, Azteca y Televisa respectivamente, compraron el diagnóstico de Jorge Herdely, un enigmático pastor que se hacía pasar por estudioso de los movimientos sectarios que hoy está a la fuga. Acusado por el secuestro y abuso de menores en el escándalo llamado Casitas del Sur a manos de su Iglesia restaurada, Herdely intentó minar la notoria expansión de La Luz del Mundo, comparándola con la secta suicida Heaven’s Gate (Puerta del Cielo), maniobra que ahora se comprende en la lucha y guerra sucia por los mercados evangélicos. Las acusaciones no prosperaron y la Iglesia sale fortalecida, especialmente en el frente interno.

La muerte de Samuel Joaquín Flores vuelve a poner a la Iglesia en los reflectores mediáticos. Conviene reflexionar nuevamente sobre el lugar social de las minorías religiosas. Mientras nuestra sociedad, cada vez más global, redime a las minorías homosexuales y étnicas, por ejemplo, continúa acometiendo a sus minorías religiosas. Las sigue llamando sectas y está atenta a denunciar cualquier falla o defecto, magnificándolo. Hay que recordar que la libertad religiosa otorga a los ciudadanos la opción de no creer o de creer, incluso en aquellos credos más extravagantes, siempre y cuando su práctica no altere la libertad de terceros ni física ni sicológicamente. La tolerancia es un principio enaltecido en términos de derechos humanos; por el contrario, los talantes y acciones intolerantes son rechazadas. La creciente diversidad y pluralidad cultural son reconocidas plenamente al menos como declaración de principios y en papel, pero continúan actitudes de segregación y nuevas formas de intolerancia. Aún estamos lejos, como diría Carlos Monsiváis, de la inclusión y del reconocimiento pleno de una ciudadanía religiosa diferente, más si ésta es contestataria y alterna.