Opinión
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México SA

Ficrea: otra raya al tigre

MMH: codicia colectiva

Asalto institucionalizado

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na raya más al incontrolable cuan feroz tigre de la codicia colectiva (Miguel de la Madrid dixit). Por enésima ocasión, pequeños cuan bisoños (ídem) inversionistas han sido defraudados ante las narices de la supuesta autoridad por ley obligada a regular, vigilar y, en su caso, sancionar el sano comportamiento de todas aquellas empresas financieras dedicadas al manejo y resguardo de los recursos provenientes del público ahorrador.

Se trata del megafraude (2 mil 700 millones de pesos) cometido por la empresa Ficrea y su dueño Rafael Olvera Amezcua en contra de 7 mil ahorradores, quienes se comieron la mentira (avalada por los vigilantes, por la vía de los hechos) de obtener más de 10 por ciento de interés sobre sus inversiones. Y ello sucedió con todo y que la supuesta autoridad –según dice– de tiempo atrás detectó irregularidades y decidió, el pasado 19 de octubre, liquidar a esa empresa por operaciones fraudulentas y triangulación irregular de fondos.

Como es costumbre en este país de sólidas instituciones, los cerca de 7 mil ahorradores perdieron todo, y a estas alturas, como lo han denunciado, no hay detenidos, no hay órdenes de aprehensión, no hay información oficial de las transferencias, a dónde se fue ese dinero ni quién lo tiene. Ello no obstante que la supuesta autoridad asegura haber detectado que Olvera Amezcua utilizó ilegalmente el dinero de los inversionistas para la adquisición de inmuebles, incluso en el extranjero, transferencias a terceros países, compra de aeronaves y yates, entre tantas otras gracias.

Destapado el fraude, ahorcados los inversionistas, documentada la ilegalidad (todo ello por parte de los ahorradores), ahora la siempre ágil autoridad dice que investigará el caso (lo que debió hacer desde un principio para evitar el amargo final) y que actuará en consecuencia. Eso y mucho más, desde luego, pero que de ninguna manera cubrirá el monto total defraudado por Ficrea, porque ello implicaría un costo fiscal que se pagaría por todos los contribuyentes; sería ilegal.

Entonces, como diría Miguel de la Madrid, en este ejercicio de codicia colectiva, que cada quien se rasque como pueda. Pero sin duda alguna hay de codicias a codicias. Por ejemplo, la de un grupo de grandes empresas nacionales que en 2008 apostó fuertemente en el mercado de derivados (especulación pura) y perdió hasta los calzones, pero el gobierno calderonista entró al quite y les vendió dólares subsidiados y les autorizó créditos muy blandos, con dineros públicos, para salir del problema, muchos de los cuales se mantienen en cartera vencida.

Por esos años, también, grandes cuan codiciosos consorcios privados especularon a más no poder en contra del peso mexicano y, entre subasta y subasta de dólares del Banco de México, se comieron alrededor de 20 mil millones de dólares de las celosamente cuidadas reservas internacionales del país (algo proporcionalmente similar a lo que ocurre por estos días) y fueron intocados.

En este rápido ejercicio, cómo olvidar la codicia de los neo banqueros, producto de la reprivatización salinista de 1991-1992, que exprimieron a las otrora sociedades nacionales de crédito, especularon con absolutamente todo, arrasaron con los ahorradores y se hincharon de utilidades. Todo ello acabó con el rescate público de negocios privados, por medio del Fobaproa, que dos décadas después los mexicanos no dejan de pagar, mientras aquellos que fueron dueños de los bancos reprivatizados hoy se cuentan entre los más ricos de México, y –salvo un par de casos marca chivo expiatorio– ninguno de ellos pisó la cárcel.

Allá por octubre de 1987 el mercado bursátil mexicano reventó y, mientras unos cuantos se quedaron con el pastel completo de las ganancias, miles de pequeños inversionistas (el número se estima en 350 mil) fueron a la ruina. Lo que antes de esa fecha era bonanza, respetabilidad y buen nombre, terminó en quiebra, fraude, denuncia y chiquero. Muchos se quejaron pública y privadamente; algunos negociaron a puerta cerrada o ante la Comisión Nacional de Valores; los más no tuvieron que asumir la pérdida (en realidad no hubo tal; sólo cambio de dueño).

Los bolseados, como se les llamó a los defraudados de entonces, exigieron la intervención de la supuesta autoridad y una respuesta legal y expedita. Y la única que obtuvieron fue el eufemismo para justificar el enorme fraude cometido en su contra, porque el entonces presidente Miguel de la Madrid, padrino y defensor a ultranza de los barones bursátiles, a las miles de víctimas del saqueo orquestado las acusó de codicia colectiva y los calificó de inversionistas bisoños.

Ninguna autoridad, por supuesto, se tomó la molestia de explicarles cómo fue el robo, mucho menos quiénes fueron los responsables públicos y privados, una buena parte de ellos, por cierto, encumbrados en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, y a partir de entonces están catalogados entre los mexicanos más ricos e influyentes. Las miles de quejas y denuncias de los afectados por el crack bursátil de 1987 (presentadas ante la Secretaría de Hacienda, la Comisión Nacional Bancaria y de Valores y la PGR) sencillamente fueron tiradas al bote de la basura o, en el caso de los afortunados, congeladas en los juzgados respectivos.

Los citados sólo son unos cuantos ejemplos de las innumerables rayas y del tamaño del tigre. Por ello, nada raro es que los ahorradores defraudados por Ficrea responsabilicen a las autoridades de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores, Jaime González Aguadé, y al titular de Condusef, Mario di Costanzo de la intentona de “liquidar a esta empresa para que se acabe el problema y no quieren que la sociedad conozca qué ocurrió. Las autoridades nos dieron reportes contradictorios, nos acusan que por falta de cultura financiera lo ocurrido en Ficrea es culpa nuestra, y quieren darnos lo menor posible, sin importar que son nuestros ahorros de toda la vida. El crecimiento de Ficrea de casi 50 por ciento en un año no pudo pasar inadvertida por la CNBV ni Hacienda. Nos traicionaron los funcionarios, incurrieron en la mentira, nos hicieron esperar con falsas promesas de que íbamos a recuperar nuestro patrimonio y al final, están coludidos con ellos. Se trata de un fraude consentido.

Las rebanadas del pastel

Para la preparación de la cena de esta noche considere un tipo de cambio de 15.03 bilimbiques por dólar, porque alrededor de la mitad de los muchos o pocos alimentos que hoy lleve a su mesa son de importación… De cualquier forma, abrazos y felices fiestas. Nos rencontramos el próximo jueves.

Twitter: @cafevega