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Yo puedo señalar su ubicación precisa en el Campo Militar Número Uno, dice

Sí hay crematorios en las instalaciones del Ejército, afirma el general Gallardo

Contradice la carta enviada por la Sedena a La Jornada que niega la existencia de los hornos

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Organismos internacionales deben participar en la indagatoria por la desaparición de normalistas, aun cuando el Ejército no lo va a permitir, expresa el general José Francisco Gallardo RodríguezFoto Sanjuana Martínez
Sanjuana Martínez
Especial para La Jornada
Periódico La Jornada
Domingo 11 de enero de 2015, p. 7

De acuerdo con la guía para el trámite de beneficios de la ley del Instituto de Seguridad Social para las Fuerzas Armadas Mexicanas (Issfam), el Ejército sí cuenta con crematorios.

El pasado 7 de febrero, la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) envió una carta a El Correo Ilustrado de La Jornada, por conducto de su director general de Comunicación Social, el general brigadier Martín Terrones Calvario, para precisar que ninguna instalación militar del país cuenta con crematorios, según señalaron los investigadores Jorge Antonio Montemayor Aldrete y Pablo Ugalde Vélez, sobre su hipótesis de que los 43 normalistas de Ayotzinapa pudieron haber sido incinerados en instalaciones militares.

Sin embargo, la propia información proporcionada por la Sedena en sus páginas de Internet señala lo contrario, y ofrece servicios de incineración a sus empleados. http://www.henm8893.com/armada/prestaciones/guia_prestaciones.pdf.

Además, existe un convenio entre el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (Issste) e Issfam, para ofrecer sus servicios funerarios a los miembros de las Fuerzas Armadas Mexicanas en activo o retiro, pensionistas y derechohabientes en el territorio nacional. La información relativa a los servicios funerarios, incluidos sus crematorios está en http://www.todopormexico.org/t13783-convenio-issste-e-issfam.

El Departamento de Servicios Funerarios del Issfam señala en la página 27 de su guía de trámites que tienen los servicios de incineración:

En el Cementerio Militar de Tlalpan, DF, y velatorio de Puebla: orientación y gestión de trámites, servicio de velación, cremación, únicamente en Puebla, traslado de cuerpo y transporte de dolientes, así como venta de gavetas y nichos, con la cuota mínima por concepto de mantenimiento...

Esto demuestra, según el doctor Jorge Antonio Montemayor Aldrete, del Instituto de Física de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), que su hipótesis va por buen camino. No puede ser que personas que no pertenecemos a la Sedena tengamos más información. La ciencia no nos deja mentir. Nuestras hipótesis se confirman con datos experimentales, dice en entrevista con La Jornada.

Añade: Desafortunadamente no existe otra posibilidad que este tipo de crematorios. Si las autoridades hubieran dicho que los jóvenes fueron enterrados en el desierto y se encontraron sus huesos, sería otro el camino. Pero en cuanto dijeron que fueron incinerados en el basurero de Cocula, de acuerdo con las leyes de la física, química y ciencia en general, es imposible que fueran cremados allí, ni con madera ni con llantas. Ya lo demostramos. Por tanto, tienen que haber sido incinerados en un crematorio. ¿Y quién tiene posibilidad de tenerlos para usarlos de manera discreta? Sólo el Estado.

El convenio entre el Ejército y el Issste para utilizar sus crematorios contempla otra posibilidad, según el doctor Montemayor Aldrete: Esto abre otra línea de investigación, porque ahora tenemos que buscar también en los crematorios del Issste, institución que permite que en sus crematorios incineren cadáveres de personas relacionadas a la vida militar, ya sea militares o parientes.

El investigador se muestra interesado por el desarrollo de está nueva variante de investigación. Es buscar el uso de crematorios en toda esa zona, privados, del gobierno, como el del Issste, y crematorios militares. Simplemente, lo mismo que hemos propuesto, que la Sedena informe sobre sus consumos de gas, del ingreso de los cadáveres, éste tiene que tener una serie de papeles, como actas de defunción, razón de la muerte, fotos, permisos... Vamos a ver cuántos cadáveres cremó el Issste en tales fechas. Y luego pediremos los expedientes de cada una de esas cremaciones.

A quien también es maestro de termodinámica en la UNAM le llama la atención que la Sedena niegue la existencia de los crematorios: No entiendo. El propio Ejército proporciona servicios de cremación y eso está en una ley reglamentaria vigente. Da la impresión de que quisieran tapar algo. Es igual que la conducta del procurador Murillo Karam a quien ya se le demostró científicamente que no pudo haber sido la cremación en el basurero de Cocula, no entendemos por qué insiste si es imposible.

El general José Francisco Gallardo Rodríguez afirma, en entrevista con La Jornada, que conoce perfectamente las instalaciones militares y puede afirmar de manera categórica que el Ejército sí tiene crematorios.

Yo vi uno a espaldas de la cocina de la prisión del Campo Militar Número Uno. La chimenea del horno crematorio está simulada con otra de la cocina.

El general Gallardo fue preso político durante nueve años, de 1993 al 7 de febrero de 2002, por exigir la creación de un ombudsman militar: En una ocasión me recargué en la pared y se sumió, le quité el tapiz y allí estaban los hornos crematorios, como los que se ven en Auschwitz, dice en relación con el campo de extermino construido por el régimen nazi.

Añade: Yo lo vi, lo toqué, metí la mano en el horno, de hecho eran dos. El Ejército no puede decir que no tiene hornos crematorios, claro que los tiene. Varios. Yo voy y les digo donde. Como de que no. Dudo que lo hayan quitado. De hecho, hice un informe dirigido al director pidiendo que se destruyeran los crematorios, porque a mí a cada rato me amenazaban con eso. El director me confesó que desconocía que existieran. A veces ni el alto mando sabe, pero allí están.

El general Gallardo muestra un documento donde dice que esa prisión del Campo Militar Número Uno se creó para encarcelar a la disidencia: Ese documento me lo encontré en la biblioteca de la prisión, donde me mandaban castigado. ¡Hágame el favor! De hecho se sabía que en ese crematorio incineraron a personas de la matanza estudiantil del 68.

Gallardo Rodríguez es un disidente del Ejército aún perseguido, amenazado de muerte, pero convertido en símbolo de la defensa de los derechos humanos, actividad que le ha generado consecuencias en su vida personal y profesional por enfrentarse al gran poder del Ejército.

La Secretaría de la Defensa Nacional siempre lo negará, aunque exista evidencia. Pero claro que tiene crematorios. También niegan tener prisiones con civiles, pero yo estuve preso nueve años y vi gente encarcelada. Es más, les digo donde están esas prisiones y hornos clandestinos. En el Campo Militar Número Uno hay sótanos con gente presa. A mí me metieron en uno, desnudo, y había civiles. Vi cables, botes de agua, todo lo que usan para la tortura. Pensé que me iban a matar.

Según su experiencia, en los cuarteles militares ubicados en el estado de Guerrero hay prisiones clandestinas con personas consideradas por el Estado como disidentes: De hecho han exhumado restos de algunos cuarteles en Guerrero.

El expediente del general Gallardo ha sido atendido por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Amnistía Internacional y otras organizaciones que han emitido recomendaciones que el Estado mexicano se ha negado a atender debidamente para restituirle sus derechos, retirados de manera ilegal hace 20 años.

Considera que el Ejército no se abrirá para la investigación sobre la desaparición forzada de los 43 estudiantes de Ayotzinapa: ¿Quién puede hacer semejante desaparición? Todo apunta hacia el Ejército. El primer día de los hechos de Iguala yo dije: fue el Ejército. Son los únicos responsables porque tienen militarizado todo el Estado. ¿Quién es el máximo responsable? El comandante supremo de las fuerzas armadas, Enrique Peña Nieto.

Su hipótesis del exterminio de los normalistas de Ayotzinapa es clara: El gobierno tiene catalogadas las normales rurales como focos de disidencia. Es un crimen de lesa humanidad, porque es el exterminio de un grupo específico de población como el de Ayotzinapa. Aquí se tutela un manto de impunidad que ha permitido estos crímenes. Es necesario que el Ejército se someta al poder civil del Estado, pero mientras no haya una reforma del Ejército esto no se va a solucionar. Así que tendrán que intervenir los organismos internacionales para investigar este crimen, el Ejército no lo va a permitir.

Y concluye: México es una sociedad militarizada hasta la médula.