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Los artistas emprenden su quinta temporada, ahora con carta de residencia oficial

La utopía teatral del Carretón del Desierto retoma su periplo por el norte de México

Entre los retos de este año se plantean superar la cifra de 79 comunidades rurales visitadas con su propuesta de marionetas, teatro guiñol, malabares circenses, canto y música

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Kasia Sek y vuelven con su teatro trashumante y dejan huellas de cultura con la esperanza de que hay algo más que narcocorridos y cuernos de chivo que imponen su ley en estas desérticas tierrasFoto Jaime Hevia
Corresponsal
Periódico La Jornada
Lunes 16 de marzo de 2015, p. a10

Zacatecas, Zac.

Sin presupuesto, oficial ni privado, prosigue su viaje a ninguna parte y a todos lados, de pueblo en pueblo, hasta donde los caminos rurales y las agrestes terracerías lo permitan.

La utopía teatral está lista para seguir su periplo.

A su regreso de Polonia, donde visitó a su familia, Kasia Sek estuvo más de cuatro semanas tirada en cama, atacada por una severa gripa que contrajo aquí. Recuperándose como pudo, dejó la fría capital de Zacatecas y se adentró junto con su compañero, el madrileño Jaime Hevia, en el desierto semiárido que comparten San Luis Potosí, Zacatecas y el sur de Coahuila.

La pareja de artistas llegó de Europa con nuevos bríos, para emprender la quinta temporada del Carretón. Hay un motivo formal: la Secretaría de Relaciones Exteriores, por conducto del Instituto Nacional de Migración, extendió a los creadores escénicos su carta de residencia oficial en México: ya no serán turistas extraños que con su teatro trashumante recorren cientos de kilómetros de caminos rurales y brechas con la finalidad de llevar alegría, esparcimiento y cultura a los habitantes del semidesierto mexicano.

Con su documento de residentes, ahora Kasia y Jaime se perciben como más mexicanos. No ocultan el orgullo de sentirse rancheros y de adoptar la cultura del chile, la tortilla de maíz y el té de hojasén.

Para este 2015, entre los retos que se plantean está superar la cifra de 79 comunidades rurales visitadas con su propuesta de marionetas, teatro guiñol, malabares circenses, canto y música.

Setenta y nueve comunidades rurales las que ya tocó con su arte elemental y penetrante el Carretón del Desierto.

Algunas de éstas, incluso, las han repasado hasta cuatro o cinco veces, porque donde el camino rural se acaba, o la terracería se topa con la nada al pie de un cerro o un monte, obliga al binomio artístico a dar media vuelta en su peregrinaje teatral.

Por eso más de 45 rancherías se han visto beneficiadas con una nueva función porque, aclara Jaime Hevia, procuramos nunca repetir una misma obra; improvisamos, rescribimos, presentamos cosas distintas a los que ya nos vieron.

A petición de La Jornada, el creador español elabora una lista –con apoyo de Kasia Sek– sobre las comunidades específicas que ellos presumen que son los ranchos donde nos recuerdan.

En San Luis Potosí han visitado 35 comunidades rurales de nueve municipios: Los Catorce, Santa Cruz de Carretas, Estación Catorce, Estación Wadley, Margaritas, Guadalupe del Carnicero (Maroma); Puerto de las Vacas, (Ranchito de Coronados), El Mogote, La Cardona, Presa de Santa Gertrudis, Guadalupe Victoria, Coyotillos, Lajas, El Hospital, Noria Pinta, San Juan del Tuzal, El Tajo, El Cedazo, Cerritos de Bernal, El Tepetate, Santa Ifigenia y San Francisco.

También en suelo potosino han recorrido La Victoria, Juan Sarabia, El Estribo, Mezquite Verde, La Herradura, Zaragoza, Socorro de Dios, San Antonio del Mesquite, La Villa de Santo Domingo, San Matías, San Nicolás, El Sabino y El Ciriaco.

En Zacatecas el Carretón del Desierto ha llevado su arte a 36 comunidades rurales, de una decena de municipios: Sierra Hermosa, Sarteneja, Pabellón Dolores, San Andrés, Efigenia, Aldea de Codornices, Concha de la Norma, Felipe Carrillo Puerto, Agua Nueva, Charquillos, Mariana, Nuevo Mercurio, Bandería 2, Gruñidora, Noria del Junco, San Antonio, Estación Camacho, Cañada Blanca y Estación San Isidro.

También, en la tierra del poeta jerezano Ramón López Velarde, Jaime Hevia y Kasia Sek se han presentado en las localidades de Pancho Villa, El Tigre, Lagunilla, La Pendencia, Nuevo Tampico, El Vergel, Tecolote, Arroyo Seco, Candelaria, El Cardito, La Presita, El Calabazal, Majoma, Noria de San Jerónimo, San Miguel y Matamorillos.

En Durango, Kasia y Jaime pudieron tocar seis comunidades del municipio de San Juan de Guadalupe: El Floreño, El Durazno, La Rosita, Cerritos, El Zorrillo y El Perdido.

Y en Coahuila estuvieron en el municipio de Viesca, en dos demarcaciones: Bajío de Ahuichila y Cinco de Mayo.

Lo más sorprendente y loable, para propios y extraños, es que tan impresionante itinerario lo ha realizado el Carretón del Desierto sin apoyo gubernamental. Admirable es que un par de extranjeros, enamorados de los ranchos de México, lo hagan en esas condiciones, salvo la beca que el Ministerio de Cultura de Polonia les asignó en 2013.

En espera de apoyo

Vamos por el quinto año y por el momento seguimos sin apoyo de ninguna institución, afirma Jaime Hevia. No es que no requieran presupuesto, pero los institutos de cultura de México, en los municipios y los estados donde han trabajado, no les han tendido la mano. Ellos esperan. Las necesidades son muchas, pero no es el dinero el que los mueve.

Sin embargo, como ocurrió al ser dada a conocer su historia en La Jornada –el 3 de junio de 2014–, cuando decenas de lectores preguntaron, ¿dónde puede hacerse un donativo a esta compañía?, Jaime y Kasia ya abrieron una cuenta.

Los interesados en colaborar económicamente con ellos deben enviar un correo electrónico a su contacto, Sacha Requena Ortega: [email protected], para recibir los datos de la cuenta bancaria.

Se ha iniciado la segunda quincena de febrero y en Sierra Hermosa, municipio de Villa de Cos Zacatecas, el Carretón del Desierto está listo para su quinta temporada, a pesar del mal tiempo, pues las temperaturas aquí todavía son gélidas, incluso al mediodía.

En estos montes y valles áridos del país, aún deberán trascurrir muchas semanas para que el invierno ceda.

Mientras hierve el puchero de conejo en una olla de peltre, sobre las brasas ardientes de la leña, Kasia Sek repasa con Jaime Hevia el guión de sus presentaciones, lo corrigen, rescriben la historia de este teatro trashumante que deja huellas de cultura en estos pueblos polvorientos, así como la esperanza de que hay algo más que los narcocorridos que hasta la saciedad repite la radio comercial y de los cuernos de chivo que imponen su ley en estas desérticas tierras.