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Ver día anteriorLunes 23 de marzo de 2015Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Sucesión acelerada

A

presurado por la seria anemia financiera del gobierno del estado, que de seguir no tardará en convertirse en una crisis política y de viabilidad de gestión, el proceso sucesorio estatal podría provocar una honda fractura entre los grupos priístas que disputan la candidatura a la gubernatura de 2016, que durará sólo dos años, y la de 2018.

Dos años parecen poco tiempo para consolidar una administración pública que de entrada sanee las finanzas y limpie lo que tenga que limpiar, reponga el déficit en obras y servicios y recupere la confianza de la población al obligar a rendir cuentas a los responsables de la actual contingencia y de la corrupción en general. De acuerdo con los propios priístas, quien consiga el cargo el año entrante no contará con el tiempo ni recursos para dar vuelta al actual estado de cosas.

Más bien ese periodo se aprecia como la etapa previa en la cual deberán generarse condiciones de gobernabilidad para el sexenio 2018-2024; es decir, si el gobernador de dos años pertenece al mismo grupo, la minigubernatura sería la antesala de un gobierno de ocho años.

Ese es un escenario indistinto para todos los partidos políticos, pues aunque el tricolor tiene desde el gobierno una ventaja teórica, la realidad de agobio económico es un reto para todos y una desventaja adicional para el partido gobernante, al cual se ve como responsable de una inédita situación que ha obligado al gobierno de Javier Duarte a replantear el gasto público en lo que resta de su gobierno, no como una manera saludable de cerrar la cortina, sino simplemente para sobrevivir y evitar la debacle absoluta.

Por lo pronto, la lista de aspirantes a enfrentar este escenario incluye a José Yunes Zorrilla, Héctor Yunes Landa, Gerardo Buganza Salmerón, Ranulfo Márquez Hernández, los eventuales diputados federales Alberto Silva, Érick Lagos y Jorge Carvallo, por el lado del Partido Revolucionario Institucional. Entre los panistas figuran Juan Bueno Torio, Miguel Ángel Yunes Linares o alguno de sus hijos, Víctor Serralde y hasta Julen Rementería tendrán que lidiar con desaveniencias internas para no fisurar un partido que, como sea, ha crecido electoralmente en años recientes.