Directora General: Carmen Lira Saade
Director Fundador: Carlos Payán Velver
Suplemento Cultural de La Jornada
Domingo 29 de marzo de 2015 Num: 1047

Portada

Presentación

Bazar de asombros
Hugo Gutiérrez Vega

Pasolini, el manierismo
y la gente pobre

Annunziata Rossi

Voz y poesía femeninas de
los Pueblos Originarios

Herlinda Flores

Efímero eterno:
mariposas de
Carmen Parra

Vilma Fuentes

Entre los seres humanos
Kostas Sterguiópoulos

Leer

Columnas:
Bitácora bifronte
Jair Cortés
Mentiras Transparentes
Felipe Garrido
Al Vuelo
Rogelio Guedea
La Otra Escena
Miguel Ángel Quemain
Bemol Sostenido
Alonso Arreola
Las Rayas de la Cebra
Verónica Murguía
Cabezalcubo
Jorge Moch
La Casa Sosegada
Javier Sicilia
Cinexcusas
Luis Tovar


Directorio
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La Jornada Semanal

 

Jorge Moch
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Traición sin castigo (y omisión delictuosa)

En memoria de don Benito, cuyos
restos se revolcaron inquietos
cuando los “honraron” los más
deleznables traidores a la patria
que hemos padecido en siglos

México está siendo víctima desde hace décadas de flagrantes actos de traición cuyos perpetradores, casi todos abusando de facultades que les otorgamos (al menos en teoría) al prestarles nombramientos de primordial delicadeza y muchas veces ligados a la seguridad nacional, en otra época hubieran terminado ante un pelotón de fusilamiento. Pero es tal la enajenación, la tugurización y la idiotez de vastos, mayoritarios quizá, sectores de la población que, agachones y sumisos, no solamente hacemos la vista gorda, sino que a veces hasta los aplaudimos, los admiramos, los llegamos a reverenciar en un ceremonial absurdo que quizá remonta al caciquismo ancestral o a la patraña de la superioridad racial ibérica sobre la mesoamericana porque subyace una traslación de inmerecidas potestades: del aparcero y el hacendado al gobernador o el secretario de Estado; del virrey al presidente. Aguanten, m’ijitos, parece ser la histórica, paradójica, matriarcal divisa que contiene la rabia colectiva con diques de convenientes (al régimen) corrección y mesura dictadas por la virgen de Guadalupe, virreina María Luisa Manrique de Lara y Gonzaga, Angélica Rivera o Carmen Salinas. La televisión como medio masivo de comunicación por excelencia en México y administrada discrecionalmente desde el poder por medio de concesiones turbias, ya sabemos, es vocería oficial de esos regímenes de traidores. Por eso allí nadie nos va a decir que el cretino arrogante que todos admiran al entrar a un restaurante, sólo por ser banquero y trabajar para extranjeros es un traidor a la patria. Un vendido al que le importa un carajo exprimir hasta la extenuación a millones de connacionales víctimas propicias de la más vulgar usura mientras su banco hace agua en su propia matriz pero de México el mejor de sus negocios; bancos españoles, estadunidenses, ingleses, chinos o simplemente multinacionales que tienen serios problemas de operación –por fraudulentos, por onerosos– reportan en sus corresponsalías mexicanas ganancias tan fructíferas que se convierten en momentáneas tablas de salvación para la industria de la basura. Perdón: usura.

Tampoco hablará mal la televisión – y ahora tampoco la radio, tembeleque como ha quedado después del zarpazo dado hace poco al periodismo de investigación desde esa misma presidencia pestilente con el affaire Aristegui– del presidente que autoriza extranjeros armados en nuestro suelo; aplaude la privatización del agua y la venta a trasnacionales petroleras del único recurso en que México es todavía al menos un depósito preponderante: los hidrocarburos. No van a machacar los medios masivos audiovisuales sobre la deshonrosa venta y privatización de nuestros litorales; adiós, gracias al tonto de Los Pinos, a ese México en que ningún connacional y mucho menos un extranjero podía prohibirle el paso a un mexicano a una playa, una isla, una rompiente… ahora los hoteleros pueden cerrarnos el paso. O pedir cuota, como parece ser el fin de todo el entramado podrido del gobierno mexicano en todas sus rapacerías aunque las cometan en salones privados, oficinas lujosas y con perfumados monigotes de corbata y peinado relamido.

Se callarán seguramente los corifeos del sistema la aberrante traición al pueblo del embrutecimiento sostenido, participarán felices en el operativo baba según parecen diseñados la mayoría de los programas que avientan al aire. Seguirán al aire las jetas nefandas de las Lauras Bozzo y las Rocíos Sánchez y seguirá importándole más al grueso de nuestra pobre gente pobre que Patricia Chapoy y Atala Sarmiento hablen a cuadro de quién se la metió a la esposa de quién en la farándula o quién sale del clóset y de ninguna manera de las fosas clandestinas en Veracruz, Guerrero o Sinaloa. La ineptitud de Javier Duarte, el cinismo de Luis Videgaray, la supina ignorancia de lo que es México en el mismo Enrique Peña Nieto seguirán sucumbiendo al resultado de la liguilla o si a Kim Kardashian se le salió una teta del vestido. Los maestros, los jornaleros en San Quintín, los presos políticos, los normalistas de Ayotzinapa, los huérfanos de Pasta de Conchos, las muertas de Juárez y el Estado de México o los niños de la guardería abc seguirán siendo “pequeñas” incomodidades que mejor será poner de lado. Asunto de unos cuantos. Daño colateral en una operación a gran escala de corrupción, prostitución, venta y a la larga muerte de eso que alguna vez nos enseñaron que debíamos amar y proteger hasta con la propia vida.

Malditos traidores.