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Los invisibles pierden a su cronista
Nunca fue tan impune la tecnología del terror en el manejo del mundo: Galeano

Los indignados, consideraba en una entrevista de 2012, se sacudieron la cultura del miedo

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Eduardo Galeano visitó en marzo de 2009 La Jornada. Lo acompañan Carmen Lira, directora general del diario; Elena Gallegos, Blanche Petrich y Rosa Elvira VargasFoto José Núñez
Ericka Montaño Garfias
 
Periódico La Jornada
Martes 14 de abril de 2015, p. 6

En octubre de 2012, Eduardo Galeano concedió una entrevista a La Jornada con motivo de la publicación de su libro Los hijos de los días, y se publicó en estas páginas el día 26). El tema central fue la memoria, pero también la esperanza en los jóvenes, en todos esos movimientos que ocurrían en ese momento encabezados por ellos.

El párrafo final de la entrevista publicada dice así: “La verdad es que quizá la mejor noticia que el mundo nos ha dado en los años recientes, de lejos la mejor noticia, es la aparición del movimiento de los indignados, que es básicamente juvenil –aunque hay indignados de todas las edades, por suerte–, pero es sobre todo de jóvenes y ocurre justo cuando parecía casi unánime la certeza de que a ellos no les importaba nada la política, que cada quien se miraba su ombligo en éxtasis, y no les interesaba nada lo que ocurriera con los demás. Demostraron que eso era falso en México y en todas partes”.

Aquí la continuación de ese diálogo:

Eso da un poco de esperanza, reconoció, aunque “no me gusta la gente que tiene esperanza full time. Desconfío mucho de los optimistas full time; yo soy optimista, pero te diría: más o menos a la hora del desayuno soy bastante optimista, ya en el mediodía empiezo a caerme, a veces en las tardes cuando el sol cae soy terriblemente pesimista, después, cosa rara, en la noche me alumbro y vuelvo a ser optimista full time.

“Además, a los optimistas full time no les creo nada porque tengo la sospecha, no hay prueba ni evidencia científica, de que son las mujeres y los hombres de madera que los dioses mayas crearon por error, cuando estaban queriendo hacernos, porque se morían de aburrimiento y hartos de ver siempre las mismas caras, los mismos temas; decidieron crearnos para divertirse un poco.

Todas las pruebas les salieron mal, hasta llegar al maíz, por eso tenemos todos los colores, porque somos hechos de maíz; pero antes, en el camino de los errores, crearon seres de madera que no tenían desaliento porque tampoco tenían aliento, y no tenían tampoco nada que decir, y por lo tanto no hablaban y los dioses querían charlar, entonces los destruyeron.

–Vivimos en una época de nuevos dioses en genética, política, economía...

–Es verdad, nos tienen de conejos de Indias. Creo que eso es así y que quizá nunca fue tan impune la tecnología del terror en el manejo del mundo. Este es un mundo condenado al miedo continuo, ese sí que es full time.

“Entonces estamos condenados a padecerlo como si fuera una enfermedad incurable; yo digo que no es incurable, pero no hay que vivir presos del miedo, porque el miedo te paraliza. Frente a esto, está lo que decía don Simón Rodríguez por allá de 1830, 1840, y te lo diría en un lenguaje más actual, más nuestro: lo que podemos hacer es pensar con nuestras propias cabezas, sentir con nuestros propios corazones y caminar con nuestras propias piernas.

“Para poder llegar al fondo de nosotros mismos y para poder proyectarnos hacia delante, rumbo hacia una sociedad que sea solidaria y justa, creo que hay que sacarse de encima todas esas taras heredadas de los tiempos coloniales, de la cultura de la impotencia, que es una cultura del miedo. ‘Mucho cuidado, porque si lo haces la pagarás’, por eso nadie se anima a nada. Y ahora surgen los indignados en estos últimos años”.