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Los invisibles pierden a su cronista
Voz valiente e insobornable
 
Periódico La Jornada
Martes 14 de abril de 2015, p. 6

Voz valiente e insobornable, cazador de la palabra cruel, con una gran facilidad para la comunicación, lo que le permitió poner en las manos del público la historia de América comprensible y estremecedora. El periodista y escritor uruguayo Eduardo Galeano (1940-2015) es recordado por colegas e intelectuales.

Hugo Gutiérrez Vega, poeta y director de La Jornada Semanal: En primer lugar, Galeano es una de las voces esenciales de América Latina. Voz valiente, insobornable, crítica, siempre en contra del neoliberalismo y a favor de las causas populares, de la autonomía y soberanía de nuestros pueblos. En ese sentido es ejemplar, en su obra eso está presente, es una constante de su preocupación humana e intelectual. Hay otro aspecto, un aspecto literario. Creo que Galeano es uno de nuestros mejores escritores, y quisiera tratar un aspecto especial: su conocimiento a fondo de la literatura latinoamericana, podríamos decir iberoamericana para incluir a Portugal y Brasil. Un conocimiento profundo, una erudición vastísima que manejaba con extraordinaria habilidad y que no era pesada ni mucho menos, ni presuntuosa. La utilizaba para dar fuerza a su argumentación y lo hacía con claridad, con gran penetración y agudeza. Estos son los aspectos fundamentales de la vida y la obra de este defensor de la soberanía de América Latina, y de las luchas populares en muchos pueblos. Este gran escritor y gran conocedor de la historia de la literatura de nuestros países.

Alfredo López Austin, historiador: Que su palabra perviva, que su memoria continúe su obra.

Hermann Bellinghausen, periodista: Eduardo Galeano fue como los indios: cazador-recolector. A escala continental, entrañable y heroica. Cazaba sin misericordia la palabra cruel y la idiota del opresor y sus imperios. Recolectaba con tino extraordinario las voces de los pueblos y sus verdaderas historias, tan portentosas. Escuchó con atención de reportero, humildad de compañero y delicadeza de poeta de los pueblos originarios; en ninguna otra esfera humana encontró mayor originalidad ni comparable intuición poética que en los mitos, cantos, hechos y sueños de guaraníes, mayas, mapuche, miskito, aymara, kuna. Sus mejores libros están poblados de ellos.

Pescaba al pasar, escudriñaba, cosechaba tesoros preciosos por la vía de la miniatura. Siempre a la mano de un cuaderno diminuto, Pulgarcito en sus manos grandes, donde anotaba con letra diminuta los inagotables detalles luminosos de los más pequeños. Chispazos, revelaciones milenarias que metía en un mismo dedal con las luchas y fatigas del presente. Perfeccionó una magia especial para unirlas en un solo lienzo, cargado de belleza y sentido, con precisión de orfebre mayor de nuestra lengua. Galeano es el puente que da constancia poética a la historia oral y universal de las Américas.

Elena Poniatowska, periodista y escritora: Eduardo Galeano puso en nuestras manos una historia de América comprensible y estremecedora. Galeano recogió episodios, sentimientos e ideas de nuestra historia que más lo impactaron y nos las devolvió de modo que no se nos olvidara. (tomada de su cuenta de Twitter)

Jaime Labastida, poeta y director general de Siglo XXI Editores: Es el autor emblemático de Siglo XXI. Lo hemos publicado de manera ininterrumpida desde 1971. Tenemos 14 títulos suyos, precisamente la obra completa de Eduardo está publicada por Siglo XXI, desde Las venas abiertas de América Latina hasta dos más que vamos a publicar en breve, que escribió mientras estaba enfermo. No dejó de trabajar. Uno de los títulos, Mujeres, está a punto de aparecer; el otro, El cazador de historias, se va a publicar en dos o tres meses.

Galeano tiene una enorme facilidad para la comunicación. No le puedes llamar cuentista, no era propiamente un narrador, sino que era una persona que a partir de alguna anécdota, algún hecho, reflexionaba sobre él y hacía un texto breve, pero que tenía el doble aspecto de conmover y de atraer por el contenido del mismo. Creo que inventó una especie de género específico para él, estos pequeños cuadros, llamémolos de esa manera, sobre cualquier cosa que quiera saber. Sus libros son heterogéneos, por eso hablan de muchos temas, pero en todos ellos no hay un dato frío o escueto. Lo que hay es la opinión suya, su punto de vista. Por eso sobre todo los jóvenes se acercaron con tanto cariño a la obra de Eduardo y sus libros se han mantenido en el gusto del público por más de 50 años, sin perder un átomo de atractivo.