Sociedad y Justicia
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Manuel Rodríguez cumplirá un siglo de vida en septiembre

Decano del IPN lleva 51 años cultivando conocimientos

En 1964 entró al instituto, donde ha formado a 43 generaciones

 
Periódico La Jornada
Lunes 20 de abril de 2015, p. 39

Cuando sus alumnos hablan de él, lo hacen con orgullo. A unos les ha enseñado a querer al Politécnico y hay quienes creen que su trayectoria es un ejemplo. Esos halagos no son lo que le impide retirarse a Manuel Rodríguez Alanís, decano del Centro de Estudios Científicos y Tecnológicos (Cecyt) 14 Luis Enrique Erro, pues piensa que moriría al día siguiente de que deje de trabajar. Así que no cree que la jubilación sea para él. Este 2015, el Instituto Politécnico Nacional (IPN) cumple 79 años, pero el profesor llegará a 100.

En realidad no parece temer a la muerte. Si tiene oportunidad, hasta se burla un poco de su edad. “En el periódico leí que hace poco murió la persona más longeva del mundo –Gertrude Weaver, quien llegó a 116 años– y dije: ‘ah, miren, todavía me quedan 17 por delante’”.

Al menos 43 generaciones de estudiantes fueron formados gracias a sus clases de historia en este Cecyt. También ha enseñado literatura, aunque desde 2007 dejó la docencia y se concentra en sus labores de decano.

Desde luego, es el trabajador en activo más grande del instituto. Pero también es, según los registros, el más longevo en la historia politécnica. Eso sí, no usa bastón y tampoco computadoras.

Durante una entrevista realizada en una sala del Cecyt que lleva su nombre, Rodríguez Alanís narra que se convirtió en decano en 1992, cuando ya llevaba 28 años trabajando en el Politécnico, al que ingresó en 1964 como docente.

Nació en El Oro, estado de México, el 23 de septiembre de 1915. Pretendía ser sacerdote y en 1929 fue a España a estudiar con los maristas. Una enfermedad lo obligó a volver a México, donde se preparó para lo que comprendió que era su vocación: enseñar.

Metódico y longevos

De niño jugaba a ser maestro y se le volvió profesión en 1942, cuando se graduó de la Escuela Normal de Querétaro de Arteaga. Luego obtuvo las especialidades de maestro de historia por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en 1953, y maestro en lengua y literatura por la Escuela Normal Superior de la Secretaría de Educación Pública (SEP), en 1962.

En 1939 se casó y de ese matrimonio nacieron siete hijos, uno de los cuales vive actualmente con él y lo lleva cada mañana al Cecyt. Tiene 11 nietos y ocho bisnietos.

Proviene de una familia longeva, pero él atribuye su buen estado de salud a que es un hombre metódico. Se levanta temprano, reza y a las nueve ya está en su oficina. Llega un poco más tarde que otros funcionarios de esta escuela, porque las autoridades le tienen esa consideración.

Su labor consiste en mantener al día el archivo histórico del Cecyt, además de que, como los otros 58 decanos del instituto, es responsable de dar a conocer el pensamiento y la filosofía que dieron origen al IPN.

También suele recorrer los salones para hablar con los alumnos, pues considera que éstos tienen mucha ignorancia acerca de la historia del instituto.

Si bien algunas fechas y números se enredan en su memoria, Rodríguez Alanís habla del pasado con soltura. Charla de los 12 directores que ha tenido el Cecyt, de las mudanzas que la escuela vivió hasta llegar a su actual sede, ubicada en el norte de la ciudad, y recuerda que las mesas de la sala de juntas son las mismas que se mandaron a hacer cuando nació la escuela, sólo que las recortaron para adaptarlas al nuevo espacio.

De hechos más recientes también conversa y se refiere al movimiento estudiantil del año pasado, cuyo origen, cree, estuvo en que quizá no se había escuchado a los alumnos como debe ser.

Otra de las responsabilidades del decano es organizar la ceremonia de entrega de diplomas a los jóvenes que terminan sus estudios. Entre ellos está Aura Itzel Trujillo, que próximamente egresará. Ella lleva cuatro meses tratando de cerca a Rodríguez Alanís, pues con él realiza su servicio social. Dice que ha aprendido a valorar a su escuela al conocer la historia que cuenta el decano.

En el patio están otros alumnos del Cecyt. Es raro el que no conoce al decano. Todos expresan respeto por él, aunque algunos ríen al señalar que en las ceremonias a veces los agobia con tanta información histórica que les quiere dar. No obstante, eso no impide que sea visto como toda una celebridad, pues cuando presentan a los funcionarios de la vocacional él se lleva los aplausos y no son pocos los jóvenes que se le acercan para tomarse una selfie a su lado.

Manuel Rodríguez Alanís cree que lo que ha hecho en sus 51 años de servicio en el Poli es cultivar conocimiento, y sabe que eso es para bien.