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El escritor vuelve a la escena pública luego de la crisis de salud que sufrió a principios de año

Lectores envuelven con respeto y cariño a Sergio Pitol en la FILU

Palabras de ánimo y deseos de una recuperación total recibió el premio Cervantes en el módulo de Era, donde firmó ejemplares y se tomó fotos con sus seguidores

Le encanta estar en contacto con la gente; permanecerá en la feria el tiempo que quiera, comentó Guillermo, su ayudante

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Aquí va a estar todos los días de la feria; no tiene ninguna obligación de estar, pero le gusta venir; le da mucho gusto que lean sus libros, señaló comentó Guillermo, quien desde hace años ayuda a PitolFoto Sergio Hernández Vega
Corresponsal
Periódico La Jornada
Lunes 27 de abril de 2015, p. 7

Xalapa, Ver.

Sergio Pitol regresó a la escena pública, acogido por sus lectores. Una vez superada su etapa critica de salud, que a principio de año lo mantuvo hospitalizado, el autor de El arte de la fuga no faltó a su cita con la Feria Internacional del Libro Universitario (FILU), donde suele ser anfitrión de escritores y autores.

El viernes pasado, primer día, hizo una breve aparición en la ceremonia de inauguración de la feria. Pero este sábado y domingo su presencia fue prolongada en el estante de la Editorial Era, donde ha publicado todos sus títulos.

Ayer arribó al gimnasio Omega, donde se desarrolla la FILU, a las 11:30 horas, e inmediatamente se ubicó en el espacio que la editorial dispuso para él.

Detrás de la sencilla mesa de madera se ve tranquilo, con buen semblante. Lleva un pantalón gris y una camisa de manga larga azul. El saco, que combina con el pantalón, termina en el respaldo de la silla.

No pasan ni 10 minutos y los asistentes ya se percatan de su presencia, e inician una salutación que incluye palmadas, fotografías, firma de libros y frases de aliento para el escritor de Autobiografía soterrada.

Los universitarios, y yo también, deseamos que se recupere completamente. Lo felicito mucho, mis mejores deseos. Muy gentil, que esté muy bien, le dice un hombre de edad adulta que se acerca para estrechar su mano y tomarse una foto.

Qué gusto saludarlo; qué gusto que esté bien, le dice después una mujer que pasa por el pasillo y, sin dudar, interrumpe su camino para saludar al autor.

Minutos después, una pareja de jóvenes se acerca al estante y, frente a Pitol, disertan sobre qué título adquirir. Él los observa en silencio. Se deciden por Cuerpo presente y lo llevan ante el escritor. En ese momento, Guillermo, el chofer y asistente de Pitol desde hace años, quien todo el tiempo permanece pendiente de sus necesidades, se acerca y pone delante suyo una tira de papel donde se lee: Sergio Pitol. El acto va acompañado de un aquí estás.

Pitol atiende la indicación y comienza a copiar su nombre, en la primera página del libro. Un acto tan sencillo es toda una odisea para el escritor. Pero no se rinde y atiende a sus lectores. El autógrafo se cierra con una sonrisa cómplice entre él y sus lectores.

Un hombre que pasea por los pasillos de la FILU, acompañado por su hija, reconoce al autor de Domar a la divina garza. Se acerca y le pide que se tome una fotografía con él.

Antes de marcharse, pregunta al escritor por un título adecuado para que su hija comience a leerlo. Pitol escucha; con una seña llama a Guillermo. Con un ademán pide atender la pregunta del hombre, quien repite la petición, y el asistente indica que El viaje puede ser una opción.

Mientras el hombre y Guillermo discuten los títulos adecuados para una potencial lectora de Pitol, la joven en cuestión toma uno de los libros que hay sobre la mesa: El desfile del amor.

Sergio Pitol se percata del hecho y señala con entusiasmo el libro elegido por la joven. Ella se intimida, parece no entender el gesto de aprobación del autor.

El padre de la chica regresa con El viaje entre sus manos. Es el ejemplar que se compra, y que Pitol firma.

El gimnasio Omega, que por primera vez alberga la FILU, tiene un techo de lámina. Eso, aunado a la onda de calor que azota Veracruz, hace que la temperatura supere 30 grados centígrados en el lugar, estadística poco usual en Xalapa, lugar de clima templado.

Sergio Pitol dice a su asistente: Agua, agua, y con sus índice y pulgar señala que poquita. Diligente, el auxiliar va por una botella.

Poco después, el encargado del estante de Era lleva un ventilador de pedestal hasta donde se encuentra el escritor. El artefacto tiene apenas tiene cinco minutos conectado cuando Sergio Pitol se pone de pie, coge el saco que ha puesto en el respaldo de su silla y se lo pone.

Con un ademán, señala el artefacto para explicar que le causa frío.

El escritor tiene apenas 20 minutos en el lugar, pero la venta de sus libros ya ha generado algunos espacios vacíos en la mesa de exhibición. Entonces, sin que nadie se lo pida, va a la parte más baja del librero que se erige detrás de él y acomoda nuevos títulos. Le gana el brinco a su asistente y al empleado de la editorial.

Una persona más lleva hasta él El mago de Viena. Lo toma entre sus manos, lo mira por unos instantes, regresa la vista a su interlocutora y le dice con entusiasmo, algo que fonéticamente suena muy similar a la palabra Viena. Sonríe. Lo firma.

¿Cuánto tiempo pasará Sergio Pitol en el estante de la Editorial Era? Su auxiliar responde que cuanto él quiera. Aquí va a estar todos los días de la feria, porque le encanta estar en contacto con los lectores. No tiene ninguna obligación de estar, pero le gusta venir; le da mucho gusto que lean sus libros.

El autor de El arte de la fuga, afectado por una fuerte hemorragia interna, ingresó al hospital Ángeles, en la capital del estado, el pasado 2 de febrero, y debió permanecer una semana en la unidad de terapia intensiva.

El incidente desató las críticas de su familia hacia los cuidadores del escritor. Luis Demeneghi Colina, su primo hermano, acusó a los tutores de haber descuidado la salud del premio Cervantes e hizo público un diagnóstico médico, donde se advertía que el galardonado escritor había perdido sus facultades mentales.

Las aseveraciones de los familiares desencadenaron una respuesta del ámbito intelectual. Escritores como Margo Glantz, Juan Villoro y Elena Poniatowska defendieron la lucidez y capacidad de autodeterminación del autor de No hay tal lugar.

Sus amigos advierten que si bien el escritor padece una afasia progresiva que ha disminuido su capacidad del habla y de escritura, coinciden en que mantiene la lucidez y que es capaz de leer y de comunicarse mediante gestos.

Cuestionado sobre la polémica a su alrededor, el auxiliar de Pitol confirma que durante su recuperación el escritor y traductor ha tenido tiempo de leer los periódicos y enterarse de lo ocurrido. Informa que por el momento su familia no lo visita. El autor vive con sus cuidadores.

Si bien antes de su presencia en la FILU Pitol había tenido dos breves apariciones públicas en pequeños foros locales, y algunos transeúntes habían tenido la suerte de encontrarlo caminando en las calles del centro de Xalapa, es en este encuentro donde sus lectores han podido apapacharlo a sus anchas.