Directora General: Carmen Lira Saade
Director Fundador: Carlos Payán Velver
Suplemento Cultural de La Jornada
Domingo 3 de mayo de 2015 Num: 1052

Portada

Presentación

Bazar de asombros
Hugo Gutiérrez Vega

En memoria de Ramón Martínez Ocaranza
Evodio Escalante

FINI: Festival
Internacional
de la Imagen

Wendy Selene Pérez

Un encuentro entre
la idea y la imagen

Francisco García Noriega

Helena Araújo, una
Scherezada en el trópico

Esther Andradi

Leer

Columnas:
Tomar la Palabra
Agustín Ramos Aguilar
Jornada Virtual
Naief Yehya
Artes Visuales
Germaine Gómez Haro
Bemol Sostenido
Alonso Arreola
Paso a Retirarme
Ana García Bergua
Cabezalcubo
Jorge Moch
Prosaismos
Orlando Ortiz
Cinexcusas
Luis Tovar


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La Jornada Semanal

 

Jorge Moch
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Twitter: @JorgeMoch

En este país de fantasía

En este país de fantasía un infame político oportunista y derrochador se casa por conveniencia con una actricilla de telenovelas y consolidan así alianzas entre partidocracia y oligarquía mediática. Sólo en un país de fantasía, un mirrey, un yúnior, un mentecato prepotente como Manuel Velasco se exhibe y promociona, aunque diga gobernar uno de los estados más pobres, en onerosas campañas propagandísticas por todo el país. Sólo en un país de fantasía un personaje así, rinconero, aparece retratado hasta en el transporte público de otras ciudades, y se le sigue mediáticamente, “tendiendo la cama”, según el argot político, para posibles sucias tretas venideras de repetición de imposiciones siguiendo el patrón del éxito comercial y mediático que supuso la unción de Enrique Peña Nieto y Angélica Rivera hoy dedicados al expolio nacional. En un país de fantasía la estampa es de una ridiculez surrealista: un gobernador chiapaneco viste de charro jalisciense, y son vitoreados los novios al salir de la iglesia, obligatoriamente acompañados de un obispo (que no casa a cualquier hijo de vecino, sino a pura gente bonita, claro) por indígenas en vestidos típicos que los bañan en pétalos de flores; un bello cuadro que es montaje vergonzoso y contiene los mismos elementos ruines del mitin oficialista por antonomasia en México: gente pobre, miserable, sin futuro, acarreada, vendida la dignidad por una migaja, convertida en utilería de escenario para el lucimiento de un par de sátrapas que nunca van en realidad a hacer nada por ellos, para sacarlos de su pobreza, su ignorancia útil, de la encrucijada de lo ilegal como herramienta de supervivencia.

En este país de fantasía el opio de los pueblos se enseñorea en estupores y la mitología guadalupana es más importante que la realidad. El futbol es más importante que la realidad. Los chismes de la farándula son más importantes que la realidad. La realidad es otra cosa distinta a lo que sea que vivimos los habitantes de este país de fantasía; nimias cuitas y padecimientos: el quehacer cotidiano de criminales impunes que operan en una curul o en las esquinas del  barrio; las trácalas de corruptos funcionarios que toman el dinero público para dilapidarlo en lujos frívolos; la amenaza constante de soldados, marinos y policías armados hasta el colodrillo porque hay otro contingente de sicarios igual, armado, cruel y violento acechándonos. La realidad “verdadera”, aquella que se adopta por decreto, la pintan la televisión, la radio, los anuncios que bombardean a la multitud enardecida con la película de acción del momento, con el partido de la liguilla o con la visita de un pontífice. Si se cruzan en el camino un desastre natural, un terremoto en las antípodas, un tsunami que barre con la otra mitad del planeta, incendios forestales remotos o un oportuno accidente abundoso en muertes internacionales como un avionazo o el hundimiento de un paquebote atestado pues qué mejor: el sufrimiento ajeno siempre nos causa esa mezcla peculiar de susto, morbo y secreto y mezquino disfrute tan propia de la condición humana, pero sobre todo seguirá acaparando nuestra atención, llevándosela lejos de esos infelices burócratas rateros, de los mirreyes abusivos, de la cleptocracia instalada en prácticamente todo instituto político y que parece dedicada solamente, en lugar de gobernar, de administrar con recato dineros públicos y colectivos, a cocinar complicidades con una oligarquía empresarial, comerciante y agiotista cuya voracidad no parece encontrar satisfacción y cuyo implícito reconocimiento a los mayoritarios sectores poblacionales de los que paradójicamente se alimenta y enriquece sin medida es el simple desprecio: en un país de fantasía un senador, en la sesión que legisla contra la corrupción, hojea catálogos de yates de precio estratosférico. Un senador que es, por cierto, líder presunto de una agrupación obrera…

Porque sólo en un país de fantasía la hermana de conocidos narcotraficantes violentos, y esposa del principal indiciado –e indiciada también ella– en el secuestro y la desaparición documentada de decenas de estudiantes, aún estando presa, a saber por qué turbios y malolientes mecanismos “jurídicos” presume falta de pruebas en su contra y encuentra de pronto, en lugar de una condena carcelaria equivalente a la perpetuidad, un resquicio legaloide hacia la libertad comprada. Porque en este país de fantasía, fuera de la tele es el infierno.

A menos que se disponga de ese dulce coctel de poder y dinero.