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El historiador habla de su trabajo más reciente, La casa de las once puertas

Carlos Martínez Assad rinde homenaje a la necesidad de recordar frente al olvido
Merry MacMasters
 
Periódico La Jornada
Miércoles 10 de junio de 2015, p. 5

Un homenaje a la memoria, a la necesidad de recordar frente al olvido, en un país donde aquélla es frágil.

Así es como el historiador Carlos Martínez Assad (Amatitán, Jalisco, 1946) concibe su más reciente libro, la novela La casa de las once puertas (Seix Barral).

Se trata de la crónica de una familia libanesa-mexicana, cuyo antecedente es En el verano, la tierra; incluso aparecen los mismos personajes.

Respecto de la fragilidad de la memoria en México, Martínez Assad expresa a La Jornada que no es así en todos lados: Quizá en una relación más próxima un francés está muy consciente de cuando Francia fue monarquía y está muy claro el reinado de los luises. En los países de Medio Oriente, tan vilipendiados por muchas cuestiones, un niño de ocho años tiene una claridad sobre la línea del tiempo, porque finalmente en la ciudad de la antigua Biblos un niño de 11 años puede decir, nosotros vivimos aquí desde hace 7 mil años, en Damasco es lo mismo. Es decir, hay una conciencia muy fuerte de un pasado remoto.

Sin atreverse a ser muy drástico en las comparaciones, el historiador, especialista en el tema de la inmigración libanesa a México, reflexiona: Sobre todo cuando pensamos en las luchas sociales en México, nos parece que hay escasa memoria de las que han librado los ferrocarrileros o los mineros de los años 50 del siglo pasado. Como que simplemente está en el olvido, a lo mejor reforzado por la historia oficial que tal vez es la que primero se aleja de eso, pero también hay la historia comprometida que esquematiza para hacer más contundente sus afiliaciones. Eso, creo, contribuye a esa pérdida de la memoria del pasado.

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Nos parece que hay escasa memoria de las luchas de los ferrocarrileros o los mineros de los años 50 del siglo pasado, expresa Carlos Martínez Assad a La JornadaFoto María Meléndrez Parada

Aunque eso podría ser parte de la explicación, para Martínez Assad es algo más profundo.

Muchos mestizajes

En su carácter de profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México, se da cuenta cuando los docentes les hablan a los alumnos de algo muy cercano, como los sucesos del 68.

No hay una idea muy precisa del asunto, no porque la historia oficial se los haya negado, sino porque no vivo algo que estimule más, que muchas voces hablen sobre el asunto. Están las voces de los ex líderes que hablan con frecuencia, pero no es lo único que puede dar el contexto general a la sociedad.

La casa... alterna las historias de una familia forjada por un inmigrante libanés establecido en un lugar apartado como la Huasteca hidalguense, con la voz de un profesor bilingüe, náhuatl-español, de origen campesino, que narra las luchas por la tierra en la región en que coinciden históricamente en la misma época.

Esos libaneses, cristianos orientales de rito maronita, contribuyen a la diversidad cultural de México. “Es muy difícil a los mexicanos –afirma– aceptarnos como parte de un conglomerado más universal. El punto es que todo mundo acepta claramente el mestizaje, pero éste fue una consigna estatal desde el siglo XIX; somos hijos de indios y españoles”.

Hay muchos mestizajes, libaneses, judíos, franceses, italianos, estadunidenses. Es impresionante todo lo que México ha elaborado de estas culturas muy diferentes que trajeron otros pueblos.