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Es poca la investigación que se ha hecho de ellos, afirma Gastón Guzmán Huerta

De cien mil especies de hongos de México, sólo se conocen tres mil

Descomponen la materia orgánica de bosques, jardines y terrenos baldíos para reincorporarla al suelo, explica el micólogo

Son bioindicadores del grado de perturbación de un hábitat

De la Redacción
 
Periódico La Jornada
Viernes 7 de agosto de 2015, p. 2

Pese a su capacidad de descomponer la materia orgánica –hojarasca, ramas y troncos– de los bosques, jardines y terrenos baldíos, para reincorporarla al suelo, en los estudios de la diversidad biológica en general, los hongos no son tomados en cuenta, en parte por las pocas investigaciones que se han hecho acerca de ellos, señaló Gastón Guzmán Huerta, de la Unidad de Micología del Instituto de Ecología de Xalapa, Veracruz.

Son organismos independientes de los vegetales y de los animales, por su naturaleza química, nutrición y reproducción, por lo que constituyen el reino fungi, para diferenciarlo de los reinos vegetal y animal. El micólogo Guzmán Huerta estima que en México hay más de 100 mil especies, de las que se sólo se conocen cerca de tres mil.

En un bosque o jardín, gracias a los hongos, se forma el humus –sustancia rica en carbono orgánico–, pero también hay algunos que viven de las raíces de las plantas, en una relación de ayuda mutua; se trata de los hongos micorrícicos, vitales para el mantenimiento de los bosques. La conservación de esos organismos dependerá de la preservación de su hábitat. Contaminación, deforestación y urbanización son los principales factores que los ponen en riesgo de desaparecer.

Liquen en los árboles

Los hongos y los líquenes –asociados con algas– pueden ser bioindicadores del estado en que se encuentran los hábitats, debido a que algunas especies indican el grado de perturbación o inalterabilidad de una formación vegetal, ya sea bosque o selva. Un ejemplo es un liquen que crece sobre la corteza de los árboles formando círculos blancos alternados con círculos rojos, de 2 a 5 centímetros de diámetro, cuya presencia indica que el bosque de niebla o mesófilo de montaña está poco alterado; su ausencia es señal de la alteración del ecosistema.

Lo que comúnmente se conoce como hongo, por ejemplo, las setas o los champiñones, son en realidad fructificaciones, en las que están las células reproductoras que forman las esporas, mediante las cuales se dispersa. El verdadero hongo es una masa algodonosa blanca, llamada micelio, por el que se absorben las sustancias nutritivas del sustrato en el que crece.

Para su estudio, los hongos son clasificados por el tamaño de sus fructificaciones: micromicetos, los que no las tienen o son microscópicas, como los mohos, las levaduras, los parásitos de plantas, animales y hombre, y macromicetos, los que tienen fructificaciones visibles.

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Las setas y champiñones son fructificaciones del hongo. La imagen, en Bocoyna, ChihuahuaFoto Notimex

Además, las fructificaciones son la base para identificar a qué especie pertenecen, aunque en el caso de las especies comestibles y de las venenosas no hay una regla en particular; únicamente la experiencia, como la de los campesinos, que para identificar un hongo comestible toman en cuenta el color de la fructificación, el cambio de la misma al maltratarse, el olor y el sabor.

Guzmán Huerta, integrante de la Academia Mexicana de Ciencias, estima que en México –en bosques, praderas, jardines y zonas desérticas– hay más de 200 especies de hongos comestibles, las cuales dependen de la humedad, por lo que crecen, generalmente, en la temporada de lluvias.

La principal línea de investigación de Guzmán son los hongos macromicetos y el inventario de los mismos. El libro Identificación de los hongos (1977), el primero de su tipo en México y en América Latina, da nociones elementales para que el lector pueda distinguir cada especie sin necesidad de recurrir a su análisis al microscopio.

El biólogo, que se ha dedicado desde 1963 al estudio de los macromicetos, también publicó Hongos de parques y jardines y sus relaciones con la gente, así como Los hongos de El Edén, que representó una primera contribución para conocer los hongos tropicales del país.

Los venenosos no crecen en jardines

Entre los planteamientos de esos trabajos, destaca que no todos los hongos son venenosos y que ninguno de los que son mortales crece en parques y jardines.

Por su toxicidad los hongos pueden ser agrupados en tres categorías: gastrointestinal, cerebral y mortal. Los primeros se manifiestan media hora después de ingerirlos, con vómitos y diarreas; la persona se recupera tras vomitar o al recurrir a lavados intestinales. Los de tipo nervioso, conocidos como alucinógenos, provocan una intoxicación de tipo cerebral media hora después de la ingestión y se manifiestan con alucinaciones; los trastornos duran aproximadamente cinco horas, después de las cuales se vuelve a la normalidad.

Respecto de los mortales, que en México son tres especies fáciles de distinguir por el color blanco de todas sus partes, la intoxicación se manifiesta 24 horas después de ingerirlos, con vómitos y diarreas sanguinolentas, ya que la sustancia tóxica –un alcaloide– ataca el hígado.

También están los medicinales contra la diarrea, purgantes o que coagulan la sangre de heridas.