Política
Ver día anteriorViernes 14 de agosto de 2015Ver día siguienteEdiciones anteriores
Servicio Sindicado RSS
Dixio
La Habana-Washington, la difícil relación

Las negociaciones se llevaron a cabo en Haití, bares de Manhattan y Santo Domingo

Revelan el papel de la intervención divina en el restablecimiento de las relaciones
Foto
La imagen del líder Fidel Castro es una constante en negocios y casas de Cuba. Como en este establecimiento, que da la bienvenida a los visitantesFoto Ap
 
Periódico La Jornada
Viernes 14 de agosto de 2015, p. 4

Una reunión secreta del cardenal cubano Jaime Ortega con el presidente Barack Obama en la Casa Blanca, la participación de varios jerarcas católicos estadunidenses y un senador, e intercambios anteriormente no conocidos entre importantes diplomáticos de Washington y La Habana, son algunos de los nuevos detalles sobre la negociación confidencial que culminó con el restablecimiento de las relaciones desde 1961, revelaron dos expertos de la historia diplomática entre ambos países.

Peter Kornbluh, director del proyecto sobre Cuba del Archivo Nacional de Seguridad, y el profesor e historiador William LeoGrande, de American University –coautores del libro Back channel to Cuba, the hidden history of negotiations between Washington and Havana–, dieron a conocer, horas antes de izarse la bandera estadunidense en la embajada de Estados Unidos en Cuba, nuevos detalles claves de los intentos secretos para encarrilar las negociaciones sobre la normalización de las relaciones diplomáticas.

Esas negociaciones culminaron en diciembre del año pasado, cuando Obama y el presidente de Cuba, Raúl Castro, sorprendieron al mundo el 17 de diciembre de 2014 al anunciar las negociaciones para poner en marcha su decisión de restablecer las relaciones diplomáticas.

Diálogos confidenciales durante dos años

Entre los nuevos detalles, publicados hoy en un artículo en la revista Mother Jones, se revela que antes de las negociaciones encabezadas por dos funcionarios de la Casa Blanca que concluyeron con el anuncio de diciembre de 2014, dos importantes funcionarios de la secretaria de Estado Hillary Clinton –su jefa de equipo Cheryl Mills y la subsecretaria asistente para asuntos del hemisferio occidental, Julissa Reynoso– ya habían conducido un diálogo secreto durante dos años con sus contrapartes en el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba.

Estas pláticas anteriores, realizadas en Haití, bares en Manhattan y en un hotel en Santo Domingo, se enfocaron en buscar un acuerdo para canjear al prisionero estadunidense Alan Gross por los Cinco de Cuba, encarcelados en Estados Unidos. Después de su relección, Obama y su nuevo secretario de Estado, John Kerry, continuaron promoviendo ese diálogo.

Kerry, según los autores, había sido un crítico de la política hacia Cuba y fue clave como legislador en la normalización de relaciones con Vietnam (es un veterano condecorado de esa guerra), y deseaba hacer lo mismo con Cuba. Sin embargo, cuando se inició una nueva ronda de pláticas con Cuba en junio de 2013, estas fueron encabezadas por un pequeño grupo de la Casa Blanca dejando fuera casi hasta al final al Departamento de Estado.

Además de otros detalles anteriormente revelados, incluida la extraordinaria hazaña bilateral para lograr que la esposa de Gerardo Hernández, uno de los Cinco, fuera embarazada a larga distancia, de intercambios entre los gobiernos sobre la salud de Gross, las presiones aplicadas a Obama por legisladores, y hasta una campaña de cabildeo financiada por millonarios, y con la participación de la Cámara de Comercio, a favor de un giro en la política, Kornbluh y LeoGrande revelan nuevos detalles (ya se sabía del papel del Vaticano) de lo que llaman una intervención divina –o sea, el papel de la Iglesia católica, sobre todo del papa Francisco.

De hecho, en parte por las relaciones cercanas del jefe de equipo de la Casa Blanca Denis McDonough con la jerarquía católica estadunidense, la Casa Blanca dio entender al Vaticano que Obama estaba interesado en abordar el tema de Cuba con el Papa durante su visita a Roma en marzo de 2014.

Al mismo tiempo, el senador Patrick Leahy (quien fue clave en todo este proceso, incluido el lograr el embarazo a larga distancia) envió un mensaje al cardenal de Cuba Jaime Ortega pidiendo que animara al Papa a interceder y, con otros, reclutaron a otros cardenales estadunidenses –incluidos el de Boston y el de Washington– para que abordaran con el Papa la necesidad de ayudar a Obama a proceder a dar un giro en la política estadunidense hacia Cuba.

Cuando Obama se entrevistó con el papa Francisco en el Vaticano, el enfoque fue sobre las relaciones bilaterales con Cuba como el papel de interlocutor que el Papa podría jugar en las pláticas secretas. Poco después, el Papa empezó a alentar a Obama y Castro a resolver el asunto de los prisioneros y proceder a una nueva fase –todo en cartas enviadas personalmente a través del cardenal Ortega a Castro y Obama, obligando un viaje especial del cardenal cubano a Washington para cumplir con su misión.

En agosto, la Casa Blanca organizó una reunión secreta en el Jardín de Rosas entre Obama y el cardenal Jaime Ortega, en la que este último le entregó la carta personal del papa Francisco ofreciendo asistencia para promover pláticas con Cuba.

Poco después, en octubre, fue en el Vaticano que ambos lados elaboraron su acuerdo final sobre el intercambio de prisioneros y la restauración de relaciones diplomáticas, escriben.

El artículo completo