Opinión
Ver día anteriorSábado 29 de agosto de 2015Ver día siguienteEdiciones anteriores
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México SA

Débito público: siempre sí

Récord de endeudamiento

SHCP: magia y más magia

A

penas concluía el Lupe-Reyes, cuando el siempre exacto ministro del (d) daño anunció que para 2015 la decisión clara del Presidente de la República es que cualquier necesidad de ajuste por una disminución de los ingresos habrá de acomodarse reduciendo el gasto público, de tal suerte que el gobierno ni lejanamente recurriría al endeudamiento para tapar eventuales agujeros en las finanzas nacionales.

Esas fueron sus sabias palabras, pero información oficial de la Secretaría de Hacienda (en la cual se supone despacha Luis Videgaray) revela que en los primeros siete meses de 2015 la deuda pública federal se incrementó en 665 mil 300 millones de pesos, un aumentó de 9 por ciento con respecto al cierre de 2014, con lo que el saldo de dicho débito alcanza proporciones históricas.

Qué bueno que el ministro prometió exactamente lo contrario, independientemente de que el recorte presupuestal sí se llevó a cabo. La Jornada (Israel Rodríguez) lo resumió así: “al cierre de julio de 2015, el saldo de la deuda interna neta del sector público federal –que incluye a la del gobierno federal, las empresas productivas del Estado y la banca de desarrollo– aumentó 262 mil 100 millones de pesos en comparación con el saldo registrado el cierre de 2014, para ubicarse en 5 billones 66 mil 300 millones de pesos. Por su parte, el saldo de la deuda externa neta del sector público federal se incrementó en 12 mil 700 millones de dólares con respecto al cierre del año pasado, y se ubicó en 158 mil 300 millones de dólares”.

Por lo anterior, “el saldo histórico de los requerimientos financieros del sector público ascendió a 8 billones 111 mil 400 millones de pesos y fue superior en 665 mil 300 millones de pesos al de diciembre de 2014, precisa el Informe sobre Finanzas Públicas y Deuda Pública a julio de este año. Así, la deuda pública federal, en su sentido más amplio, supera 45 por ciento del producto interno bruto, cerca de 10 puntos porcentuales más que al inicio del gobierno peñanietista.

Así, en 2015 la deuda pública federal ha crecido a un ritmo cuatro veces mayor que el de la economía, de tal suerte que, como lo revelan las cifras de la propia Secretaría de Hacienda, las promesas del ministro son hechos consumados e inobjetables sus verdades, como en el caso del jacalito de Malinalco, en el que el conflicto de intereses fue una simple invención de los envidiosos y resultó inexistente el trato preferencial (Virgilio dixit) que le dio el contratista consentido del inquilino de Los Pinos y amigos que lo rodean.

Sólo para la memoria, en lo que va del sexenio peñanietista la deuda pública federal, en su sentido más amplio, aumentó 2 billones 221 mil millones de pesos (equivalentes a un crecimiento de 37 por ciento, o si se prefiere a un ritmo 20 veces mayor que el de la economía), y como en los mejores actos de magia nadie sabe nadie supo dónde quedó el dinero.

Ya entrado en gastos, el fabuloso ministro se reunió con senadores tricolores y sus rémoras verdes –como en días pasados lo hizo con los diputados de las mismas tonalidades–, ante quienes repitió el numerito de enero de 2015: el Presupuesto de Egresos de la Federación (ahora el correspondiente a 2016) será austero; el gobierno federal se apretará el cinturón ante la caída de los ingresos y la producción petrolera; el gasto público será menor (haremos más con menos, un chiste, dicho sea de paso, que se escucha desde tiempos de Miguel de la Madrid); no se incrementarán los impuestos ni se crearán nuevos gravámenes; y (¡sorpresa!) no aumentará el endeudamiento.

Lo que sí planea –aunque no se conocen cifras detalladas– es un tijeretazo al gasto en servicios personales (léase nómina burocrática, pero a la de abajo y/o a la de honorarios, desde luego; la dorada se mantendrá aceitada e intocada), o lo que es lo mismo un recorte de trabajadores al servicio del Estado. De hecho, ya comenzaron con los petroleros.

Videgaray dijo a senadores tricolores y verdes que la estimación del precio del petróleo de exportación será cercana a 50 dólares por barril (ayer cerró en 40.45 dólares), pues el gobierno federal logró concretar la negociación de las coberturas petroleras, en 49 dólares. También, que se prevé una producción diaria promedio de crudo de 2.4 millones de barriles, aunque ahora a duras penas llega a 2.2 millones.

Por el lado del tipo de cambio, a dichos senadores les repitió que la estimación oficial será con base en la evolución que ha tenido el peso frente al dólar, cuya depreciación ha sido considerable en los últimos días, aunque hoy se está apreciando una relativa apreciación (sic) del peso mexicano al mayoreo y estamos otra vez por debajo de los 16.80 pesos. Al menudeo ayer cerró en 17.05 pesos. Lo peor del caso es que aseveró que pese a la depreciación del peso, la economía ha crecido y los efectos del encarecimiento del dólar no se reflejan en otras variables económicas. Entonces, ¡agárrense!

Para Videgaray la preocupación de los mexicanos por el tipo de cambio se debe a que en las ocho ocasiones en que el peso se devaluó, se tradujo en fuertes crisis. Ello no ocurre más; desde 1994 en que se estableció un tipo de cambio libre y el valor del peso mexicano ya no lo determina el gobierno federal. Sin embargo, convenientemente olvidó la crisis de 2008-2009, cuando el peso se desplomó y junto a él la economía completita, a tal grado que la mexicana fue la caída más drástica de América Latina y una de las más graves del mundo.

De la chistera, una vez más, el susodicho aseguró que está creciendo el empleo, baja el desempleo (la desocupación, en todo caso, no el desempleo), y crece también el consumo de las familias mexicanas, debido que hay un sistema de tipo de cambio libre. Esa depreciación del peso frente al dólar implica buenas noticias para algunos y malas para otros. En el primer caso para las exportaciones del sector manufacturero y las remesas que se reciben de Estados Unidos. Los importadores de bienes de consumo y una serie de industrias enfrentan problemas por el encarecimiento del dólar (La Jornada, Andrea Becerril y Víctor Ballinas).

En fin, las palabras de siempre con el consabido resultado de siempre, en el entendido de que el platillo predilecto del gobierno es el de lengua.

Las rebanadas del pastel

Si el futuro inquilino de Los Pinos está entre quienes forman parte del gabinetazo peñanietista (el ratificado y el actualizado), entonces, simple y llanamente, el país está jodido.

Twitter: @cafevega