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Los países ¿emergentes?
E

stá quedando claro que en el pasado cercano el llamado BRIC resultó una ocurrencia de la superficialidad del análisis de Goldman Sachs (GS), que en un arrebato creyó que el potencial económico de Brasil, Rusia, India y China era tal, que se convertirían en las cuatro economías dominantes hacia 2050. El BRIC asumió acríticamente que sería el grupo que describía GS. Este mostruo financiero que en 2008 dejó de ser un banco de inversión por los gravísimos problemas por los que pasaba, aseguraba también que México y Sudáfrica eran comparables al grupo BRIC, pero no los incluía ahí porque ya formaban parte de la OCDE.

Brasil está comenzando a zozobrar en una recesión que puede durar dos años o más y la vuelta no será para alcanzar altas tasas de crecimiento. Rusia, siempre un tanto opaca respecto de su estado económico interno, parece cruzar un periodo recesivo, sin dejar de ser una economía singular, con un sector de muy alta tecnología en la industria aeroespacial y en la industria de guerra, pero no es claro el efecto que ha producido en su economía la caída de su ingresos por la exportación de granos, petróleo, gas y oro, en el que alcanza grandes volúmenes, y cuál el impacto que le han causado las imperialistas e infames restricciones económicas de EU y de la UE (aunque Alemania lo hace un tanto a regañadientes).

Brasil hizo una hazaña: 27 millones de personas dejaron de ser pobres y entraron a la clase media en escasos cuatro años, mediante un esfuerzo impresionante de descenso de la desiguadad. El ingreso de 10 por ciento más pobre subió 50 por ciento, mientras el ingreso del 10 por ciento más rico subió 7 por ciento en seis años, entre 2000 y 2006.

Admirabilísimo. Pero una coyuntura internacional favorable no hace verano. La casi una década de altos ingresos por exportaciones no fue suficiente para sentar bases de un crecimiento sostenido de largo plazo.

Sólo a GS se le ocurrió poner en el mismo plano las economías de China, India, Rusia y Brasil. China es una economá sólida, la economía más grande del mundo, y los problemas de corto plazo que enfrenta en este momento hacen cimbrar a la economía internacional.

Después de casi 15 años de expectativas optimistas ha aparecido una nueva realidad: los mercados emergentes pasan serias dificultades (BRIC más otros tercermundistas latinoamericanos y más allá). La superficialidad del neoliberalismo no tiene paralelo: los adictos a esta nueva fe aún viva creían que Brasil, Rusia, Turquía, India, serían los nuevos motores de la economía mundial. Tendrían un crecimiento rápido e indefinido.

Pero, hoy casi todos ellos han disminuido el ritmo de su crecimiento y los inversionistas retiran sus capitales, en parte impulsados por las expectativas de que la Reserva Federal de EU aumente sus tipos de interés en septiembre, o un poco más tarde, y debido a las complicaciones de la coyuntura china. Sus monedas se han devaluado, y la eterna corrupción más sus no escasos problemas políticos abruman el ánimo y el discurso en economías como Brasil y Turquía.

Es claro que nunca hubo datos sólidos que explicaran el crecimiento de los países emergentes. Sus altas tasas de interés se explicaban no por una transformación de su estructura productiva, sino por una acelerada demanda interna impulsada por auges temporales de los precios de los productos básicos y niveles insostenibles de endeudamiento originado en las fuertes entradas de capital externo.

Sí, en los mercados emergentes, como Brasil o Sudáfrica, con diferencias notables entre países, hubo alguna exapansión de las clases medias. Pero sólo una microscópica proporción de la fuerza de trabajo de estas economías labora en empresas de alta tecnología y alta productividad. La mayoría sigue bregando en empresas informales, de baja productividad y bajos ingresos.

A diferencia de esos emergentes, Corea del Sur y Taiwán crecieron gracias a una veloz industrialización; se ha repetido hasta el cansancio: las claves principales para el crecimiento de las economías en desarrollo son la adquisición masiva de habilidades y una educación de alto nivel, apoyada en conocimiento de avanzada, la mejora efectiva de las instituciones democráticas y la gobernanza, así como la transformación estructural que permita la transición desde actividades de baja productividad a las más productivas (lo que es característico de la industrialización), con un abatimiento drástico del enorme obstáculo que representa la desigualdad.

En los emergentes no habrá desarrollo efectivo sobre la base de periodos de auge de los precios de las materias primas, altas exportaciones coyunturales y altos intereses que atraigan al capital externo. Una coyuntura así igualmente se deshace y todo vuelve a su lugar tercermundista.

México se halla quizá un paso adelante de las características señaladas de los emergentes, a pesar de la pesada política neoliberal. No debido a ella. No es un país rural exportador de materias primas. Sino un país manufacturero, exportador de manufacturas. Sus exportaciones manufactureras supera a la suma de las exportaciones manufactureras del resto de América Latina y el Caribe. Pero la industria manufacturera exportadora tiene una tenue relación con el resto de la economía. Sí que podría, con instituciones de gobierno de gran calidad, superar la dualidad del sector manufacturero y crear un sistema educativo de alto nivel, desde el prescolar hasta el posgrado. Pero, es una tarea del Estado. El mercado tendría entonces un camino que seguir.