Opinión
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Agrotóxicos y cáncer

Marco Buenrostro y Cristina Barros
E

l aumento de diferentes enfermedades que hoy nos aquejan tiene relación con el creciente uso de químicos en los procesos de producción agrícola, entre ellos los fertilizantes, los plaguicidas y los herbicidas. Por la urgencia de extraer más ganancia a corto plazo, se abandonaron técnicas como la rotación de cultivos o abonar la tierra y dejarla descansar. El pretexto fue paliar el hambre y eso no se ha cumplido.

Estudios científicos citados por David Servan Schreiber en su libro Anticáncer (Editorial Planeta, 2009) muestran que la incidencia de cáncer ha aumentado a partir de 1940 en los países industrializados. Entre 1975 y 1994, en Estados Unidos aumentó la tasa de cáncer más de 17 por ciento entre las mujeres menores de 45 años; en Francia el incremento ha sido de 60 por ciento en los últimos 20 años.

Annie Sasco, de la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer de la OMS, señala que comparando los mismos grupos de edad, el mayor número de cánceres de mama, próstata y colon corresponden al mundo industrializado occidental. No se debe a la genética; la propia OMS concluyó que los factores externos, tales como el modo de vida y el medio ambiente, pueden llegar a influir en 80 por ciento de los cánceres. (World cancer report, 2003). La misma OMS señala que el glifosato, herbicida que se utiliza para matar las plantas que nacen alrededor de los monocultivos, el mismo que acompaña siempre a la siembra de maíz transgénico, y que se usa para acelerar la maduración del trigo y ablandar su tallo –siempre en favor de las ganancias de las empresas– puede ser cancerígeno.

La relación entre el cáncer pulmonar y el tabaco se evidenció 20 años antes de que se aceptara y se tomaran medidas para prevenirlo. Sabemos que muchos científicos a modo niegan la relación entre el cáncer y el uso de agrotóxicos; como dijo Upton Sinclair, a quien cita Servan Schreiber: No es fácil conseguir que alguien entienda algo, cuando su salario depende de que no entienda. El sector industrial dice enséñenme los cadáveres, comenta el profesor John Wargo del Departamento de Estudios Medioambientales de la Universidad de Yale, a lo que responde: no quiero que jueguen con la salud de mis hijos de esta manera.

Ante la posición de que faltan evidencias científicas, una persona respondía: para cuando las haya ya estaremos muertos. No podemos esperar. Es indispensable que la sociedad reaccione y participe. Si aumenta la demanda de productos orgánicos, cuya producción es vocación de los campesinos mexicanos, se puede reducir sus costos y ponerlos a disposición de las mayorías.