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Lady Macbeth de Mtsensk es un grito en favor de la libertad y el respeto a las personas

Ópera de Shostakovich denuncia el machismo reinante en Rusia ayer y hoy
The Independent
Periódico La Jornada
Viernes 2 de octubre de 2015, p. 5

Londres.

La noción de que la ópera es un entretenimiento frívolo y glamuroso para la élite social y cultural podría ser un estereotipo conveniente, pero para quienes la han experimentado nada parece estar más alejado de la verdad. La vasta mayoría de óperas se refieren a temas reales y relevantes. El amor y la muerte, la religión y el sexo, el poder, la amistad y la traición son preocupaciones fundamentales de la condición humana, y escucharlas expresadas en las voces elementales de la música y el drama es hacer una conexión profunda y disfrutable con su significación.

Lady Macbeth de Mtsensk, de Shostakovich, es un ejemplo perfecto. El compositor pretendía que fuese la primera de cuatro óperas enfocadas en los predicamentos de las mujeres en distintas épocas de la historia rusa. Quiero escribir un Anillo de los Nibelungos soviético, expresó. Será una tetralogía operática sobre las mujeres. El éxito inicial de Lady Macbeth fue asombroso: tuvo más de 200 funciones sólo en su primer par de años. En un punto Moscú tuvo tres producciones separadas en escena al mismo tiempo.

Sin embargo, para las autoridades soviéticas el feminismo era un concepto amenazador. Unos días después de que Stalin se salió de una representación de la ópera, Pravda la describió como un cacofónico y pornográfico insulto al pueblo soviético. El mensaje del artículo era inequívoco. A menos que el compositor de esta ópera degenerada cambiara sus modos, las cosas podrían salir muy mal. La obra fue prohibida y Shostakovich se volvió enemigo del pueblo. Jamás escribió otra ópera.

Existe algo desconcertante en la naturaleza extrema y drástica de la respuesta oficial a la obra. Tomada en sí misma, la historia de Lady Macbeth de Mtsensk puede ser vista como un argumento perfectamente válido en pro de la necesidad de derrocar a la autocracia zarista rusa. Y la música no ofrece un desafío particular a quienes a la sazón creían que las óperas debían ser melodiosas y populares. Más bien, fue resultado de haber tocado un botón mucho más delicado.

Lady Macbeth de Mtsensk ocurre en una ciudad provinciana, de mentalidad estrecha y sofocante mediocridad, donde los personajes masculinos son idiotas impotentes, rufianes violentos o ambas cosas, y casi todas las mujeres son víctimas de abuso físico y emocional. De hecho, todos los cambios significativos que Shostakovich realizó al cuento de Nikolai Leskov en el que se basa la ópera aumentan nuestra comprensión de Katerina, la triple asesina en cuestión, y nos alienta a sentir simpatía hacia ella como víctima de sus circunstancias y condiciones. Es posible un giro de los acontecimientos en el que el asesinato no sea un crimen, escribió Shostakovich. Desborda toda su compasión en música de ternura y belleza tan sublime, que al escucha le queda poca opción que alinearse con la pasión de Katerina, su sensibilidad, amor, sexualidad, vulnerabilidad, dignidad y fortaleza. El compositor estuvo de acuerdo en que un nombre más apropiado para la obra habría sido Desdémona o Julieta de Mtsensk.

Shostakovich escribió que la ópera es el verdadero y trágico retrato del destino de una mujer talentosa, inteligente y notable, que perece en las condiciones de pesadilla de la Rusia prerrevolucionaria. Dedicada a su nueva novia, sin duda se refiere en parte al poder que tiene el amor, en especial el nuevo amor, de conducirnos a actos extremos e irracionales. Pero la justificación extra que da a los crímenes de Katerina muestra que la obra es también sobre la opresión de las mujeres en general. Quería desenmascarar la realidad, dijo Shostakovich, y generar un sentimiento de odio hacia la atmósfera tiránica y humillante del hogar de un comerciante ruso.

Situada en el siglo XIX, escrita en el XX y representada en el XXI, Lady Macbeth permite ahora al público de la Ópera Nacional Inglesa defender con más fuerza que nunca la continua relevancia de la ópera. Unas 14 mil rusas mueren cada año a causa del abuso doméstico, crimen que no está clasificado como tal en aquel país. Si te golpea es que te ama es incluso un proverbio ruso. En su libro Sexo, política y Putin, Valerie Sperling sostiene que la sexualización contemporánea de figuras políticas, en particular la imagen machista del presidente Putin, refuerza las normas de género en Rusia, que son misóginas y se usan como plataforma para alcanzar el poder.

Al sentenciar en fecha reciente a las integrantes del grupo de punk-rock Pussy Riot, el juez alegó que en el fondo de sus creencias contra la religión, y por consiguiente de su crimen, estaba el feminismo. La implicación es que las mujeres son peligrosas a menos que estén en el hogar, un hogar que, en Lady Macbeth, Katerina encuentra intolerablemente aburrido y supresivo. No es raro que a Stalin no le haya gustado.

Las revoluciones políticas pueden ser rápidas, pero al parecer la evolución social es un proceso más prolongado. Lady Macbeth de Mtsensk es un grito de auxilio, una demanda de libertad personal, y de respeto a los derechos del individuo. Es un grito que en algunos lugares aún no es escuchado. La historia muestra que es fácil desoír la historia. Nuestra capacidad de corregir los errores del pasado es más limitada de lo que queremos reconocer. La música de Shostakovich alcanza su punto de mayor belleza cuando expresa la empatía que el autor siente hacia los vulnerables. Y cobra su mayor importancia en los lugares y tiempos en que esas víctimas aún existen.

* Director musical de la Ópera Nacional Inglesa

© The Independent

Traducción: Jorge Anaya