Directora General: Carmen Lira Saade
Director Fundador: Carlos Payán Velver
Suplemento Cultural de La Jornada
Domingo 25 de octubre de 2015 Num: 1077

Portada

Presentación

El bautizo de un libro
Leandro Arellano

Aquellos ojos brujos
Esther Andradi entrevista
con Cornelia Naumann

El Che: la perduración
del mito

Marco Antonio Campos

Las posibilidades
de la mirada

Gustavo Ogarrio

Rogelio Cuéllar y el rostro de las letras
Francisco Noriega

Los diarios
José María Espinasa

Leer

ARTE y PENSAMIENTO:
Bitácora bifronte
Ricardo Venegas
Monólogos compartidos
Francisco Torres Córdova
Mentiras Transparentes
Felipe Garrido
De Paso
Ricardo Yáñez
La Otra Escena
Miguel Ángel Quemain
Bemol Sostenido
Alonso Arreola
Las Rayas de la Cebra
Verónica Murguía
Cabezalcubo
Jorge Moch
Galería
Ricardo Guzmán Wolfer
Cinexcusas
Luis Tovar


Directorio
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La Jornada Semanal

 

Anna Dorotea Lisiewska-Therbouche, Autorretrato (detalle), 1776-1777,
Gemäldegalerie, Berlin. © Dominio público. Fuente: www.wikiwand.com
La vida de novela de la pintora alemana Anna Dorotea Therbusch.
Fue rechazada por la Academia Real de París porque su pintura
“era demasiado buena para ser de una mujer”.
Estuve hace un tiempo en la pinacoteca de Berlín, un lugar que exhibe varios cientos de obras y a donde siempre vuelvo para ver a Caravaggio y a Chirico. Esta vez atravesé varias salas con autorretratos varios; el ego de pintores a lo largo de los siglos estaba ahí, y de pronto me llamó la atención un cuadro imponente: un metro y medio de alto por más de un metro de ancho, de la pintora Anna Dorothea Therbusch... ¿no la conocen? Yo tampoco, pero desde entonces no puedo dejar de pensar en ella. Una mujer, sentada, sostiene un libro en las manos, pero no lee. Ella nos mira desde la tela en su majestuosidad, y sobre su ojo derecho cuelga un monóculo. Es su mirada. La de sus ojos y la de la lente que nos ausculta. Una pintora del siglo xviii que exhibe su sabiduría y su vejez es un ejercicio de soberanía y libertad sorprendente. Busqué la reproducción de ese autorretrato en la tienda de postales de la pinacoteca. Estaban agotadas. Más tarde encontré una biografía novelada sobre su extraordinaria vida, de la dramaturga y escritora Cornelia Naumann. Descubrí que esta pintora prusiana nacida el 23 de julio de 1721 – este 2015 se cumplieron 294 años de su natalicio– fue rechazada por la Academia Real de París en 1765 porque su pintura “era demasiado buena para ser de una mujer”. Pero la Therbusch, que ya había atravesado varias fronteras para llegar a París –y no sólo las geográficas–, no se iba a amilanar con un primer rechazo. Su talento deslumbró a Denis Diderot, el filósofo y erudito, quien fue “muso” para la pintora y se desnudó para ella, algo totalmente inconcebible para esos tiempos. Pero el enciclopedista, desilusionado por la artista, no dejó un buen legado sobre la Therbusch. El siglo que le tocó vivir alumbró discusiones y transgresiones, incluyendo la Revolución francesa, que ella no llegó a ver –murió en 1782–, pero las mujeres no estaban en la agenda. Y su compatriota Alexander von Humboldt, con su concepción del viaje como sabiduría y no como conquista, era apenas un adolescente de trece años cuando la Therbusch dejó este mundo, endeudada, en la pobreza.

–¿Cómo fue que la escritora y dramaturga Cornelia Naumann descubrió a la pintora Therbusch?

–Anna me descubrió a mí: su mirada a través del monóculo me cautivó, me fascinó... un motivo que se diferencia radicalmente de las musas de los pintores. ¿Quién pinta a una mujer vieja, que ya no ve bien, y que sin embargo señala que ella tiene la mirada exacta, la correcta? Tenía que ser una mujer. Me interesó muchísimo, como ya antes me había interesado por Camille Claudel y Frida Kahlo.

–¿Cuánto tiempo necesitó para investigar sobre la Therbusch?

–No me resultó difícil ponerme en el lugar de Madame Therbusch, porque ya en mi primera novela sobre la vida de la princesa y compositora Guillermina de Bayreuth trabajé mucho sobre el siglo xviii. Para mis investigaciones dependí de los cuadros y las críticas de arte de Denis Diderot y de la revista literaria Teutschen Merkur, de Weimar. De Anna no existe ningún documento personal, excepto su certificado de bautismo y una carta manuscrita enviada al Káiser austríaco.

–¿Fue la Therbusch realmente una excepción, o es que siempre ha habido mujeres “excepcionales” cuya obra luego es olvidada?

–En todas las épocas ha habido mujeres artistas que han osado transgredir las estructuras existentes buscando nuevos horizontes. Algunas lo pagaron con su vida, otras murieron de depresiones, otras fueron encerradas en manicomios por su propia familia, como el caso de Camille Claudel. Anna Dorothea Therbusch tuvo seguramente un esposo muy comprensivo; de otra manera no hubiera podido viajar a París. Sin embargo, debió luchar mucho para lograr su objetivo, y es lo que intento demostrar en mi novela. En la Academia de París se aceptaban mujeres, pero no se postulaban como la Therbusch, se las “solicitaba”, y eran admitidas “por honor”, es decir, no podían enseñar. De esa manera no existía la posibilidad de que las mujeres lograsen un sustento con ello, lo que de por sí se consideraba indecoroso.

–Cuando se ven cuadros como éste, una se pregunta por la tradición, la genealogía que es el soporte de esta calidad creativa. ¿Por qué la obra de tantas artistas mujeres como la Therbusch se conoce tan poco?

–La memoria cultural del patriarcado glorifica hechos y obras masculinas. Durante siglos, las adquisiciones de los museos fueron incumbencia de directores hombres. Recién hace algunas décadas se está cambiando eso, entre otras cosas por la presencia de directoras de salas. No obstante, el mercado del arte sigue siendo dominado por artistas masculinos, que no solamente se ocupan de su arte sino también de su carrera. Las mujeres, en cambio, tienen múltiples intereses. Quieren ser madres, por ejemplo, y cuando lo son, dejan de pintar, dudan de su capacidad, se desaniman más rápidamente, organizan la vida de sus exitosos maridos, y para ello resignan su propia obra, como el caso de Paula Modersen-Becker. ¡Estas cualidades deberían tenerse en cuenta también para ser premiadas con reconocimiento artístico, becas y concursos!


Anna Dorotea Lisiewska-Therbouche, Autorretrato (detalle), 1761
© Dominio público. Fuente: www.wikiwand.com

Durante mis investigaciones comprobé que quince por ciento de los dos centenares de cuadros de Anna Dorothea Therbusch no se exhibe, aunque se encuentran en buen estado en los depósitos de los museos estatales de Berlín, Stuttgart, Munich... Me indigna especialmente que por lo menos cinco de estos valiosos autorretratos estén en un sótano. Imagínese si eso pasara con Rembrandt o con Rubens... Impensable: ¡Esos cuadros están permanentemente viajando por el mundo!

En los años ochenta, con la irrupción del segundo movimiento feminista en Alemania, se propagó el interés por mujeres artistas, pero casi nadie en Occidente conocía la obra de Therbusch, porque la mayoría estaba en los museos y castillos de la exrda. Cuando en 1971 se conmemoran los 250 años de su nacimiento, la exrda organiza una magnífica exposición retrospectiva en Potsdam. Es de esperar que en 2021, con motivo de los trescientos años de su nacimiento, se realice una muestra que reúna su obra... ¡y que después no regrese al sótano de los museos!