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Nosotros ya no somos los mismos

La sucesión en la UNAM

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Alumnos de la Universidad Nacional Autónoma de México, en Ciudad UniversitariaFoto Marco Peláez
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inopsis de las propuestas presentadas por la columneta durante los dos meses anteriores: 1.- Tan pronto tome posesión el nuevo rector, éste, la Junta de Gobierno (JG) y el Consejo Universitario se aplicarán a dar una urgente remozadita a la septuagenaria legislación universitaria que actualmente nos rige. Los ilustres doctores de la Facultad de Derecho y del Instituto de Investigaciones Jurídicas habrán de encontrar las fórmulas, protocolos, artilugios y estratagemas para que las reformas a la legislación universitaria se den dentro del ámbito de la institución. ¿O qué estamos dispuestos a ponernos en las manos de los ágrafos legisladores de la camorra, mafia, delincuencia organizada de color verde o de la bastardía moral de don Manuel Gómez Morín? 2.- Ante la imposibilidad de llevar a cabo reformas estructurales en el actual momento, la JG debe adaptarse, actualizarse y perfeccionarse para agregar, motu proprio (voluntariamente; de propia, libre y espontánea voluntad), a su indiscutible carácter legal, el rango de legitimidad que otorga la dimensión de la representación que ostenta y, por supuesto también, de la transparencia de los actos y decisiones que en nombre de esos, sus representados, lleve a cabo. 3.- Propuso la columneta que toda decisión que tome, toda acción que ejecute la JG, debe ser pública y fundamentada. La Universidad Iberoamericana tiene un lema que me parece incontrovertible: La verdad nos hará libres. A contrario sensu, el engaño, el sigilo y ocultamiento nos hacen dependientes, incapacitados, mentecatos ( mente captus: privados de la mente). Si la JG (se equivoque o acierte) quiere salir de este trance con su honra y prez en alto, no tiene más que una posibilidad: que su decisión, cualquiera que ésta fuere, se tome de cara a la universidad.

A la hora de escribir estos renglones me enfrento a una disyuntiva: o me sumo al gradualismo más eufórico y optimista, echo campanas al vuelo y hasta le adjudico a la columneta el mérito de haber sido la primera voz en plantear a la junta la utilización imprescindible de los medios electrónicos para conocer la fachada, aunque fuera, de los candidatos, y el rollo que más bien tuvieran puesto y con el que pensaran que mejor impresión nos iban a causar, o me reafirmo como eterno aguafiestas y reitero el pobre rol de receptores silentes de mensajes, sobre los que nada podemos responder ni comentar. Pues aunque no es lo mío, opto por no manifestarme ni en favor ni en contra, sino todo lo contrario, tal como asentara un clásico de los años 60. El panel, que en forma de trenecito nos presentó TVUNAM, de los candidatos rectoriles debemos considerarlo como una acertada llegada a primera base para quienes nos declaramos enemigos acérrimos del sigilo y la secrecía, PERO…..(un pero de este tamaño merece mayúsculas). Las peroratas de los 10 ilustres universitarios no pasaron de ser un rosario de buenas intenciones. Wishful thinking, o pensamiento ilusorio, placentero, que diría John Lennon (dije que lo diría, llegado el caso, no que lo haya dicho). En un análisis de contenido de las 10 exposiciones difícilmente encontraríamos algún ítem que mereciera el rechazo de la comunidad. O que se contrapusiera a la propuesta de otro candidato. Si campechaneamos todas las opiniones, tenemos el proyecto ideal para la UNAJ (Universidad Nacional Autónoma de Jauja). Me vino a la mente un recurso que se estilaba hace tiempo para resaltar lo ridículo de una comparación o disyuntiva: si te dieran a escoger entre una galana joven, inteligente, culta, sana, bella, comprensiva, cariñosa, leal, pudiente y otra fea, de la quinta edad, tonta, ágrafa, enfermiza, intolerante, descocada y endeudada, ¿por cuál te inclinarías? (este ejemplo, por supuesto, implica igualdad de género y libres orientaciones sexuales). Sin duda lo importante de este ejercicio es que por primera ocasión se abrió una ventanita que jamás debe cerrarse de nuevo. Al contrario, ahora hay que pugnar por que todo asunto de interés colectivo en la UNAM se ventile, incorporando a la comunidad al debate, en los medios electrónicos. En el presente caso todavía es posible avanzar cuando menos hasta tercera, si la junta se decide a ir más adelante y crear un verdadero proceso comunicacional y no simplemente cubrir un trámite informativo. No nos podemos conformar con escuchar. Queremos ser oídos, tomados en cuenta. Si lo que dijeron los candidatos mereció nuestra aprobación o rechazo, no pueden (si lo quisieran) corregir, suprimir o ampliar sus propuestas, porque jamás habrán de enterarse de nuestras reacciones.

¿Qué hacer?, preguntó alguien. Pienso: la junta, nuestra intermediaria, nuestra representante y enlace, debió (la columneta lo propuso e insistió) explorar, como dice la Ley Orgánica, lo que piensa, desea, requiere (aprobar o abolir, la comunidad. Los 15 miembros de la junta son de lo mejorcito que tenemos en el país, me queda cada día más claro (de estudiantes sufrían neuralgias de tantas estrellitas que les pegaban en la frente), pero ¿tuvieron que dedicar a su carrera uno o dos años más porque tenían que trabajar? ¿Se las vieron negras para pasar de maestros de asignatura al medio tiempo? ¿Alguna vez tuvieron inquietudes más allá de los promedios de excelencia y participaron en alguna protesta juvenil, casi tan natural por la simple biología, como el acné y las poluciones nocturnas? Muy loable que hayan recibido opiniones cercanas a 10 por ciento de la comunidad, PERO fueron de alumnos, colegas, parientes, abuelitas y amplia parentela (dudo que alguien haya tenido la galanura de conseguir el testimonio de idoneidad de una suegra, como hizo el expresidente del IFE Leonardo Valdés Zurita), de cada uno de los contendientes, PERO, ¿cuántos plantearon, más allá de quién podía ser el rector, sus problemas, necesidades o expectativas? Y, vital, ¿cuál es el posicionamiento personal de cada uno de los candidatos ante esos conflictos reales y cotidianos? Y, una duda naif: ¿En verdad los entusiastas participantes piensan que las 30 mil opiniones emitidas van a influir en la decisión final?

Insisto: la junta, a partir de las variadas expresiones recogidas, debe elaborar un cuestionario en torno a los 10, 15, 20 temas fundamentales de la realidad cotidiana de la universidad. Cada candidato debe contestar en forma directa y concreta. Sin rollos, subterfugios o irrealidades, su clara posición al respecto de cada asunto. Ejemplo de autoridad: Carlos Slim dice: hay que subir la edad límite para la jubilación de los trabajadores a 75 años, pero agrega: y reducir las horas semanales de labor, creo de 40 a 30 horas. No tengo, ahorita, opinión, sólo pongo el ejemplo de cuando se da un remedio y se adjunta el trapito.

¡Junta, recapacita!: sácate el 10 completo, llega a home y anota. No pongas a debatir a sus excelencias entre sí, PERO facilita que dialoguen con el estado llano, que se comuniquen (no que lo interpreten). Aún es tiempo.

Prometí, especialmente dedicado a la JG, relatar un acontecido que algo nos dice sobre la autonomía. Este es:

La doctora Ana Luisa Izquierdo de la Rosa y de la Cueva, autora de la compilación y semblanza del libro El humanismo jurídico de Mario de la Cueva, editado por la UNAM y el Fondo de Cultura Económica, relata que siendo director de la Facultad de Derecho pretendió presentar su examen profesional el hijo de uno de los políticos más importantes del país en ese momento. Al comprobar que el alumno solicitante no cumplía con alguno de los requisitos esenciales para la autorización del examen, el doctor De la Cueva se negó a permitirlo. Las presiones fueron enormes, pero no mayores que su permanente apego al cumplimiento irrestricto de la ley. Ni halagos, seducciones ni veladas intimidaciones le hicieron variar su postura un ápice. Hubo, sin embargo, un argumento que lo golpeó en lo que más le importaba: su escuela. Cuando alguien le expresó su temor por las consecuencias que a la Facultad de Derecho y aun a la universidad podría acarrear su intransigencia, contestó: ni violar la ley que prometí respetar, ni tampoco dañar a nuestra casa. Aquí está mi renuncia. Ella mantiene mi decoro a salvo y, sin riesgos, a mi escuela. La doctora Izquierdo no proporciona otros datos del incidente, pero yo anoto una simple coincidencia: en 1954 se recibió el alumno Miguel Alemán, quien jamás ganó la medalla de asiduidad y, ese mismo año, abandonó la dirección de la facultad el ex rector y ex miembro de Junta de Gobierno, don Mario de la Cueva.

Los 15 grandes de la UNAM tienen, también ahora, la gran oportunidad de optar, de decidir una vital disyuntiva: ser y parecer autónomos.

Pd. Si hay tiempo, el lunes 2 comentaremos los posicionamientos de los punteros en esta justa que, con justicia, serán juzgados.

Twitter: @ortiztejeda