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De nuestras Jornadas

Los dueños de la noche muestran el músculo

T

ijuana coqueta empezó como un tropiezo de Miguel Ángel Badiola, presidente del Comité de Turismo y Convenciones de Tijuana (Cotuco), pero terminó como error político del alcalde Jorge Astiazarán, y sus alcances aún se desconocen.

El presidente del Cotuco quedará asociado a los bares y cantinas de la zona norte de la ciudad, lo cual no es bueno para alguien que desea hacer carrera política. El trabajo de Badiola son las relaciones públicas y los espectáculos; por eso no considera reprochable querer mejorar la imagen de la zona de tolerancia. Lo repitió una y otra vez el fin de semana de la tormenta: es una industria que forma parte del turismo de entretenimiento. Es una actividad económica que genera empleo y ganancias. Él realmente no parecía entender el problema.

El error del alcalde consistió en que en principio tampoco le pareció mal caminar por la zona norte y abordar el tema como una realidad. Su oficina de comunicación incluso emitió fotos y un boletín. Sus asesores carecieron de oficio para advertirle que la ciudad ya tiene suficiente fama de centro de turismo sexual y de apuestas (reflejada tanto en canciones populares como en investigaciones académicas) como para llamarle además Tijuana coqueta.

Astiazarán tampoco midió sus fuerzas. Identificado con el mismo grupo político que Badiola (el de Jorge Hank Rohn), el alcalde pensó que el hilo reventaría por la parte más delgada: el presidente del Cotuco. Si renunciaba, enterrarían a Tijuana coqueta. Pero Badiola no dimitió, el consejo le dio un voto de confianza y sus miembros revelaron que la mano que mece la cuna es otra.

No hay muchos datos sobre el dinero turbio que circula en la ciudad, el que prostíbulos y bares pagan a las autoridades municipales sin recibo fiscal. Pero una prueba de que existe es que al inicio de la administración un síndico intentó llevarse una tajada y habló de 80 millones de dólares anuales. Y los dueños de la noche también financian campañas.