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Hay filtraciones y humedad en el techo, señala un especialista del INBA

Restauran los murales de José Clemente Orozco en el Instituto Cultural Cabañas

Con inversión de un millón 250 mil pesos, los trabajos abarcan los 40 grandes frescos alojados en la capilla mayor del recinto, incluido El hombre envuelto en llamas, que corona la cúpula principal

Corresponsal
Periódico La Jornada
Martes 17 de noviembre de 2015, p. 5

Guadalajara, Jal.

Especialistas del Centro Nacional de Conservación y Registro del Patrimonio Artístico Mueble (Cecropam), del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), comenzaron hace unos días los trabajos de conservación y restauración de los murales que José Clemente Orozco pintó en el Instituto Cultural Cabañas, la más extensa de las tres grandes obras realizadas por el artista en edificios públicos de Guadalajara, entre 1936 y 1939.

La inversión es de un millón 250 mil pesos, a cargo de la Secretaría de Cultura de Jalisco, y los trabajos abarcan los 40 grandes frescos alojados en la capilla mayor del recinto, incluido El hombre envuelto en llamas, que corona la cúpula principal.

La restauración se encomendó al Cecropam, debido a que esa obra muralística cuenta con una declaratoria de patrimonio nacional y aquél es el único organismo autorizado para intervenir obras con esas características.

Se informó que la conservación y restauración incluye la eliminación de las eyecciones de aves, limpieza de polvo y fumigación para eliminar algunos microorganismos encontrados en los murales.

Asimismo, la capilla mayor permanece abierta al público con algunas medidas precautorias, ya que los trabajos, que se estima durarán de cuatro a seis meses, se harán por secciones dada la magnitud de la obra.

Pese a lo anterior, en términos generales el acervo muralístico en Guadalajara, el segundo en importancia del país luego de la ciudad de México, que incluye obras de Orozco, David Alfaro Siqueiros y Gabriel Flores García, lleva al menos 20 años sin recibir los cuidados necesarios para su preservación, y su deterioro es patente.

La obra La gran legislación revolucionaria y abolición de la esclavitud, la última que terminó Orozco en 1949 antes de morir, luego de crear 5 mil metros cuadrados de murales pintados en Estados Unidos y México, es la peor conservada.

Foto
Especialistas del INBA, durante los trabajos de restauración del mural de Orozco en el Instituto Cultural CabañasFoto Arturo Campos Cedillo

Está ubicada dentro del palacio de gobierno estatal, en el centro de Guadalajara, junto a la catedral y el edificio del Congreso, y fue pintada al fresco sobre la bóveda.

En los 240 metros cuadrados de techo del recinto que alguna vez fue salón de sesiones del Poder Legislativo se aprecian a simple vista filtraciones, cuarteaduras, salitre, desgaste completo de los colores junto a las varias ventilas por donde ingresan todo tipo de agentes nocivos.

Escaso cuidado

El maestro restaurador Javier Servín, quien en los años 80 del siglo pasado dio mantenimiento a esa pintura por encargo del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), dijo que existen filtraciones porque la cobertura de la cúpula en el exterior está hecha con mosaicos y no con una capa hermética que la proteja de la humedad, como sucede en otros murales.

Antes de la intervención que se realiza en los murales de Orozco en el instituto Cabañas –la más reciente en ese conjunto de frescos data de 2010–, desde 1994 no se realiza otra restauración mayor a la obra muralística que existe en la ciudad.

Luis Eduardo González Medina, especialista en el valor artístico de los murales, dice que además de la fuerte presencia de Orozco existen otros autores importantes, como Gabriel Flores –autor del mural Los niños hé-roes en el Castillo de Chapultepec– y Guillermo Chávez Vega, que enriquecen el patrimonio artístico de Guadalajara.

Existen trabajos tan delicados y complejos como el de la Biblioteca Iberoamericana, también en el centro de la ciudad, donde Gabriel Flores pintó junto a David Alfaro Siqueiros y otros autores en una especie de experimento muralístico, que deslucen por el escaso cuidado de los depositarios de esas obras.