Opinión
Ver día anteriorMartes 24 de noviembre de 2015Ver día siguienteEdiciones anteriores
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La corruptora reforma educativa del empresariado
Manuel Pérez Rocha
L

a condena a la corrupción económica o política casi siempre pasa por alto una causa indiscutible: la corrupción de la naturaleza humana implícita en las relaciones sociales y económicas capitalistas y los antivalores que las inspiran; relaciones y antivalores ponderados como inevitables, o incluso como ideales por la clase dominante: la competencia y la rivalidad, la ambición, la concepción de los seres humanos como esencialmente egoístas, la subordinación alienante y humillante en el medio laboral, la conversión del trabajo en mercancía, y de las personas en mercaderes u objeto de comercio, la centralidad del dinero y del valor de cambio en la vida cotidiana.

La degradación de las personas como resultado de esas relaciones explica buena parte de la corrupción, y también de la violencia, la cual tiene diversos orígenes, pero uno es sin duda esa condición de mercancía, o incluso de basura, a la cual son condenados amplios sectores de la población. Una élite, enriquecida de manera escandalosa con injustos privilegios y relaciones corruptas, controla hace tiempo la marcha del país. Ahora ha asumido incluso el control de la educación pública, y ha decidido imponer su visión de la humanidad y del mundo mediante una reforma educativa.

Luis Hernández Navarro y otros comentaristas han documentado esta intromisión. Organizados en instancias como la Coparmex, el Consejo Coordinador Empresarial y el Consejo de Hombres de Negocios, los dueños de México han decidido tener el control total de la sociedad, exigen el sometimiento de los indóciles, y mandan ya en la educación pública por medio de Mexicanos Primero, su brazo operativo, promotor desde hace ya varios años de esa mal llamada reforma educativa. “El sector empresarial –declaró el secretario de Educación– ha sido fundamental para continuar con la aplicación de la reforma educativa” y, obsequioso, ha informado a los dirigentes de esos organismos, en sesiones públicas, acerca del cumplimiento de sus demandas. El presidente del Consejo Mexicano de Hombres de Negocios reconoció a la SEP por haber incorporado en sus políticas y programas muchas recomendaciones de Mexicanos Primero.

Es su responsabilidad, argumentan los funcionarios, supervisar la marcha de todos los elementos del sistema educativo. De manera especial, vigilar que los maestros desempeñen sus tareas. Para esto, explican, necesitan allegarse información acerca de esas tareas y sus resultados. Así justifican la parafernalia de vigilancia construida. Pero es inaceptable confundir esta función administrativa con tareas de esencia académica, como la evaluación de la enseñanza y de los docentes.

Junto con la inaplazable evaluación de otros factores de la educación, como la influencia ejercida por la televisión, la radio y otros medios, la evaluación de la docencia y del magisterio es necesaria. Empero, no puede confundirse con la función administrativa de evitar el incumplimiento de obligaciones laborales, ni estar determinada por los intereses políticos de los gobernantes en turno, o los de los poderosos intereses económicos que dominan este país ni aceptar que sirva de pretexto para perseguir a los maestros disidentes.

La supuesta evaluación del desempeño de los maestros, hoy en marcha, es opuesta a la naturaleza académica de la evaluación indispensable para orientar el mejoramiento de la educación. Véanse las deplorables imágenes de cientos de profesores encerrados en un galerón, cada uno ante a una computadora, sentados horas y horas, dando información para que evalúen su desempeño, y cuidados por amenazantes policías y soldados quienes ya en varias ocasiones han entrado en acción. ¿Es este el mecanismo académico que va a contribuir al mejoramiento de la educación?

Corresponde a una visión atrasada y autoritaria de la administración imponer un régimen de vigilancia total, masivo y masificante, burocrático, centralizado, mecánico y deshumanizado, sustentado en la desconfianza, cuyas herramientas de estímulo y corrección son la amenaza y el castigo, o los premios, los cuales, como bien ha hecho ver el pedagogo estadunidense Alfie Kohn, son la otra cara de los castigos. Ese esquema totalitario de supervisión y castigo ignora incluso otras formas probadas hace ya varias décadas en la administración de negocios. Bastaría asomarse a la famosa escuela de la calidad total, insospechable de izquierdismo, progresismo o populismo, para constatar la barbaridad que significa la autoritaria contrarreforma laboral y política, presentada como reforma educativa.

Es indispensable reiterar que el ofrecimiento de aumento de ingresos económicos adicionales y créditos para vivienda a los maestros que se sometan a la evaluación, es un soborno. Su eficacia debería avergonzar a las autoridades de la SEP, en vez de ufanarse. Esta política tiene efectos devastadores en el ámbito educativo, pues deshumaniza y corrompe, en vez de atender la urgente necesidad de impulsar el desarrollo ético y humano de los educadores. La mal llamada reforma educativa de los empresarios, puesta en práctica por la SEP y el INEE, alimenta la corrupción de la sociedad, pues considera a los seres humanos, en este caso nada más y nada menos que a los maestros, como convenencieros y egoístas, impone como valor central el espíritu competitivo y fomenta los antivalores de la clase dominante ¿Qué podrán enseñar estos maestros a sus ­alumnos?

La política de humanización que urge en los sistemas educativos consiste en tratar a los humanos como humanos, de acuerdo con su naturaleza, opuesta al homo economicus que de manera ciega persigue una zanahoria frente a su nariz, e incompatible con la de un engrane del despersonalizado y dictatorial sistema de vigilancia y castigo erigido por la SEP.

A la imposición de esta reforma educativa contribuye con eficacia el Instituto Nacional de Evaluación de la Educación, el cual otorga su aval técnico y proporciona instrumentos a una evaluación que consiste en la aplicación acrítica de técnicas generadas por la sicometría, y se inspira en la teoría económica neoliberal, una sociología simplona, los enfoques administrativos más atrasados y la ignorancia total de la pedagogía, la filosofía y la historia.