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México SA

Milagro decimal

Trienio de 1.8%

Economía inerte

¡M

ilagro! Será la cercanía del Lupe-Reyes o, tal vez, por el espíritu navideño que comienza a esparcirse por todas partes, pero el hecho es que por primera vez en muchísimos meses (por no decir en los últimos tres años) alguien se animó no a recortar la de por sí frágil estimación sobre el crecimiento económico mexicano, sino a incrementarla, por mínima que resulte la proporción.

En la segunda mitad de noviembre recién concluido algo relevante notaron los especialistas en economía del sector privado (37 grupos de análisis y consultoría nacionales y foráneos permanentemente consultados por el Banco de México) que por primera vez en mucho tiempo mantuvieron intocadas las tijeras y, por el contrario, se animaron a incrementar su proyección para 2015, aunque su entusiasmo no dio para mucho, porque aquella sólo avanzó, por decirlo así, 0.15 puntos porcentuales con respecto al cálculo del mes inmediato anterior, al pasar de 2.29 a 2.44 por ciento.

Esa es la parte buena de la noticia divulgada ayer por el Banco de México. La mala, que los mismos especialistas de nueva cuenta redujeron su estimación sobre el crecimiento económico mexicano para 2016 y 2017, aunque el recorte por ellos practicado fue marginal (0.05 y 0.10 por ciento, respectivamente): de 2.79 a 2.74 y de 3.32 a 3.22 por ciento, en cada caso. Ese es el potencial que, hasta ahora, le dan al navío de gran calado.

De cualquier suerte, entre alzas y recortes el resultado no se altera, pues aun considerando la nueva estimación de los citados especialistas para 2015, el raquítico promedio anual de crecimiento a lo largo de la primera mitad del gobierno peñanietista se mantiene en 1.8 por ciento. Si se incluyen sus proyecciones para 2016 y 2017, tal promedio anual sería de 2.3 por ciento (con todo y las reformas que harían crecer al país a paso veloz, de acuerdo con la versión oficial), es decir, el mismo de las últimas tres décadas.

La perspectiva apenas se modifica cuando los especialistas consultados por el Banco de México ven hacia adelante, pues estiman que, en el mejor de los casos y con todas las reformas estructurales operando a plenitud, en el periodo 2016-2025 el promedio anual de crecimiento sería de 3.35 por ciento, prácticamente la mitad de lo mínimo necesario para que el país comience a salir del hoyo.

Entre los factores que podrían obstaculizar el crecimiento económico en México, de acuerdo con la perspectiva de los especialistas consultados permanentemente por el banco central, destacan la debilidad del mercado externo y la economía mundial, inestabilidad financiera internacional, declinante plataforma petrolera, problemas de inseguridad pública, bajo precio de exportación del petróleo nacional, política fiscal instrumentada, niveles de las tasas de interés externas, inestabilidad política internacional y debilidad en el mercado interno.

Por otra parte el Banco de México divulgó ayer su Reporte sobre el sistema financiero, correspondiente a noviembre de 2015, en el que subraya que la economía mexicana y su sistema financiero se enfrentan a un entorno adverso y complejo. Esto es consecuencia de un bajo crecimiento económico global, de la caída sostenida en el precio del petróleo y de la expectativa de un inicio cercano del proceso de normalización de la política monetaria de Estados Unidos. Este último factor ha conducido a una apreciación generalizada del dólar, a mayores tasas de interés y al riesgo de una reversión de los flujos de capital hacia los países emergentes. Adicionalmente, existe el riesgo de que México sea afectado por un posible efecto de contagio proveniente de la situación en otros mercados emergentes, en cuya formación ha tenido un papel central la economía china.

Un primer riesgo, advierte el banco central, es que la caída del precio del petróleo aunada a la tendencia decreciente de la plataforma de producción, conduzca a un mayor deterioro de las finanzas públicas. El segundo riesgo es que ante el inicio de la normalización de la política monetaria de Estados Unidos, tenga lugar un ajuste desordenado en los mercados financieros que propicie una salida significativa de recursos de inversionistas del exterior. El tercer peligro es que se materialice un contagio sobre la economía nacional de algún choque proveniente de otras economías emergentes. Por último, el cuarto riesgo es que se llegara a presentar un deterioro en el ritmo de crecimiento de la economía nacional (el cual, de por sí, es bastante raquítico).

De materializarse, dice el Banco de México, tales riesgos y los canales de trasmisión pudieran impactar, de manera directa o indirecta, sobre instituciones financieras y empresas no financieras del país. En primer lugar, una desaceleración del crecimiento mundial y una caída adicional del precio del petróleo y de la plataforma de producción se podrían traducir en un menor crecimiento de la economía nacional. Irremediablemente, un menor crecimiento afecta de manera directa a los bancos, las casas de bolsa, los fondos de inversión y otras entidades financieras, así como a empresas no financieras, a través de menores ingresos y, en el caso de las instituciones de crédito, como resultado de mayores índices de incumplimiento.

El Banco de México puntualiza que el deterioro de las finanzas públicas podría presionar al alza las tasas de interés en moneda nacional, lo que a su vez reduciría el margen financiero de los intermediarios. Por último, en el contexto descrito de bajo crecimiento y deterioro de las finanzas públicas, la normalización de la política monetaria de Estados Unidos y un agravamiento de la situación económica en el mundo emergente, en particular en China, podrían propiciar salidas significativas de capitales externos. De ocurrir este último evento, se elevarían los costos de financiamiento en pesos y en dólares y podría depreciarse en mayor medida la moneda nacional. Todos estos fenómenos podrían afectar los balances de los intermediarios financieros y los de las empresas no financieras.

Las rebanadas del pastel

En vía de mientras, hay que estar atentos al comportamiento de las de por sí elevadísimas tasas de interés que la banca cobra a su clientela, especialmente a los usuarios de las modernas tiendas de raya, que no son otras que las tarjetas de crédito.

Twitter: @cafevega