Cultura
Ver día anteriorViernes 4 de diciembre de 2015Ver día siguienteEdiciones anteriores
Servicio Sindicado RSS
Dixio
29 FIL de Guadalajara

Arantxa Urretabizkaia retrata posguerra y franquismo en el País Vasco

La literatura vasca vive su edad de plata, define escritora

Quizás porque somos muy pudorosos, no tenemos mucha tradición de contar testimonios personales, dice a La Jornada

Acudió a la feria editorial

 
Periódico La Jornada
Viernes 4 de diciembre de 2015, p. 5

Pocos son los libros autobiográficos en la literatura vasca, quizás porque somos demasiado pudorosos, dice la escritora Arantxa Urretabizkaia, nacida en San Sebastián en 1947, quien en su nuevo libro, Retratos en blanco y negro, regresa a los recuerdos de su infancia para hablar de un momento muy preciso en la historia del País Vasco: la posguerra y el franquismo.

Es un retrato familiar que deja entrever la situación política, social y lingüística de esa época.

“Tengo la convicción de que es necesario que de todos los puntos de vista y en todas las situaciones se cuenten las cosas que han ocurrido. Con frecuencia el poder, desde luego a nosotros nos pasó, tiende a tapar lo que no le gusta, pero si algo demuestra la experiencia posterior a la muerte de Franco es que no se puede obligar a olvidar; se puede aparentar que se olvida, se puede no mencionar lo recordado, pero no se puede obligar a olvidar, y creo que es bueno.

Nosotros no tenemos mucha tradición en la literatura vasca de contar testimonios personales, nos da pudor, creo, expresa Urretabizkaia, integrante de la Academia de la Lengua Vasca, durante una entrevista antes de dictar su conferencia del miércoles por la noche en el Espacio Cultural Nelson Mandela, en Polanco.

Retratos en blanco y negro, publicado en castellano por la editorial Pamiela –fue presentado en la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara–, es de los primeros (autobiográficos). La autobiografía es un género que no está bien visto y no sé por qué. Yo misma intenté disfrazarlo primero hasta que decidí no hacerlo, después de todo soy periodista y en el periodismo haces lo que quien te paga quiere que hagas, lo mejor que puedas, incluso encontrando resquicios, pero la literatura es la libertad. Ahí haces lo que quieres.

Vicisitudes del euskera

El libro se inicia en 1947 y concluye en 1960, año en el que la escritora comenzó a buscar un oficio: primero de secretaria, luego de enfermera e historiadora. Después llegó al periodismo, la poesía y la narración.

Termina en 1960, porque pensé en la infancia y en algún punto acaba. Ahora seguramente esa etapa termina antes. Nunca fui adolescente, porque no sabía que existía la adolescencia, no se hablaba de ello; eras niña, joven, pero resultó que he sido adolescente sin saberlo, calculé que precisamente cuando comienzas a aprender un oficio ya no eres niña. Tenía 13 años.

No es un recuento nostálgico. “A cierta edad, que es la mía –tengo 68 años–, tendemos a pensar que la infancia fue un paraíso al que en algún momento quisiéramos volver. Eso es lo que piensan los viejos normalmente, que entonces todo era estupendo y ahora todo es una porquería. Yo cero nostalgia, no viví ningún paraíso. Sin embargo, creo que tuve una infancia feliz”.

Foto
Con frecuencia el poder, desde luego a nosotros nos pasó, tiende a tapar lo que no le gusta, pero si algo demuestra la experiencia posterior a la muerte de Francisco Franco es que no se puede obligar a olvidar, se puede aparentar que se olvida, se puede no mencionar lo recordado, pero no se puede obligar a olvidar y creo que es bueno, explica Arantxa Urretabizkaia en entrevista con La JornadaFoto Cristina Rodríguez

Las de Retratos... son pequeñas estampas que ofrecen al lector un atisbo de lo que eran la religión, los juegos, la ropa, la comida, Francisco Franco, el euskera en un momento en el que estaba prohibido hablarlo en público.

“En realidad el euskera siempre ha sido un idioma alejado del poder, de todo poder que no fuera la Iglesia. Hubo un intento en los años 30, en el periodo anterior a la Guerra Civil, para solucionar un problema importante: no había un estándar unificado que sirviera para cualquier vasco parlante de cualquiera de los dialectos; se intentó solucionar antes de la Guerra Civil.

“Vino la guerra y acabó con todo. A finales de los años 60 del siglo pasado, es decir, los hijos de los perdedores de la Guerra Civil cuando llegamos a 18 o 20 años remprendimos lo que había quedado suspendido por la guerra. Ahí se hizo la unificación de la lengua, sin la cual no podríamos tener ni literatura ni enseñanza.

La historia de la literatura vasca es más bien triste, pero ahora estamos en un momento que no hemos conocido en 500 años de historia; no nos había pasado en los siglos anteriores que libros nuestros interesaran fuera, nunca se habían traducido, y ahora sin embargo se traducen y tenemos una literatura homologable a cualquiera de las literaturas que nos rodean.

Entre los temas literarios, la Guerra Civil está muy presente, ha estado muy presente, sigue estándolo, pero la han hecho los hijos de los perdedores, y ahora hay un debate sobre de qué manera se reflejan o no se reflejan en la literatura los 40 años de ETA, y ese es un reto todavía de alguna manera para la literatura en euskera, porque progresivamente va apareciendo el tema, aunque a veces sea como telón de fondo y otras como núcleo central de la acción, pero casi todo, por no decir todo, lo que aparece sobre se tema es desde el punto de vista de ETA, de sus militantes, no de las víctimas. Ese es un reto.

Durante la conferencia que ofreció, Urretabizkaia señaló: No me gusta decir que la literatura vasca vive una edad de oro, porque después del oro no hay nada. Prefiero decir que estamos en la edad de plata, donde las escritoras se abren camino, aunque todavía son minoría.