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29 FIL de Guadalajara

La feria editorial rinde homenaje al autor jalisciense que dirigió La Jornada Semanal

La poesía de Gutiérrez Vega anidó y tomó vuelo en voz de Lucinda Ruiz, su viuda

Fue un poeta fecundo y peregrino, del amor y la memoria, definió Gonzalo Celorio

Foto
Lucinda Ruiz Posada, viuda de Hugo Gutiérrez Vega, con el escritor Fernando del Paso durante el homenaje que la FIL de Guadalajara rindió al poeta jalisciense fallecido el pasado 25 de septiembre. La figura del Pegaso, en primer plano, es el emblema de la cátedra de la UdeG dedicada al autor de Buscado amorFoto Arturo Campos Cedillo
Juan Carlos G. Partida
Corresponsal
Periódico La Jornada
Sábado 5 de diciembre de 2015, p. 3

Guadalajara, Jal.

La entrañable figura de Hugo Gutiérrez Vega faltó por vez primera a una invitación de la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, pero no en sustancia, pues en el homenaje que se rindió al jalisciense su poesía anidó primero y tomó vuelo después en voz de su viuda, Lucinda Ruiz Posada.

Desde que te fuiste ya no tengo luz de luna. Esa que brillaba en su cuarto mientras escribía, leía o veía una película hasta que llegaba la aurora. Estaría feliz de vivir esta FIL, amó a Inglaterra (país invitado de honor este año), su literatura, teatro y cultura, dijo Lucinda al recordar al esposo fallecido el pasado 25 de septiembre.

Recordó que cuando ella y Gutiérrez Vega estuvieron en Gran Bretaña, solían ir a casa de los Del Paso, donde mientras Fernando leía fragmentos de Palinuro, su esposa Socorro preparaba cenas rescatando el sabor y los aromas del lejano México.

Rememoró que Carlos Monsiváis, quien también vivió en Londres un tiempo, fue su huésped, así como las visitas de Sergio Pitol los fines de semana.

Muy querido en su natal Jalisco

Lucinda Ruiz leyó algunos poemas de su marido y dijo que tras su partida ha podido ver y vivir los homenajes, los altares de muerto, lo mucho que Hugo Gutiérrez Vega es querido en su estado natal. Creo que Jalisco lo quiere a la buena. Sus nietos pueden sentirse muy orgullosos. Sus hijas y yo ya lo estamos.

Fernando del Paso, al lado de Lucinda Ruiz, acudió al salón Juan Rulfo y, ante cientos de personas, recordó la entrañable amistad que los unía, las barbas blancas que compartieron los últimos años y su alegría y tristeza porque la ausencia de Gutiérrez Vega pesa mucho.

Raúl Padilla López, presidente de la FIL, habló sobre las tertulias que a principios de los años 70 del siglo pasado, realizaba Gutiérrez Vega con sus amigos.

Gonzalo Celorio también trajo a cuento anécdotas del que fue director del suplemento La Jornada Semanal, de quien afirmó era un hombre cuya honestidad estuvo a toda prueba.

Hizo una semblanza de Gutiérrez Vega y habló de la gran afinidad del homenajeado con el poeta Ramón López Velarde.

Fue un poeta fecundo y peregrino, del amor y la memoria, del viaje y la vida sedentaria, de la amistad y la conversación, de la erudición libresca y del desmadre, el cotorreo y la chacota; poeta de devoción a la poesía misma y a los poetas afines que incidieron en la articulación de su propia voz, dijo Celorio.

A Ramón López Velarde, Hugo le ofrenda la devoción de su sangre. Hugo encontró e hizo explícitas en su propia poesía afinidades sustanciales en las voces de numerosos poetas. Entre todas ellas quizá la más sonora a pesar de su tono menor, la más potente a pesar de su sigilo, la más vigorosa a pesar de su introspección, fue la de López Velarde, el padre soltero de la poesía mexicana, agregó.

En su exposición, Celorio concuyó que quizá la aportación mayor de la poesía de Hugo Gutiérrez Vega reside en mostrar la inutilidad consustancial de ésta gracias a la cual acaba por ser tan necesaria como el pan, el vino y la sal.

Como parte de las actividades en torno a Hugo Gutiérrez Vega, anoche se presentó el libro Otras voces, otros ámbitos: ensayos reunidos.