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Pablo Espinosa
 
Periódico La Jornada
Sábado 5 de diciembre de 2015, p. a16

Desde que comienza a sonar, nadie permanece quieto.

La huesolatura, la caja de los pambazos, la inmensa o menuda humanidad se menean con sabrosura porque lo que suena impele al baile en automático.

Cumbia, sí, pero cumbia sicodélica. Un encanto.

Se trata del agrupamiento multicultural Chicha Libre, asentado en Brooklyn, Nueva York, y aglutinado por una música que mucho tiene de ancestral y posmoderno: la chicha peruana.

Chicha: dícese de la bebida ritual de los antiguos incas. Chicha: dícese de ese líquido fermentado del maíz.

Chicha: dícese de la música que nació en Lima, Perú, en los años 60 del siglo pasado y que amarida la música tradicional peruana con la cumbia colombiana.

Dos versiones dos del porqué se bautizó chicha a la chicha: uno, dícese del músico Carlos Baquerizo, quien, dícese, compuso una pieza en honor de una muchacha vendedora de chicha, la bebida y con su grupo, Los Demonios del Mantaro y cimbró el entorno con esa obra, nacida en Huancayo, la verdadera cuna de la música bautizada desde entonces como chicha.

Versión dos de dos: dícese que en 1985 el grupo peruano Los Shapis triunfaron en París donde fueron aclamados como colombianos y a su regreso, furiosos, buscaron una manera de afianzar identidad y hallaron en la chicha el distintivo idóneo y en sus discos sucesivos esa palabra nunca faltó.

Hay que mencionar que la música peruana que recibió el nombre de chicha tiene que ver en su origen con la migración iniciada en los años 50 y 60 debido al terrorismo que asoló aquella nación.

Migración, pobreza, necesidad de identidad cultural, alegría frente al dolor, crítica social, ritmos y sonrisas. Ingredientes básicos.

El disco que hoy nos ocupa es un álbum doble, se titula cani bal ismo y es de la autoría del grupo Chicha Libre.

Lo distribuye en México Independent Recordings (www.independentrecordings.com), misma disquera del que reseñamos un álbum también doble de, digamos, difícil escucha o que amerita un esfuerzo de concentración y paciencia (http://goo.gl/GgHxD5) y en compensación y equilibrio ofrecemos ahora este álbum doble que es la pura gozadera.

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El grupo Chicha Libre, asentado en Brooklyn, está conformado por músicos de Francia, Estados Unidos, Venezuela y México. Surgió como homenaje a los grupos peruanos pioneros de la chicha pero tomó rumbo propio, sin perder el centro, es decir la chicha como esencia.

Mezclan, entonces, surf, “pop sicodélico”, música del Amazonas, clásicos del pop de los años 70, melodías incas pentatónicas (la base de la música chicha), son cubano y utilizan sintetizadores Moog, órgano farfisa (órgano electrónico, prácticamente artesanal, que data de los años 70, precursor de los sintetizadores) y sintetizadores.

Lo que más disfrutó el Disquero, además de la bailadera sin parar en los dos discos, fueron las versiones en cumbia tecno de la Primera Gimnopedia de Erik Satie, La primavera de Vivaldi, el Papageno de Volfi Mozart, la Chanson Francaise y ¡la mismísima Cabalgata de las Valquirias, de Richard Wagner!

Con músicas y ritmos muy distintos, es una aproximación o reapropiación o actualización cultural que hace el grupo multicultural Gotan Project con el tango.

Así la cumbia colombiana (la auténtica, la mejor) se mezcla con la música de quena y bombo y las intrincaciones sociales latinoamericanas para dar como resultado una música embrujada y lúdica, que muy bien puede responder a otro nombre, consistente en tres palabras: La Pura Gozadera.

disquerolajornada@gmail.com