Opinión
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Balance de la Jornada

El América, un equipo sin identidad

El futbol en los tiempos del dinero

E

n los tiempos románticos del futbol –cuando aún se sabía lo que era el amor a la camiseta–, los jugadores traían la playera pegada a la piel. Ahora, en esta época de globalización y mercantilismo, los futbolistas saltan como chapulines de un equipo a otro: los clubes han perdido esencia.

Antes, un aficionado podía decir de memoria la alineación de su escuadra; ahora hay que ejercitar el cerebro para saber los nombres de los que se quedaron y de los que llegan, en algo que se repite cada torneo corto, esto es, dos veces al año.

Lo anterior, para tratar de explicar lo que le sucede al América. Las Águilas han tenido equipos emblemáticos: los cremas de Carlos Reinoso, el conjunto de los 80 comandado por Alfredo Tena y tal vez el cuadro campeón con Cuauhtémoc Blanco. Sin embargo, el actual es un plantel sin alma, sin identidad americanista, sin canteranos que sepan lo que representa la playera que portan.

Este rompecabezas de Ignacio Ambriz es tan sólo una suma (más bien resta) de jugadores que llegaron de otros clubes, principalmente de Sudamérica, atraídos por el cheque quincenal, no por el cariño a una casaca de tanta tradición en nuestro balompié.

La actuación de este esperpento del América en el Mundial de Clubes puede calificarse de fracaso, humillación y hasta de pena ajena si no fuera porque, a final de cuentas, está representando al futbol mexicano.

En el club de Televisa dicen tener un departamento de inteligencia deportiva que determina los refuerzos, pero lo que menos han mostrado al armar este Frankenstein es eso precisamente. El símbolo de este equipo, quién lo iba a pensar, es el portero Moisés Muñoz, quien se ganó a la fanaticada con aquel gol de último momento ante Cruz Azul que llevó a la conquista del título Clausura 2013.

El resto no pasará a la historia. Goltz, Aguilar, Samudio, Sambueza, Benedetto, Martínez, Quintero, Arroyo, Andrade, todos ellos jugadores de regular nivel, procedentes de escuadras sudamericanas, tienen lugar seguro en la alineación titular, pero jamás comprenderán cabalmente lo que significa el escudo que portan: por eso se hacen expulsar en un duelo de semifinal de liga que además era un clásico; por eso se pelean entre ellos en pleno Mundial de Clubes; por eso andan tan campantes de shopping en Japón.

Lo primero que debería saber la inteligencia deportiva de Televisa es que el América se forma con canteranos, con esos futbolistas que desde pequeños sienten la playera y que, como sucedía antes, no salían toda la semana de su casa después de una derrota.

El mayor enojo ayer en Japón no fue de los jugadores, sino en tribunas: el enfado de Emilio Azcárraga Jean, quien viajó tan lejos para ver lo que aquí puede observar en el estadio Azteca. Cuando niño, Azcárraga júnior salía de la mano de los jugadores antes de los partidos. No estaría mal que el hijo del Tigre diera una clase a su actual plantel sobre lo que significa esta playera.

Otro club grande que va de una vergüenza a otra es el Cruz Azul. Esta semana cumplió 18 años sin título, pero el dato más ilustrativo de la una vez llamada Máquina es que sólo suma un campeonato en más de tres décadas.

Ya anunciaron las bajas de Belluschi, Carrizo, Loeschbor y Silva, pero tan sólo para dar cupo a la inagotable lista de jugadores que tiene el promotor radicado en Miami que ha hecho de los cementeros su negocio particular. Guillermo Álvarez Macías creó la grandeza de un club que su hijo Guillermo Álvarez Cuevas no se cansa de destruir.

Por su parte, las Chivas parece que se están armando bien. Para esta campaña abrieron la chequera por un jugador que ya traían en la mira, pero Carlos Gullit Peña lloró al anunciar su salida del León y aseguró que él no quería irse, más bien lo llevaban. Ya después trató de enmendar, pero en este futbol en tiempos del dinero es gratificante observar que existe algún sentimiento por alguna playera. Ahora se espera que quiera de la misma manera a la rojiblanca.

Esta semana falleció el doctor Octavio Rivas, pionero de la sicología en nuestro balompié. Trabajó más de 30 años con los Pumas y Manuel Negrete lo definió con certeza: Te hacía creer que eras el mejor jugador en tu posición. El bien recordado doctor Rivas gustaba también de hacer ver a los equipos con los que trabajaba la película El segundo esfuerzo, de Vince Lombardi.