Opinión
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Los grandes pendientes de la cumbre parisina
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egún los líderes de las 195 naciones que participaron en la reciente Cumbre del Clima en París, se trata del mayor paso dado en la historia para salvar el planeta de los graves daños que ocasionaría la elevación de la temperatura media por encima de los dos grados centígrados al final del siglo. Destacan cómo se aceptó reducir lo más pronto posible las emisiones de gases de efecto invernadero, principales contribuyentes (junto con la deforestación y el mal uso de los recursos naturales) del calentamiento global. Los medios destacaron que los mayores contaminantes (Estados Unidos, China, India, Canadá y Rusia, por ejemplo) se adhirieron a este acuerdo vinculante, aunque con ciertas condiciones y no fijar las cuotas máximas de emisión de tales gases.

También se considera un éxito que los países se comprometan a presentar cada cinco años sus objetivos de reducción en dicho campo a la vez que se establecen mecanismos para comprobar si se cumplen los respecivos programas nacionales. Para el caso de los países más afectados por el cambio climático, se renovó la antigua promesa del mundo industrializado de ayudarlos financiera y técnicamente. Se trata de un fondo de 100 mil milllones de dólares, de los cuales apenas existen 10 mil. Cabe agregar la satisfacción que expresaron una parte importante del sector empresarial y algunas organizaciones no gubernamentales que defienden la naturaleza. Y el unánime reconocimiento al papel negociador del ministro francés Laurent Fabius, responsable de la magna reunión.

Hasta aquí, todo miel sobre hojuelas. Bien distinto opinan voces muy autorizadas en la materia. Una de ellas es la del científico estadunidense James Hansen para el que lo aprobado en París es un fraude y una farsa, pues en el documento final no aparecen las medidas concretas para detener el aumento de las temperaturas. Ni para reducir el consumo de hidrocarburos y carbón, cada vez más baratos. Cabe referir que cuando Hansen trabajó en la Nasa fue el primero en alertar al gobierno y al Congreso de su país de los problemas que traería el cambio climático. Y, en concordancia con otros estudiosos, advirtió sobre los daños que la elevación del nivel del mar causará este siglo en las grandes urbes y los complejos portuario-industriales ubicados en los litorales: Londres, Miami, Boston, Nueva York, Shanghai, Indonesia, Singapur, India, Japón. Por nuestra parte, agregamos las ciudades y la infraestructura económica y pública localizada en la costa del Pacífico, el Golfo y Caribe de México. Precisamente donde sigue la ocupacion anárquica, irracional, de la franja costera y donde menos se hace para mitigar la elevación del agua marina.

Lueven las críticas de otros notables especialistas al comprobar que, aunque el acuerdo es vinculante, de observancia por los 195 países presentes en París, para obtener la firma de los grandes potencias contaminantes se obvió la obligación de fijar el monto de los recortes de sus emisiones de gases de efecto invernadero, dando a conocer los planes y los logros en la materia. En vez del deben, se quedó en que deberían, lo que deja la puerta abierta para que, por prioridades políticas, económicas o sociales, no modifiquen su modelo de crecimiento, depredador y contaminante. Pronto sabremos la reacción del Congreso estadunidense, donde el cabildeo de las trasnacionales petroleras se opone a las buenas intenciones del gobierno del presidente Obama, de recortar las emisiones de su país hasta 28 por ciento los próximos 10 años.

A lo anterior se suman los problemas que registra la economía de otras cuatro potencias: China, India, Brasil y Rusia, que no se consideran países industrializados. ¿Podrán reducir sus emisiones en la cantidad y tiempo que se requiere? ¿Lo harán también otros países emergentes, o los que arrastran una pesada carga de pobreza y desigualdad?

Ya se emitieron a la atmósfera gases de efecto invernadero suficientes para alterar el ambiente drásticamente. La realidad nos muestra que es así. En tanto, brillan por su ausencia las políticas para prevenir y mitigar sus efectos, en especial en los países más vulnerables. Como México.