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Marcaron el año caída de petroprecios y recorte presupuestal

Los tropiezos caracterizaron el rumbo de la economía en 2015

Infructuosa inyección de 20 mil mdd en reservas para apuntalar al peso

 
Periódico La Jornada
Jueves 31 de diciembre de 2015, p. 8

Proyectado como el año en el que las reformas estructurales comenzarían a dar resultados tangibles, en especial en materia energética y en telecomunicaciones, 2015 fue cuando el rumbo económico se caracterizó por los tropiezos: el desplome del precio del petróleo, una virtual devaluación –15.11 pesos por dólar en enero a los 17.50 en diciembre– y complicaciones en los contratos energéticos en la ronda uno fueron los principales hechos económicos que caracterizaron al país.

Acorde con la agenda de la administración en materia económica, el año comenzó con el fin de los gasolinazos, los incrementos mensuales al combustible que había impuesto el gobierno de Enrique Peña Nieto. En consonancia con el desplome de los precios del petróleo, desde el año pasado, el discurso oficial reivindicaba el fin de los gasolinazos y del incremento periodico del precio del gas como parte de las bondades que ya comenzaba a ofrecer la reforma energética.

Mas allá del discurso oficial, a lo largo del año la caída del precio del crudo y la dependencia que aún tiene el país de los ingresos petroleros motivaron un recorte presupuestal. En enero, justo cuando las reformas estructurales deberían comenzar a rendir resultados, el secretario de Hacienda, Luis Videgeray, anunciaba en Palacio Nacional un recorte al gasto público de 124 mil 300 millones de pesos, concentrados, especialmente en Petróleos Mexicanos (al que le recortaron 62 mil millones de pesos) y la Comisión Federal de Electricidad, que registró un ajuste de 10 mil millones de pesos.

La mayor parte de 2015 ha sido un largo proceso para evitar mayores desequilibrios en las variables macroeconómicas, a ratos infructuoso. En diciembre el secretario de Hacienda reconoció que se habían destinado casi 20 mil millones de dólares de las reservas internacionales, a lo largo de año, para apuntalar al peso. Tenemos un arsenal de 270 mil millones de dólares, se jactaba el gobernador del Banco de México, Agustín Carstens.

Una medida que, visto el movimiento en la cotización ha sido insuficiente: si en enero el peso cotizaba en 15.11 pesos por dólar, en las últimas semanas de diciembre se acercaba a 17.50 pesos, es decir, una depreciación de poco más de 15 por ciento. En realidad, sostenía Videgaray, es una apreciación del dólar, porque este destino han tenido casi todas las divisas en el mundo.

Durante buena parte del año se inyectaron divisas al mercado a un ritmo que llegó alcanzar los 200 millones de dólares diarios, además de los destinados cuando el peso sufría un retroceso superior a 1.5 por ciento.

En cuanto a las reservas internacionales, hacia la tercera semana de diciembre se anunciaba que por primera vez, desde enero del 2015, registraban un incremento, para ubicarse en 174 mil 500 millones de pesos, 2 mil 200 millones más que la semana previa.

Desde que se anunció el recorte presupuestal, el Ejecutivo federal anunció la elaboración de un presupuesto base cero para 2016, propuesta que naufragaría en medio de las negociaciones por las partidas presupuestales en el Congreso.

A partir de junio iniciaba una de las apuestas centrales del gobierno de Enrique Peña Nieto: la ronda uno, para adjudicar contratos en materia petrolera. Un proceso que inició de forma incierta y muy por debajo de las expectativas que el gobierno había puesto en él. Sólo después de tres licitaciones se logró, hace una semanas, un proceso en el cual todos los bloques que fueron colocados, lograron concretarse. Vía Twitter, el Presidente se congratulaba del exito alcanzado en esta última etapa.

Este fue también el año del cambio en la televisión, con el anunciado apagón analógico, que fue aprobado durante la administración de Felipe Calderón; el plazo para este salto tecnológico concluye en diciembre en medio de una apresurada entrega de pantallas por conducto de las secretarías de Comunicaciones y Transportes y Desarrollo Social.

El cambio no estuvo exento del jaloneo por intereses económicos. El ambicioso proceso de transición a la televisión digital terrestre, mediante el cual se distribuyeron 9.7 millones de pantallas, quedó inconcluso por una prórroga de un año a las televisoras públicas, sociales, comunitarias e indígenas.