Opinión
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Mando único
E

s triste la historia del municipio mexicano a pesar de su prosapia romana e ibérica y de sus hondas raíces en los calpullis mexicanos. Hernán Cortés y sus huestes, el 22 de abril de 1519, fundaron el primer municipio en el continente americano, pero no fue en modo alguno una decisión espontánea de los nuevos pobladores, sino una maniobra política del capitán español con la finalidad de explorar y conquistar en nombre del rey, sin tener que dar cuentas al gobernador de Cuba, Diego Velázquez.

El nombre que se dio al flamante municipio fue el de Villa Rica de la Vera Cruz; Bernal Díaz del Castillo relata cómo, para anular a los partidarios de Velázquez, don Hernando recorrió toda la noche anterior a la elección de regidores, las tiendas de los capitanes y soldados, con ofrecimientos de cargos y de ventajas futuras, para que votaran por sus paniaguados o incondicionales. El primer ayuntamiento y la primera compra de votos; ¿no es triste?

No fue todo. Del otro lado del océano, Carlos V, ese mismo año derrotó en Villalar a los comuneros españoles que defendían los fueros y cartas francas de sus ciudades. Cuando se iniciaba aquí la vida municipal, en la metrópoli el autoritarismo del rey de España se imponía a las antiguas libertades y derechos de los vecinos de las ciudades. México empezaba su experiencia municipal con trampas y bajo un gobierno intolerante con las libertades y fueros de las ciudades.

Durante el virreinato los ayuntamientos y cabildos tuvieron en la práctica poca autonomía y muchas responsabilidades de carácter local; por lo general, su poder era mínimo y sobre su cabeza estaban el rey en España allá y aquí el virrey y la audiencia.

En el México independiente el municipio no se reconoce como libre y autónomo hasta que se promulga la Constitución de 1917, gracias a la inspiración política de Venustiano Carranza y a la sabiduría jurídica de Luis Cabrera.

En 1915, el primer jefe expidió desde Veracruz una ley municipal que luego se incorporó a nuestra Constitución. La intención de Carranza y los constituyentes del 17 quedó plasmada en el artículo 115 de la Carta Magna, vigente aún, pero sin correspondencia alguna o con mínima correspondencia con la práctica política cotidiana.

El municipio libre es una de las conquistas de la Revolución Mexicana, al lado del principio de tierra y libertad, y del reconocimiento de los derechos de los trabajadores. Estos tres, logros que tanta sangre costaron, en la práctica han sido anulados en la medida en que el otro principio revolucionario, el del sufragio efectivo, es burlado y atropellado.

Se logró en 1917 que se aprobaran leyes de avanzada, con sentido social y justas; sin embargo, al correr de los años y bajo gobiernos enemigos del pueblo, los derechos y las libertades han venido desmantelándose con maniobras de todo tipo, arreglos políticos, pactos y, cuando eso no basta, con el uso de la fuerza.

La propuesta de un mando único de la policía en cada estado va contra la autonomía municipal; desde el gobierno de Vicente Fox se ha tratado de imponer so pretexto de que es necesario para combatir frontalmente a la delincuencia organizada. En mi época de procurador del Distrito Federal, por ningún motivo permití que autoridades federales tuvieran injerencia en la procuración de justicia local, pero reconocí la necesidad de una buena comunicación, intercambio de información y trabajo coordinado; eso fue suficiente.

La tendencia del sistema va encaminada al control de todo y para ello se emplea todo tipo de argucias y planes con diversos nombres y explicaciones aparentemente sólidas y valiosas desde el punto de vista social, pero que en el fondo tienen como única finalidad el control político y presupuestal. Dentro de estas maniobras está, en materia educativa, la evaluación de los maestros, que acertadamente ha sido calificada de punitiva.

En política, el control ha sido más variado y eficaz; se usan la zanahoria y el garrote, a veces bastan las amenazas, los temores fundados o imaginarios para lograr el control; en otras se acude a la compra de voluntades a partir del control del presupuesto. Así han debilitado y sometido a las instituciones surgidas de la Revolución Mexicana, entre ellas el municipio libre.

La idea del mando único responde a ese esquema y apunta contra la autonomía municipal. El artículo 115 define con claridad que la base de la organización política de los estados es el municipio libre y que cada uno contará con un ayuntamiento de elección popular, una de cuyas funciones y servicios es la seguridad pública. Es lógico que cada ayuntamiento cuente con el mando de su propia policía para guardar el orden y dar seguridad. Despojar a los ayuntamientos de esa potestad, los deja inermes ante abusos, tanto de la delincuencia como de gobernadores y autoridades federales inclinados al autoritarismo. Otro capítulo triste en la historia del municipio.