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Tras un lustro alejado de ese género, la compondrá para las ocho décadas de la sinfónica

Federico Ibarra cumple 70 años; le encargan pieza para la Ofunam

Estudió arquitectura por deseos de sus padres, pero se dedicó a la música

Se montarán las óperas Antonieta y El pequeño príncipe, como parte de los festejos por su onomástico

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Federico Ibarra prepara su noveno título operístico; sólo es cuestión de tiempo, dice, mientras se organizan varios homenajes por su cumpleaños, el próximo 25 de julioFoto María Luisa Severiano
 
Periódico La Jornada
Miércoles 20 de enero de 2016, p. 4

Aunque afirma que la música nunca lo ha decepcionado, el compositor Federico Ibarra Groth (ciudad de México, 1946) confiesa que en un momento pensó dejar esa profesión y dedicarse a otra actividad.

Sin embargo, cambió de decisión cuando la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) le comisionó su primera obra. Eran principios de los años 70 del siglo pasado y desde entonces, asegura, nunca más se ha visto en un dilema similar.

Me han decepcionado muchas otras cosas alrededor de la música, pero ésta jamás. He sido muy feliz haciendo lo que decidí hacer: escribir y vivir de la música, exclama el maestro, quien el próximo 25 de julio cumplirá 70 años de edad, consolidado como uno de los compositores mexicanos de mayor renombre y proyección en el país y el extranjero.

Esto último sobre todo a partir de su trabajo en la vertiente vocal, en la que destaca como el autor nacional que más óperas ha creado (ocho hasta la fecha), además de un oratorio escénico. Ya tiene en proyecto su noveno título operístico. Sólo es cuestión de tiempo, explica.

Reconocimientos a su trayectoria

Si bien faltan varios meses para su cumpleaños, los festejos, homenajes y reconocimientos comienzan a sumarse desde las primeras semanas de 2016.

Entre ellos, el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) celebrará el onomástico en febrero con la puesta en escena de dos de las óperas del compositor: Antonieta y El pequeño príncipe, en la misma función, dado lo corto de su duración. Serán presentadas los días 14, 18 y 21 de ese mes en el Palacio de Bellas Artes.

Estrenada en 2010, la primera está basada en la historia de Antonieta Rivas Mercado, quien fue hija del arquitecto que diseñó la columna del Ángel de la Independencia, Antonio Rivas Mercado, y destacó en su época por el gran apoyo que brindó a los artistas del México postrevolucionario. El final de su vida fue trágico: se suicidó de un balazo en la catedral de Notre Dame, en París.

El pequeño príncipe, en tanto, fue estrenada en los años 80 en la Universidad de California en Los Ángeles, Estados Unidos, como parte de una obra de Luis de Tavira sobre el escritor Antoine de Saint-Exupéry, a partir de la cual Federico Ibarra realizó una nueva nueva versión que fue presentada por vez primera en México a finales de esa misma década. La historia está basada en la famosa novela del autor francés El principito.

Otro de los reconocimientos que se tienen proyectados corre a cuenta de la máxima casa de estudios del país, que le comisionó una pieza para a su vez festejar los 80 años de la Orquesta Filarmónica de la UNAM, cuyo estreno será en mayo. Esto marca el regreso del compositor al mundo sinfónico, luego de cinco años de no escribir nada en ese género.

En marzo también recibirá un homenaje en la Universidad de Nuevo México, en Estados Unidos, con dos conciertos, en los cuales se interpretará parte de su obra de cámara.

El futuro se ve de otra manera

Cumplir siete décadas de vida es motivo de regocijo para Ibarra, quien afirma que llega muy bien y contento a estas edades, con salud y proyectos; pero por otro lado, también es complicado en varios sentidos, entre ellos que ya no son las mismas energías y el futuro comienza a pensarse de otra manera.

En entrevista con La Jornada, el maestro recuerda que debió hacerse músico en contra de la voluntad de sus padres, pues consideraban que no era una profesión seria y les preocupaba sobre todo el aspecto económico, por lo que debió estudiar arquitectura, carrera que nunca ejerció.

Por fortuna, la música me ha permitido vivir todos estos años haciendo lo que quiero, y esto me ha generado enormes satisfacciones. Nunca me he visto en la necesidad de hacer otros trabajos para subsistir, aunque sí he debido manejar la música desde otros puntos de vista, como intérprete, escribiendo acerca de ella, componiendo, comenta.

Su interés por el arte sonoro se remonta a su último año de secundaria, cuando en la clase de orientación vocacional le hicieron ver que contaba con aptitudes. No obstante, pasaron varios años para que por fin pudiera dar rienda suelta a su vocación.

Cuenta que en su casa sí había cultura musical y que se escuchaba el género clásico, aunque nadie se dedicaba de manera profesional a esa disciplina.

Los Beatles cambiaron su mundo

Recuerda con emoción que en sus años de juventud le tocó ser partícipe de un fenómeno muy extraño que no se ha vuelto a repetir: el surgimiento de Los Beatles, que para él partió el mundo en el que vivía.

Lo viví igual que todos los jóvenes, con mucho entusiasmo hacia todo lo que se estaba escuchando y dando entonces; sorprendido. Fui parte de eso, incluso puedo decir que fui roquero, pero solamente como escucha, porque nunca me llamó la atención incursionar en ese tipo de música, apunta.

Si bien considera que en su quehacer influyen todos sus conocimientos y experiencias, aclara que nunca se ha valido de manera deliberada de la arquitectura para componer, como sí lo hacía el griego-francés, nacido en Rumania, Iannis Xenakis.

Ibarra reconoce su gran interés por el aspecto visual, sobre todo a partir de la relación que tuvo al principio con el cine, a la que luego se sumaron sus gustos por la literatura, la poesía y el teatro.

Para el maestro es difícil precisar cuáles son los elementos que constituyen su voz y su lenguaje como compositor; empero, no tiene duda de que la música es la patria de sus obsesiones y sus fantasmas.

Ibarra concluye la charla aceptando que siempre ha sido un compositor de ideas complejas, aunque precisa que eso no significa que sus obras sean difíciles de escuchar. Son cosas muy distintas.