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La proliferación amenazante
“E

l calentamiento global no controlado, la modernización de las armas nucleares en el mundo y los descomunales arsenales nucleares constituyen extraordinarias e innegables amenazas a la continuada existencia de la humanidad…”

(Bulletin of the Atomic Scientists, 19/1/15).

El mes que concluye, apenas el primero del año, el mundo pareció venírsenos encima. No sólo a los mexicanos. En otras naciones también hubo que añadir a las propias las angustias globales. Con la acumulación inusitada de catástrofes, amenazas y riesgos hubo cuestiones que a pesar de su gravedad recibieron atención muy limitada. El tema nuclear volvió a discutirse. Como amenaza presente, a raíz del inverosímil anuncio norcoreano de haber detonado un artefacto termonuclear, una bomba de hidrógeno. Y como avance bienvenido, el levantamiento de las sanciones relacionadas con el programa nuclear de Irán, logro inusual de la diplomacia. En cambio, pasó casi desapercibida la evidencia del notable, constante y costoso esfuerzo de modernización técnica y renovación operacional del arsenal nuclear estadunidense, prueba de que la proliferación nuclear es un peligro real y presente. Como se sabe, la proliferación no sólo se manifiesta cuando un Estado que no disponía de él se dota de armamento nuclear –proliferación horizontal–, sino también cuando un Estado nuclear fabrica nuevos ingenios, amplía o moderniza su arsenal –proliferación vertical. Las armas atómicas tácticas B61-12, construidas en EUA y que se supone serán desplegadas sobre todo en Europa occidental, constituyen una de las nuevas amenazas nucleares que mayor preocupación deberían despertar y de la que muy poco se habla. En las últimas semanas han sido tema de dos artículos, publicados el 10 de noviembre por The Guardian y, dos meses después, el 11 de enero, por el New York Times. De ellos se nutre esta nota.

Las bombas B61 son las protagonistas de este particular capítulo de la saga interminable de la proliferación vertical. Han sido parte del arsenal nuclear táctico de Estados Unidos y la OTAN desde las épocas de la guerra fría profunda. Se desplegaron en Europa para disuadir cualquier acción militar soviética y 180 de ellas permanecen en seis bases fincadas en cinco países: Alemania, Bélgica, Holanda, Italia y Turquía. Un programa de modernización iniciado a principios del decenio alcanzó una fase crítica con una prueba realizada el año pasado en el desierto de Nevada. Como se observa en un video de Sandia National Laboratories que acompaña la nota del NYT, una B61-12 sin carga explosiva, lanzada desde un yet de combate, giró sobre sí misma, corrigió su rumbo y alcanzó con toda precisión su objetivo, penetrando la superficie del desierto. Las nuevas características del ingenio son básicamente tres: al dotársele de aletas movibles, la trayectoria de la bomba, convertida en un proyectil de crucero, puede modificarse tras su lanzamiento para asegurar que alcance el objetivo designado; la potencia de la carga explosiva puede elegirse ‘a la carta’ entre cuatro opciones, la menor o más débil de las cuales equivale a solo 2 por ciento –la cincuentava parte– de la usada en 1945 en Hiroshima, y es capaz de penetrar la corteza terrestre y destruir objetivos subterráneos. Como señala el articulista de The Guardian, el programa se orienta a convertir una bomba tonta (dumb bomb) en una bomba inteligente (smart bomb), que resulte más fácil de usar. La mayor precisión abatiría los daños colaterales; la menor potencia limitaría la dispersión radioactiva y la capacidad de penetración permitiría usarla contra las instalaciones subterráneas, los búnkeres que se supone constituyen los nuevos objetivos. A diferencia del resto del arsenal nuclear, la B61-12 sería considerada una bomba atómica utilizable.

Quizá la parte más alarmante de la información sea el testimonio de mandos militares estadunidenses, en el sentido de que sería concebible usar un artefacto nuclear con las características de la B61-12. James N. Miller, antiguo subsecretario de Defensa citado en la nota del NYT, considera adecuado modernizar la bomba, porque reducir las víctimas civiles en caso de que la disuasión falle constituye un enfoque más creíble y más ético. Por su parte, el general retirado James Cartwright, a quien se considera la mayor autoridad en estrategia nuclear, opina, quizá sin advertir la paradoja, que al hacer más sencillo jalar el gatillo nuclear se reduce la necesidad de hacerlo. En otras palabras, como todo mundo sabe que no es concebible usar las ‘bombas tontas’, éstas carecen de capacidad disuasiva; en cambio, las ‘bombas inteligentes’, que resulta creíble que se empleen en algún momento, son un disuasivo real. Estas declaraciones ejemplifican la tortuosa lógica en que se apoyan los practicantes de la proliferación vertical.

En Estados Unidos y Europa, sobre todo en círculos relacionados con cuestiones nucleares, tanto oficiales como no gubernamentales, se ha debatido si la B61-12 debe considerarse un arma nuclear nueva. De ser este el caso, su desarrollo violentaría los compromisos asumidos por Estados Unidos, en especial por el presidente Obama. Se recuerda el célebre discurso de Praga en 2009, en el que prometió adoptar acciones concretas hacia un mundo libre de armas nucleares y, más específicamente, reducir el papel de esas armas en la estrategia estadunidense de seguridad nacional. Ese discurso fue, por cierto, uno de los motivos que le valió la concesión instantánea, el mismo año, del Premio Nobel de la Paz. Al año siguiente, al divulgar la revisión de la posición nuclear, Obama refrendó el compromiso de no desarrollar nuevas cabezas nucleares ni emprender nuevas misiones militares o desplegar nuevas capacidades para las armas nucleares (www. whitehouse.gov). Es difícil, sin embargo, sostener que la transformación de la B61 ‘tonta’ en la B61-12 ‘inteligente’ no violenta esos solemnes compromisos. De hecho, la revisión de 2010, además de reconocer que el riesgo nuclear, más que el enfrentamiento entre Estados, se manifiesta ahora en el terrorismo nuclear y la proliferación horizontal, postula una estrategia de largo plazo basada en el perfeccionamiento y modernización de los arsenales nucleares existentes; es decir, una estrategia de proliferación vertical.

Por ello, el esfuerzo de modernización de la bomba B61-12 forma parte de un empeño de largo plazo y de muy elevado costo. “La B61-12 ensayada el año pasado en Nevada –dice la nota del NYT– es uno de cinco nuevos tipos de cabezas nucleares comprendidas en el programa de revitalización cuyo costo es superior a un billón de dólares a lo largo de tres decenios, orientado a desarrollar armas y vehículos portadores más pequeños, menos detectables y más precisos.”

Podría concluirse que la construcción de armas nucleares usables constituye una amenaza no menor a la representada por el acceso de actores no estatales a armas o materiales nucleares, al tiempo que la proliferación vertical puede ser tan peligrosa como la horizontal.