Directora General: Carmen Lira Saade
Director Fundador: Carlos Payán Velver
Director: Iván Restrepo
Editora: Laura Angulo
Número Especial febrero marzo 2016 No 204

La nueva ciencia busca conservar
y aprovechar los recursos naturales

Catalina López-Sagástegui
UCMEXUS-Universidad de California, Riverside
Correo-e: catalina@ucr.edu

Octavio Aburto-Oropeza
Instituto Scripps de Oceanografía, Universidad de California, San Diego
Correo-e: maburto@uscd.edu

La pesca: ¿obstáculo para la conservación?


Flota de camaroneros en el Golfo de California

En México, la pesca artesanal es fuente de empleo y alimento para comunidades costeras, para el resto del país y el mercado internacional. Uno de los retos que enfrentamos en nuestro país es abordar el manejo y protección de los recursos naturales con una perspectiva multidisciplinaria. En el alto Golfo de California se ha presentado una oportunidad para llevar a cabo tal concepto. No podemos hablar de la vaquita marina sin hablar de la pesca; y no podemos ignorar que la pesca es la fuente principal de ingresos para las comunidades de la región. Desde que se estableció la Reserva de la Biosfera del Alto Golfo de California y Delta del Río Colorado (RBAGCDRC), los esfuerzos para proteger a la vaquita marina han mantenido un enfoque unilateral y no han logrado integrar a la pesca adecuadamente. El resultado son metas no cumplidas y la situación crítica en la que ahora nos encontramos. No solo con la vaquita marina que está en riesgo de extinción, sino también con pesquerías que han colapsado o disminuido en su valor comercial.

El Programa Marino del Golfo de California (PMGC), un consorcio de investigadores de distintas instituciones y disciplinas que trabajan con temas marinos y costeros en la región, comenzó a trabajar en el alto Golfo de California en 2009 estudiando sus pesquerías e incluyendo la dinámica socioeconómica bajo la cual se llevan a cabo. El Programa de Acción para la Conservación de la Vaquita apenas comenzaba, y existía tensión entre investigadores y pescadores. Nuestro reto era echar a andar una nueva manera de hacer ciencia para cambiar el paradigma de cómo abordamos los retos de la conservación y el aprovechamiento de los recursos naturales en la región.

El primer paso que dimos fue establecer el Programa de Ciencia Ciudadana, donde se garantizaba por primera vez la participación de los pescadores en la colecta de datos y los análisis de los mismos, esperando que un proceso de ciencia transparente resultara en una mayor participación en el diseño de políticas públicas. El segundo paso fue garantizar el acceso libre a la información que se genera.

El diseño del programa ciudadano fue simple. Utilizamos un tracker (es un aparato para medir la posición geográfica, comúnmente llamado en inglés GPS-data logger) para conocer las rutas de las lanchas y entender cómo se distribuía el esfuerzo pesquero en la región. Desde el punto de vista académico sabíamos que esta información ayudaría a comprender la relación de las comunidades locales con el ecosistema y sus especies.

Pero, ¿cuál sería el valor que la comunidad o el pescador le daría a esta información? El conocimiento científico cobra importancia cuando resulta útil para muchos, no solo para satisfacer una problemática en particular. Es por eso que buscamos mantener un intercambio de conocimiento recíproco entre científicos, pescadores, organizaciones de la sociedad civil y gobierno. La pesca, la conservación y la ciencia se deben abordar desde muchos puntos de vista, tomando en cuenta que estas actividades interactúan y nunca están aisladas una de las otras.

Después de seis años, contamos con un banco de información que contiene los datos de más de 5 mil 500 viajes de pesca, que nos permite comprender la dinámica pesquera a nivel regional y de comunidad. La base de datos incluye información espacial o georreferenciada, información biológica (obtenida de monitoreos biológicos-pesqueros), datos de capturas pesqueras (volumen de pesca), e información económica relacionada con las especies objetivo y a la actividad pesquera en general.


Golfo de Santa Clara, Sonora

Hemos podido delimitar áreas de pesca por especie, plasmar la distribución de la actividad pesquera dentro de la Reserva de la Biosfera del Alto Golfo de California y Delta del Río Colorado; conocer tendencias de capturas y ganancias pesqueras, además de describir la ecología y biología de las especies objetivo. Esta información la complementamos con registros de la Comisión Nacional de Pesca y Acuacultura (Conapesca), costos de operación de las pangas, descripciones cualitativas de la dinámica bajo la cual se llevan a cabo las actividades pesqueras, e incluso con datos de avistamiento de vaquita marina.

A través de estas investigaciones, estamos llenando huecos de información que benefician los esfuerzos de manejo pesquero en la región y permiten entender el papel que cada una de las pesquerías juega en la economía de la región, las interacciones entre la pesca y el ecosistema. Incluso el papel que juegan en la cultura local y regional. Si bien los programas de ciencia ciudadana buscan cambios sociales en el largo plazo, hacia finales del 2014 pudimos ver cómo estos esfuerzos invertidos en el alto Golfo de California facilitaron el diálogo entre los sectores de conservación y pesca, cuando comenzaron la negociación para la compensación monetaria a cambio de dejar de pescar.

Salvemos a la vaquita marina, pero ¿a qué costo?

En el alto golfo, las estrategias de manejo implementadas hasta ahora, como la zonificación de la reserva, el refugio para la vaquita marina y, más recientemente, la suspensión de pesca con chinchorros de línea, tienen un impacto en la economía de las comunidades locales. A pesar de haber negociado una compensación, no se conoce el valor neto de las pesquerías y tampoco se ha cuantificado el efecto que la suspensión del uso de redes tendrá en la economía local y en el tejido social de las comunidades. Es decir, el dinero que reciben los pescadores por no realizar su actividad siempre se ha decidido en oficinas centrales, por técnicos que visitan o han visitado la región en pocas ocasiones, y con modelos y datos que no han sido presentados a las comunidades, y no se han puesto a disposición del público.

En 2014, ante las recomendaciones que el comité internacional para la recuperación de la vaquita marina (Cirva) y grupos de conservación proponen para salvar a la vaquita, el gobierno propuso la suspensión del uso de los chinchorros de línea durante dos años. Si bien esta decisión fue tomada desde la Presidencia de la República, el gobierno tiene la responsabilidad de mantener el bienestar económico de las comunidades a través de alternativas en artes de pesca, nuevas pesquerías, proyectos de acuacultura e iniciativas de turismo. La propuesta más reciente era el de otorgar una compensación monetaria a los pescadores. Pero, ¿cuánto debe pagar el gobierno para compensar a quienes se verán afectados por este cierre a la pesca?


Pescadores de San Felipe, BC Foto: Octavio Aburto

Líderes de pescadores de San Felipe y golfo de Santa Clara se preparaban para negociar con el gobierno y, sabiendo que contábamos con toda esta información que los pescadores estaban ayudando a generar, nos solicitaron hacer un ejercicio de valuación pesquera. Las cifras que el gobierno presentaba parecían bajas, por lo que hacer un ejercicio independiente y comparar resultados era una manera de dar a todo el sector pesquero mayor confianza para seguir con la negociación.

Nuestro ejercicio de cálculo es sencillo pero es un ejemplo de cómo es posible integrar datos de distintas fuentes para obtener algo que refleje el valor real de una actividad: número de embarcaciones que participan por pesquería; número de viajes que hace cada embarcación por temporada; número de kilos que se capturan por viaje; pesos que se pagan por cada kilo; menos los costos de cada viaje de pesca.

Utilizando los datos generados a través de nuestro Programa de Ciencia Ciudadana, calculamos las ganancias netas anuales para las pesquerías más importantes de la región que utilizan el chinchorro de línea: chano, curvina golfina, camarón y sierra. Utilizamos el número de permisos de pesca como indicador de número de pangas y aproximadamente 800 trabajan de manera legal (≈ 60 por ciento pertenece a Santa Clara y ≈ 40 por ciento a San Felipe). Para calcular los costos de gasolina, tomamos el promedio por viaje de pesca y el precio es el promedio para octubre de 2014 y para cada pesquería representan hasta 80 por ciento del costo de operatividad. Además, obtuvimos un promedio de los precios de mercado de varios compradores en la región del 2011 al 2013 para pescados y camarón para construir el mejor y el peor escenario de ganancias.

Con esta información, estimamos que cerrar las pesquerías que utilizan el chinchorro de línea generaría una pérdida total aproximada de 972 millones de pesos (70.5 ± 26.5 millones USD) para San Felipe y Santa Clara en conjunto. Las ganancias perdidas por panga en cada comunidad alcanzarían 1.71 millones de pesos (119.5 ± 50 mil USD) para Santa Clara y 1.18 millones de pesos (92.5 ± 27 mil USD) para San Felipe.

Nuestras estimaciones fueron alrededor del doble de las que presentó el gobierno a los pescadores. Seguramente debido a que nuestra base de datos incluye capturas no reportadas a Conapesca. Por primera vez, los líderes pesqueros tenían datos para contrastar con los números que les presentaba el gobierno, lo que mantenía y animaba las negociaciones. Esta vez la frase “nosotros somos los expertos y tenemos los datos” no se escuchó en las reuniones realizadas en la Ciudad de México. Los valores y resultados publicados transparentemente en un portal de internet (datamares.ucsd.edu), fue una herramienta para que, por un lado, los pescadores siguieran sentados en la mesa de negociación, y por otro, se anunciara oficialmente la veda pesquera en abril del 2015 para proteger la vaquita marina con el respaldo del sector pesquero.

Los cierres en pesquerías tienen impactos que van más allá de los pescadores y las pesquerías. Las consecuencias serán absorbidas también por  los compradores, trabajadores de plantas, productores y consumidores que no han sido incluidos en el análisis debido a la falta de información. Además, no hemos cuantificado los efectos que la reducción en las oportunidades de empleo tendrá en las economías y el tejido social de las comunidades. Sin embargo, el Programa de Ciencia Ciudadana establecido en el alto Golfo de California demuestra que, con el involucramiento de la población directamente afectada (en este caso comunidades pesqueras), en la colecta y análisis de información, se producen importantes cambios en cómo la sociedad percibe y acepta las políticas públicas que la sociedad y el gobierno diseñan.

Las metodologías que incluimos en nuestro Programa de Ciencia Ciudadana han permitido establecer una relación más estrecha entre científicos y usuarios de los recursos, la cual puede tener un impacto positivo para el cumplimiento de las metas de conservación planteadas para el alto Golfo. Es claro que hay que cambiar la manera en que se ha venido trabajando entre los sectores de pesca y conservación. Lo que sí está claro es que combinando herramientas y metodologías que generen información científica e integren estrategias de comunicación, podemos lograr acuerdos y compromisos comunes en iniciativas que requieren de un diálogo abierto y honesto. Y que permitan una negociación cuyo resultado refleje las necesidades de todos los involucrados.

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