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Visita Papal
Basta de hacer de la pobreza de muchos el oportunismo de pocos

El Papa pide en Ecatepec acelerar las iniciativas para que no haya necesidad de migrar para soñar

Ante más de 320 mil personas lamenta que traficantes de la muerte destruyan a jóvenes y niños

Enviada
Periódico La Jornada
Lunes 15 de febrero de 2016, p. 2

Ecatepec.

Ante el páramo de lo que fue el Lago de Texcoco cubierto por un mar de feligreses, la mayoría procedentes de los rincones más pobres del estado de México, el papa Francisco pidió que se brinde prioridad a todas las iniciativas para que en México no haya necesidad de emigrar para soñar; no haya necesidad de ser explotado para trabajar; no haya necesidad de hacer de la desesperación y la pobreza de muchos el oportunismo de pocos.

Siguiendo el estilo que adelantó ayer, de entrar al tema mexicano pisando suavemente, pronunció las pocas frases de la Eucaristía que lo acercaran a la dura realidad cotidiana de este municipio: Una tierra que no tenga que llorar a hombres y mujeres, a jóvenes y niños que terminan destruidos en las manos de los traficantes de la muerte. Más allá de esta frase, no haría ninguna otra referencia a los feminicidios, a las inmensas extensiones de población que viven al límite, sin servicios, en condiciones de insalubridad; al enriquecimiento ilícito y el tráfico de influencias que marcan la tierra que visitó.

Para hacer referencia –indirecta– a la corrupción que asuela estas latitudes aprovechó el pasaje de la Biblia de los 40 días de Jesús en el desierto –precisamente la Cuaresma– y la parábola de las tres tentaciones del demonio. La riqueza, adueñándonos de bienes que han sido dados para todos; la vanidad, “la búsqueda exacerbada de esos cinco minutos de fama que no perdona la ‘fama’ de los demás”. Y el tercero, el orgullo, “del que reza todos los días: ‘Gracias Señor porque no me has hecho como ellos’”.

Frente al altar de cerca de 100 metros de altura y 200 de largo, con una base adornada con el tradicional tapete de aserrín de San Pedro Xalostoc con motivos mazahuas, el pontífice compareció ante una multitud expectante, calculada en 320 mil personas, que habían dormido sobre el lecho disecado de un lago bajo temperaturas gélidas y que a esa hora soportaba los rayos de un sol que se comportaba, como dicen los abuelos: Sol de invierno, sol de infierno.

Horas duras, de resistencia. Desde sus miradores, los fotógrafos que portan escaleras detectaron decenas de desmayos. Los paramédicos tuvieron una jornada sumamente ajetreada y el hospital de campaña que se instaló en las orillas no dejó de tener ingresos.

En el altar esperan pacientemente los prelados con sus mitras blancas. Entre ellos destaca el cardenal Norberto Rivera, entusiasta de las selfies, que toma de todos los ángulos con su tableta.

Abajo, los animadores de la diócesis se esforzaban en alegrar a la gente. Les hacían ensayar canciones de estreno, compuestas especialmente para halagar al Papa, como aquella que habla del jefe del Vaticano como un pastor con olor a oveja, pequeña pifia del autor de la letra. Y hasta habían logrado dominar una mexicanísima ola, de un extremo al otro de la explanada.

Nada de eso pudo ver el papa Francisco, ya que el prelado acotó su esperada aparición a la solemne celebración de la eucaristía cuaresmal. No interactuó con la masa que desde la explanada bebía cada una de sus palabras. Un notable contraste con la ternura y la cariñoterapia que derrochó ante cada uno de los niños pacientes del Hospital Infantil de México Federico Gómez, en la Colonia Doctores, horas más tarde.

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El papa Francisco acotó su esperada aparición a la solemne celebración de la eucaristía cuaresmal. No interactuó con la masa que desde la explanada bebía cada una de sus palabrasFoto Carlos Ramos Mamahua

Tampoco pudo ver que una joven pareja, instalada en los asientos del frente, en la infaltable zona Vip, donde se colocaron los políticos y empresarios del estado y sus cercanos, se pusiera de pie para agitar un lienzo en el que le informaban al obispo de Roma: Papa Francisco, nos vamos a casar. Ni siquiera ese detalle inofensivo tuvo espacio en el formato de la misa de Ecatepec.

Atrás de esta zona Vip, el pobrerío se extendía hasta donde se perdía la vista, mirando a grandes distancias, apenas como minúsculas figuritas de sotana, a los prelados moviéndose con toda solemnidad por el altar.

Desde un rincón, Lorenzo Molina esperó en su silla de ruedas desde las cuatro de la madrugada. Tiene 87 años y hace tres meses sufrió una embolia que le afectó la movilidad y el habla. Pero tenazmente levanta de su pecho un crucifijo, una sencilla y bella pieza de madera, con incrustaciones de latón, con la esperanza de que, aunque sea desde lejos, le alcance un pequeño soplo de bendición. Cuenta su hijo que desde que conoce a su padre vive aferrado a esa pequeña cruz. Vienen de la colonia La Glorieta, a orillas del Río de los Remedios, un cinturón de miseria.

Pero otros vienen de más lejos. Marichuy para servirle a usted hizo el periplo junto con 80 pachuqueños, en autobuses fletados por las parroquias La Asunción y Buen Pastor. Todos pagan el pasaje. El boleto para la misa fue el premio de una rifa. A otros les tocó boleto para Chiapas. Y para allá van.

Desde miles de parroquias, organizaciones pastorales y congregaciones religiosas se ha propiciado un enorme flujo de viajeros hacia los sitios a donde irá Francisco.

A las 10:31, exactamente, el helicóptero Puma que traslada al Papa sobrevuela el mar de gente. Miles de banderitas blanco-amarillas se agitan. Minutos después –tiempos modernos– aparece en el horizonte una nube de drones, como moscardones blancos. Desde el aire siguen el paso del papamóvil que está a punto de terminar su recorrido de ocho kilómetros desde el helipuerto local.

Cuando aparece, no hay un saludo hacia la multitud. Empieza la misa, en la que, por ser una liturgia en días de Cuaresma, los prelados –medio centenar de obispos y cardenales, con sus mitras– visten casullas moradas.

Llega el momento de las peticiones universales. Varios laicos suben para leerlas. Una parece llevar la huella de algún partido político: Oremos por nuestros gobernantes para que sigan generando oportunidades de desarrollo y motivan una distribución justa de los bienes de la creación.

Finalmente, la hora de la comunión. Se dice que prepararon y bendijeron 23 mil hostias para la ocasión. Varias docenas de sacerdotes bajan del altar y se distribuyen entre la multitud. Van custodiados por cuatro policías federales cada uno.

La misa ha terminado. Francisco se despide con su rúbrica: Y por favor, no se olviden de rezar por mí. Desaparece detrás del altar. La transmisión de la señal televisiva se corta. Y algunos cuantos se lanzan a la pesca de alguna reliquia o souvenir: macetas, floreros, lo que alcancen.

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