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Visita Papal
¡Perdón, perdón, hermanos!: el Papa a los indígenas
V

uestros pueblos han sido incomprendidos y excluidos de la sociedad, dice el Papa a los indígenas de Chiapas. Ante un imponente escenario lleno de color de los pueblos indígenas, el pontífice emitió un mensaje profundo y tuvo, al mismo tiempo, la sensibilidad de escuchar sus palabras en diferentes lenguas. Francisco convivió con pueblos indígenas y gente sencilla. Hubo momentos muy emotivos, y por primera vez en esta gira, los poderosos y pudientes no acapararon los lugares de privilegio para ver al Papa. Francisco habló a los pobres y a los sectores más maltratados de nuestro país. Bergoglio comió con representantes de diversos grupos indígenas y después visitó y oró ante la tumba de Samuel Ruiz, el Tatic. Gesto relevante ante presiones del gobierno para que no efectuara el acto; por ello, Francisco optó por hacerlo de manera discreta y sobria. El Papa se detuvo frente al sepulcro de Ruiz, defensor de los derechos de los indígenas, y colocó un arreglo floral. El solo hecho de haber estado ahí tiene repercusiones trascendentes, tanto en la cultura política como en la religiosa, por tratarse de un actor religioso tan denostado por la clase política, los gobiernos de Salinas y de Zedillo, así como por la jerarquía católica encabezada por los cardenales Juan Sandoval y Norberto Rivera. Cómo olvidar los ácidos señalamientos de analistas que hoy se llenan la boca de elogios hacia Tatic. Como a monseñor Óscar Romero, en El Salvador, Samuel Ruiz espera, a cinco años de su muerte, una profunda resignificación.

Francisco en San Cristóbal desarrolló una homilía profunda, crítica, con maneras suaves. La entrada no pudo ser más emblemática, pues comienza con el Éxodo, texto clásico de la teología de la liberación y muy utilizado por Samuel Ruiz. Dijo: “Un pueblo que había experimentado la esclavitud y el despotismo del faraón, que había experimentado el sufrimiento y el maltrato, hasta que Dios dice ‘basta‘, hasta que Dios dice ‘¡no más!’ He visto la aflicción, he oído el clamor, he conocido su angustia (cf. Ex 3, 9). Y ahí se manifiesta el rostro de nuestro Dios, el rostro del Padre que sufre ante el dolor, el maltrato, la inequidad en la vida de sus hijos, y su palabra, su ley, se volvía símbolo de libertad”. El éxodo como la intervención indignada de Dios en la búsqueda de libertad y de dignidad de los pueblos indígenas. En esa búsqueda de amanecer indígena cita el Popol Vuh, como un anhelo que tiene sabor a la tierra prometida donde la opresión, el maltrato, donde la desvalorización sea superada por la fraternidad, la injusticia sea vencida por la solidaridad y la violencia sea callada por la paz. Francisco denuncia que de muchas maneras se ha querido silenciar y callar este anhelo indígena, anestesiar el alma “con la insinuación de que nada puede cambiar o de que son sueños imposibles… La violencia que hay en el corazón humano, herido por el pecado, también se manifiesta en los síntomas de enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivientes. Por eso, entre los pobres más abandonados y maltratados, está nuestra oprimida y devastada tierra, que gime y sufre dolores de parto (Rm 8, 22).

Francisco reprocha el desprecio; considerar inferiores sus valores indígenas, sus culturas y sus tradiciones. Otros, mareados por el poder, el dinero y las leyes del mercado, los han despojado de sus tierras o han realizado acciones que las contaminaban. El Papa exclama: “¡Qué tristeza! Qué bien nos haría a todos hacer un examen de conciencia y aprender a decir: ‘¡Perdón, perdón, hermanos!’ El mundo de hoy, despojado por la cultura del descarte, los necesita a ustedes”.

El acto sobre la familia en el estadio de futbol de los Jaguares estaba cargado de malos augurios. El uso desbocado del gobernador Manuel Velasco Coello, quien en el palacio de gobierno se había inclinado a besar el anillo del Papa, como hizo Vicente Fox en 2002, acto provocador. Sobre todo si tomamos en cuenta que 42 por ciento de la población de Chiapas no es católica. Velasco pudo haber desatado su ardor religioso en privado, pero no contuvo el fervor místico y admiración por Francisco. ¿O quiso llamar la atención? El otro presagio que amenazaba el acto del estadio Víctor Manuel Reyna era repetir el patético numerito que Televisa organizó en el estadio Azteca con el anciano Juan Pablo II, también en 2002. La presencia en Tuxtla de Luis de Llano lo hacía suponer. Finalmente, se impuso la sensatez de los organizadores, al realizarse una ceremonia sobria, muy de acuerdo con el nivel pastoral casi catequético que tuvo la intervención de Francisco sobre las familias.

No hubo novedad en la prédica que Francisco ha venido mostrando sobre la familia. Fue un acto emotivo. Los asistentes coreaban al Papa y las referencias sociales como las expresiones el pueblo sufre o testimonios de solidaridad humana. El acto partió de casos concretos de familias en condiciones diversas: solidaridad de los padres hacia un adolescente con discapacidad, divorciados vueltos a casar, una madre soltera que ha tenido abortos y una pareja de ancianos que celebra 50 años de matrimonio. Francisco anima coloquialmente los casos, bromea y recrea sus enseñanzas sobre las amenazas a la familia y apertura sobre los divorciados vueltos a casar, a quienes abrazó y alabó su compromiso. Los silencios fueron notables: el Papa no abordó el tema de la mujer, pero tampoco el aborto y mucho menos las nuevas parejas gays. La derecha católica conservadora mexicana debe sentirse decepcionada por el mensaje voluntarista y, sobre todo, por las omisiones y condenas que hasta hace poco eran comunes en las alocuciones católicas.

El tono social de la visita ha subido. Quedan muchos reproches de una sociedad agraviada. ¿Le dará a Francisco responder dichas expectativas?