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Por primera vez en décadas se espera una convención negociada

Estalla la guerra entre Trump y la cúpula del Partido Republicano

Si llega a la Casa Blanca podría dañar la economía mundial, dice la EIU

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Figuras prominentes de Estados Unidos, desde el presidene Barack Obama, el liderazgo republicano, hasta las juntas editoriales de diarios como el New York Times y el Washington Post, advierten que Donald Trump representa una de las peores amenazas a la democracia del paísFoto Ap
Corresponsal
Periódico La Jornada
Viernes 18 de marzo de 2016, p. 25

Nueva York.

Estalló la guerra abierta en el Partido Republicano entre Donald Trump y la cúpula, con amenazas de motines, maniobras oscuras y rebeliones, mientras fuera del partido se ve el comienzo de un amplio movimiento plural para enfrentar lo que algunos califican de grave amenaza a esta democracia.

Figuras prominentes del país, desde el presidente Barack Obama hasta las juntas editoriales del New York Times y el Washington Post, artistas como George Clooney, periodistas legendarios como Bill Moyers, pero también casi toda la cúpula republicana –el ex candidato presidencial Mitt Romney, el ex presidente de la cámara baja John Boehner–, e incluso varios de los multimillonarios que financian a los republicanos, están advirtiendo que Trump representa una de las peores amenazas a este país.

Y no sólo es aquí adentro: la Economist Intelligence Unit (EIU), centro de investigaciones internacionalmente reconocido, ubica a Trump como uno de los 10 riesgos más graves que enfrentaría el mundo en 2016, si gana la Casa Blanca. La EIU advierte que un posible triunfo del magnate podría dañar la economía mundial y elevaría los riesgos politicos y de seguridad en Estados Unidos.

Dentro de su partido, la alarma sigue creciendo después de que Trump ganó cuatro de cinco estados el pasado martes, lo que incrementó su ventaja en número de delegados (ahora tiene 621) sobre sus otros dos rivales en contiendas que marcan el medio tiempo de este proceso de primarias que culminará en la convención republicana, en julio.

Al fracasar hasta ahora –a pesar de inversiones millonarias– en frenar a Trump en el proceso electoral, líderes y estrategas republicanos temen cada vez más que si continúan estas tendencias sólo quedará la opción de poner alto a Trump en la convención nacional.

Todo indica que ninguno de los tres precandidatos republicanos que quedan –Trump, Ted Cruz y Kasich– llegará a la convención con el número requerido de delegados (mil 237) para conquistar la corona como candidato presidencial. Por lo tanto, se espera por primera vez en décadas una convención negociada.

Las reglas generales son que si un precandidato no sale ganador en la primera ronda de votaciones, los delegados de cada candidato son liberados de su compromiso y pueden votar por otros en las siguientes rondas. Eso implica intensas negociaciones para obtener, a cambio de promesas (fondos, puestos, proyectos, etcétera) y amenazas, el número suficiente para nominar a uno de ellos, y hasta puede llevar a otro candidato de consenso que ni participó en la contienda.

Varios líderes ya están preparando no tan secretamente estrategias para evitar que Trump salga como candidato en la convención.

Ante esto, Trump advirtió que si llega con más delegados que los demás, pero se nomina a otro candidato, creo que tendríamos motines. Creo que tendríamos problemas como nunca se han visto antes. Creo que ocurrirán cosas malas.

La guerra ya estaba en curso, pero ahora ya es abierta. El Washington Post publicó un editorial titulado Para defender nuestra democracia contra Trump, el Partido Republicano tiene que buscar una convención negociada, donde dice que por razones morales, ya no políticas, la misión de todo republicano responsable es bloquear una nominación y elección de Trump. Agrega que tiene que ser frenado porque representa una amenaza a la democracia estadunidense.

El Post acusa que sus estrategias incluyen una aceptación informal de la violencia; la disposición de emplear los poderes del gobierno contra enemigos personales; desdén por una prensa libre; demonización de cualquiera que no sea blanco y cristiano; insinuaciones de conspiraciones oscuras, y la propagación de gruesas y feas mentiras. Señala que Trump ha defendido la tortura y el asesinato de familiares inocentes de terroristas, ha coqueteado con el Ku Klux Klan y ha calumniado a mexicanos y musulmanes, entre otros.

Es buen resumen de la opinión del establishment tanto republicano como demócrata. Pero, como indican varios observadores, entre ellos el veterano periodista Bill Moyers, Trump es cosecha de lo que ha cultivado el Partido Republicano durante más de una década.

Ante la alarma, algunos miembros de la cúpula están pensando que por ahora tendrán que apretarse las narices y apoyar a otro precandidato que pretende ser un insurgente y que es universalmente odiado por sus compañeros en la legislatura: el senador Ted Cruz.

Hoy, el influyente senador y ex precandidato presidencial republicano Lindsey Graham se declaró en favor de Cruz (había dicho hace un par de meses que elegir entre Trump y Cruz era como escoger entre ser fusilado o ser envenenado) como la mejor alternativa a Donald Trump. Marco Rubio, quien el martes se retiró de esta contienda, también indicó hoy que se estaba inclinando por apoyar a Cruz.

Por otro lado, el presidente de la Cámara de Representantes, el republicano Paul Ryan, criticó a Trump –junto con otros– por sus comentarios sobre motines en la convención si hay una maniobra para negarle la nominación.

Cascadas de denuncias, alertas, condenas y más se intensifican tras los comentarios de Trump, que fueron percibidos como justificación de la violencia contra manifestantes, y por sus posiciones que han alimentado la ola antimigrante, la islamofobia, el antisemitismo y el racismo.

De hecho, una amplia gama de organizaciones liberales, de derechos civiles, de defensa de inmigrantes y sobre todo jóvenes en movimientos por los derechos de los inmigrantes y expresiones como Black Lives Matter están generando el potencial de un amplio frente unido contra Trump.

Empezando por el éxito de miles de estudiantes inmigrantes mexicanos, latinos, afroestadunidenses y musulmanes que obligaron a cancelar un acto masivo de Trump en Chicago la semana pasada, activistas consideran que existe el potencial para armar un movimiento masivo de base contra el multimillonario.

Ben Winkler, director de la organización civil MoveOn.org, comentó a The Guardian que “las conversaciones están empezando dentro y entre movimientos a lo largo del país. La gente está buscando cómo relacionarse… queda claro que hay un hambre increíble para responder contra el odio” generado por Trump.

Un líder latino comentó a La Jornada que Trump podría generar una ola de nuevos votantes latinos en respuesta a su amenaza, y que eso podría llevar a una derrota aplastante no sólo del multimillonario, sino de su partido, y todo lo que ha alimentado en estos últimos años.