Sociedad y Justicia
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Documentan presencia de arsénico, flúor y mercurio por arriba de la norma

En 20 estados se consume como potable agua contaminada, advierten expertos
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Quienes suponen que se avecina una crisis del agua se equivocan, ya es nuestro presente, advierten investigadores. En la imagen, el río Atoyac, seco en su totalidad tras la aparición de un socavón el pasado 3 de marzoFoto Notimex
Blanche Petrich
Enviada
Periódico La Jornada
Viernes 18 de marzo de 2016, p. 43

San Miguel de Allende, Gto.

En el norte de Guanajuato el manto acuífero La Independencia, que solía abastecer a las comunidades de esta región semidesértica, ha bajado su volumen a tal grado que los más de 300 pozos ya no alcanzan a extraer aguas superficiales. El manto no llega a recargarse y la excavación es cada vez más profunda, a más de 300 metros. Resultado: en decenas de comunidades se consume agua con altos contenidos de flúor y arsénico.

Con esta y otras advertencias arrancó hoy el Foro del agua, acción desde la sociedad en el Jardín Botánico El Charco del Ingenio. El fundador de este proyecto, César Arias de la Canal, subrayó que quienes suponen que viene una crisis del agua se equivocan porque ésta ya es nuestro presente.

Nativo sanmigueleño, Arias cita simbólicamente la muerte, en 1993, del manantial El Chorro, a cuyos pies nació esta ciudad, que fue durante el periodo de la Colonia una potencia industrial gracias, precisamente, a sus fuentes de agua. De entonces a la fecha, decenas de antiguos manantiales se han secado sin que nadie se percate de su desaparición.

La bióloga María Deogracias Ortiz, de la Universidad de San Luis Potosí y miembro del Sistema Nacional de Investigadores, documentó, con trabajos académicos nacionales e internacionales realizados a lo largo de 25 años, el hecho de que en más de 20 entidades de México –norte y centro del país– se consume, clasificada como potable, agua entubada con cantidades de arsénico y flúor por arriba de la norma oficial.

En el caso del flúor, señaló, los estados de Guanajuato, Durango y San Luis Potosí concentran las comunidades donde la presencia de este metal está por arriba de 1.5 miligramos por litro, establecido como máximo aceptable. Estudios toxicológicos realizados por la propia científica Deogracias han encontrado incidencias frecuentes de daños a la salud como fluorosis dental, afecciones en los neurotransmisores del cerebro y daños en los huesos en diversas comunidades.

En Guanajuato se han registrado entre 40 mil y 50 mil casos de fluorosis dental –oscurecimiento de la dentadura– y la Asociación Médico Dental de San Miguel reconoce que siete de cada 10 niños que atienden ya tienen acumulación irreversible.

Se citó también una investigación de la revista médica Fluoride, que documentó con estudios de campo que el consumo de flúor en altas concentraciones puede reducir hasta 30 por ciento el coeficiente mental de los niños.

En el caso de los estados que registran comunidades donde se consume agua que duplica y hasta triplica la norma oficial de concentración de arsénico, citó los casos de la Comarca Lagunera en Coahuila y Zimapán en Hidalgo.

Estas investigaciones, entre ellas las de la propia doctora Deogracias, luego de ser ignoradas o desmentidas consistentemente por las instituciones federales que gestionan el agua, la Secretaría de Salud y los gobiernos estatales, finalmente han obtenido reconocimiento por parte de la Conagua. De hecho, informó la científica potosina, fue la propia Conagua la que reportó a un grupo de investigadores que sólo un estado de la República Mexicana, Campeche, distribuye en sus tuberías agua libre de arsénico y flúor.

Los efectos del arsénico en el cuerpo humano se traducen en mayor frecuencia de cánceres.

Sin embargo, concluyó María Deogracias, el flúor y el arsénico no son los problemas más graves de la contaminación hídrica, ya que los últimos estudios han revelado presencia de mercurio, altamente tóxico, en algunas comunidades de San Luis de La Paz.

Arias se refirió a las causas del problema: la extracción masiva de agua por parte de la millonaria agroindustria de familias de la región, como los Fox y los Usabiaga; a los campos de golf que disfrutan los potentados que habitan los alrededores y a los crecientes parques industriales que son vistos por el gobierno local como una solución, no un problema para el desarrollo.

Desde hace tres lustros académicos y activistas que se han dedicado a estudiar y documentar el creciente deterioro de la cuenca del acuífero La Independencia han denunciado la situación y han intentado diversas vías de diálogo y apertura con las autoridades federales, estatales y municipales. Sin embargo, concluyó Arias de la Canal, la respuesta ha sido la cerrazón: Desde la administración de Vicente Fox a la fecha, la reacción ha seguido el mismo patrón para seguir defendiendo el modelo de desarrollo extractivista: la negación, el ocultamiento de información vital y la satanización de los académicos, científicos y activistas que ponen las evidencias sobre la mesa.