Opinión
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Homenaje a Consuelo Velázquez en Bellas Artes
Cien años de Consuelito
Elena Poniatowska
Foto
Consuelo Velázquez (1916-2005)Foto cortesía del INBA
¿Q

uieren que les toque un poquito? ¿Una piececita así sencillita, sin elaboración? –pregunta Consuelito Velázquez como si Maricarmen de Lara y yo fuéramos a hacerle el favor.

–Claro, sería una maravilla.

Se desenrosca y con pasos inseguros se dirige al piano, jala el taburete y se cuela delgadita frente a la gran tapa negra para abrirla. Maricarmen de Lara, nueva directora del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (Cuec), quien la filmó en su salsa, se para a su lado como un poste de luz. Entonces presenciamos una transformación inesperada. Aquella mujer que hace cinco minutos pedía permiso para todo, se agiganta. Pone sus dos manos de uñas cortas, dedos delgados sobre el teclado y empieza a recorrerlo de arriba abajo con un vigor de quinceañera. Entorna los ojos, le bailan las pestañas cubiertas de rímel, se le abren los ojos, sus labios sonríen, las aletas de su nariz cobran vida, su cara se va ruborizando, vuelve a la vida; qué hermosa es, casi nos la comemos.

Escuchar a Consuelito Velázquez tocar sus propias composiciones es una experiencia inolvidable. Desde el momento en que se sienta frente al piano, la atmósfera se electrifica. Va conquistando al más renuente, la pasión en cada uno de sus arpegios, su fuerza de carácter. Sentada en la banca, mueve sus caderas de un lado a otro a ritmo de Cachito, cachito, cachito mío,/ pedazo de cielo que Dios me dio/ y recupera la coquetería. Pícara, cierra un ojo, nos sonríe segura de su encanto y levanta la nariz para cantar: Si te vienen a contar/ cositas malas de mí/ manda todos a volar/ diles que yo no fui.

Mueve los pies sobre los pedales, guarda el ritmo con el tacón, sus manos dominan el teclado, sacude la cabeza, ríe con Maricarmen de Lara y conmigo y a nosotros nos conmueve verla aletear como un pollito recién nacido.

Sumamente arreglada, cada cabello en su lugar, planchada y almidonada, lo único que no está manicurado en su persona son los fuertes dedos y las fuertes uñas con las que toca su piano y son la puritita verdad, porque del espíritu de esas manos han salido Bésame mucho, Cachito, Qué divino, Amar y vivir, Tenaz obsesión, Verdad amarga, Orgullosa y bonita, Aunque tengas razón, Será por eso, Corazón, Yo no fui, que es una canción lúdica; Te lo dije, Franqueza, Enamorado perdido, Que seas feliz, feliz, feliz..., que Lola Beltrán le asestaba a voz en cuello a Alfredo Leal y contribuía al triunfo de la cubana Olga Guillot, la reina de la radio. El crooner de México, el Samurái de la canción, Pedro Vargas también la cantaba con serenidad.

Bésame mucho consagró a Consuelo y se tradujo a más de 20 idiomas con 20 versiones distintas interpretadas por cantantes como Emilio Tuero (el primero en hacerla oír), Andy Russell, Elvis Presley, Frank Sinatra, Elton John, Plácido Domingo, Cesárea Évora, Los Beatles y Luis Miguel, entre otros más.

Bésame mucho trascendió al cine con películas mexicanas de la época, como A toda máquina, con Pedro Infante, hasta las más recientes como la cinta Grandes esperanzas, de Alfonso Cuarón, basada en la novela de Charles Dickens.

–Cuando se inauguró la XEW yo era una jovencita –dice Consuelo Velázquez moviendo su boca roja y mirándome con cierta angustia. Cuando compuse Bésame mucho yo no había dado un beso. No tenía la menor idea de lo que era.

–¿Lo intuía?

–Tampoco.

–¿Su mamá no le dijo cómo eran los besos?

–No, todos nos educamos en colegios de monjas.

–¿No serán las monjas las que más saben de besos? Mariana Alcoforado escribió las cartas de amor más delirantes. También nuestra Sor Juana es apasionadísima. ¿Besaría Sor Juana?

Consuelito se mira la punta de los dedos. Por lo visto no le gusta el tema de las monjas besuconas. Los muros de su casa en San Ángel Inn están cubiertos de monjas coronadas de la época de la Colonia, santos estofados y arcángeles de grandes alas que ya quisiera un anticuario para un día de fiesta.

Acompañada por su hijo, Mariano, Consuelito Velázquez vestida de rojo, el pelo encrespado de crepé, muy maquillada, empequeñecida por el tiempo, hizo su entrada, nos besó (pero no a lo bésame mucho), se sentó en el sofá y aguardó las preguntas encogida sobre sí misma a pesar del esplendor de sus prendas. Se acomodó la blusa, pidió disculpas y solicitó los más variados permisos. Hablaba chiquito, todo en ito, en voz casi baja cascada por la edad y salpicó sus respuestas de frases como para no quitarle su tiempo, para no aburrirle, para no hacerle el cuento largo y una media sonrisa interrogante.

Cuando nos ofreció tocarnos una piececita y se sentó frente a su teclado se transformó en una fiera y nos deslumbró.

Maricarmen de Lara (autora del documental Las que viven en Ciudad Bolero sobre las cantantes y compositoras Ema Elena Valdelamar, María Greever, Amparo Montes, las hermanas Águila, María Luisa Landín, Chavela Vargas y Paquita la del Barrio) ofreció llevarme a entrevistar a doña Consuelito Velázquez.

–¿Bésame mucho la llevó a la fama de la noche a la mañana?

–Sí, pero yo no sabía valorar lo que me sucedía. Bésame mucho se mantuvo en el primer lugar del hit parade de Estados Unidos durante años, pero yo era tan joven que ni cuenta me daba de lo que es la celebridad a pesar de que empecé a vivir en una vorágine. A Bésame mucho la cantan en el mundo entero. La cantaron Mario Lanza, Sara Montiel, Gloria Lasso, João Gilberto, Celine Dion, Luis Miguel, Caterina Valente, Ray Conniff, la orquesta de Mantovani, tantos, tantos que ya no recuerdo, millones en todos los países, millones a todas horas, es la canción mexicana más famosa del mundo.

Consuelo Velázquez se ha puesto tanto rímel que los párpados se le cierran, pero eso la hace aún más vulnerable.

–Tuve una adolescencia muy estricta; nunca me dejaron andar sola. Mi madre me acompañó a Hollywood y al verme entrar al set, Walt Disney y su equipo suspendieron la filmación para tomarse una foto conmigo. Después me invitó a comer. Soy la única mexicana retratada con él y la única que invitó a su mesa. Hubiera visto cuando llegué a Hollywood, todos querían abrazarme a lo largo de Sunset Boulevard, en todas las casas de Los Ángeles se oía Bésame mucho.

Rita Hayworth, Alan Ladd, Esther Williams, Lana Turner, Edward. G. Robinson, Orson Welles, Errol Flynn, Gregory Peck y Clark Gable pidieron retratarse conmigo.

“De niña tocaba parada porque no alcanzaba el teclado, pero reconozco que nací con oído musical porque lo que yo escuchaba se me quedaba de notita en notita hasta reconstruir la tonadita. De niña fui alumna de la Academia Serratos, la única en Zapotlán. En la secundaria ya era pianista. Nos venimos a México para seguir mi carrera y un jurado calificador me aprobó por unanimidad. Estudié música clásica durante nueve años y muy pronto toqué con gran facilidad a Bach, a Mussorgsky, a Saint-Säens, a Gershwin e interpreté varias veces el Concierto para la Mano Izquierda, de Maurice Ravel.

“La verdad, me exijo mucho. Siempre he sido dura conmigo misma. Los críticos musicales decían que era yo una gran intérprete de Débussy. Tocarlo frente a Claudio Arrau fue un acontecimiento y en la sala Manuel M. Ponce recibí el primer lugar por mi interpretación de la Sonata Appassionata de Beethoven en el curso de perfeccionamiento del mismo Arrau.

“La música me sale volando y sin ninguna dificultad, pero la letra me lleva más tiempo porque me exijo mucho. Empecé a cuidar tanto las letras que hasta ahora los críticos consideran que mis canciones son poesía pura. Gabriel Zaid me incluyó en su antología Ómnibus de poesía mexicana y Monsiváis seleccionó Amar y vivir para inaugurar una edición madrileña de 56 boleros. Ahora los compositores te repiten la misma frasecita mil veces y yo procuro que cada letra no sea una tontería. Hay una que llamé Pensarás en mí y nunca la di a conocer.

“Entré a la XEW después de recibirme de concertista. Don Pedro Maus, Emilio Azcárraga y Enrique Contel me ofrecieron un programa de música clásica diaria. Para descansar, interpretaba canciones de mi autoría y me pidieron que tocara una por radio y ese fue el principio de mi carrera. En 1941 Emilio Tuero lanzó Bésame mucho en México y Andy Russell en Estados Unidos. La canción voló por encima de los océanos y la han tocado todas las grandes orquestas del mundo, la de Morton Gould, Tommy y Jimmy Dorsey, la de Andrés Kostelanetz, el cuarteto de Dave Brubeck, la sinfónica de la Piazza de San Marcos, en Venecia.

El primer tenor que la interpretó fue Mario Lanza y ahora está grabada por Placido Domingo en inglés y en español y por José Carreras. Los Beatles la tomaron como su rúbrica musical.

Desafortunadamente, Consuelito Velázquez no recibió en vida un merecidísimo homenaje en Bellas Artes ni tocó ni cantó sobre ese escenario, como lo hizo Juan Gabriel. Su hijo y primer admirador Mariano Rivera Velázquez debe estar contento. Ahora se rinde tributo a la Consuelo de nuestros amores y desamores, pedazo de cielo que Dios nos dio y se le recuerda como la compositora que llevó el beso mexicano al pináculo de la pasión y convirtió a los latin lovers acapulqueños en expertos que saben besar, como si esta noche fuera la última vez.